¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

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¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por Català-internacionalista el Mar Ago 16, 2011 11:22 pm

Pues eso, ya hace un tiempo que me ronda por la cabeza un debate interno sobre las implicaciones de la disciplina del Partido Comunista en un Estado socialista; debate que ahora querría exteriorizar.

Me explico un poco mejor. Como sabréis, en teoría los marxistas-leninistas abogamos por la separación del "Estado socialista" (que entendemos como una herramienta al servicio de la clase obrera) y el "Partido Comunista" en el que se agrupan los elementos más conscientes e ideologizados de la sociedad.

Hasta aquí bien. Pero, como sabemos, en la práctica (y ya empezando por el primer país socialista de la historia: la URSS) Partido y Estado han acabado cruzándose, hasta llegar al punto de que en determinados países el verdadero poder ejecutivo era el Politburó del Partido y no el Politburó (u órgano correspondiente) elegido por el órgano legislativo también correspondiente.

La mezcla de Partido y Estados en la Unión Soviética tuvo numerosas implicaciones, pero una de ellas fue la extensión de la disciplina del Partido a la sociedad entera y no sólo a su militancia. Es decir: en la práctica -y especialmente a partir de las purgas de 1936- la línea teórica del Partido no debía ser defendida sólo por los militantes sino por toda la sociedad. Todas las publicaciones literarias o periodísticas se ajustaban a la línea del Partido y no podía haber disensiones sobre la línea teórica general del Estado / Partido fuera de los órganos partidistas correspondientes. Así que, por ejemplo, cuando el PCUS adopta definitivamente la política de la industrialización en su XVI Congreso, los órganos de represión DEL ESTADO (teóricamente del Estado, no del Partido, que es un ente ideológico) se ponen al servicio del Partido para asegurar la aplicación de esas líneas teóricas que nadie puede discutir entre Congreso (¡ni tan siquiera personas ajenas al Partido!) Corregidme si me equivoco.

Entonces la duda que me surge es: ¿esa confusión entre Partido y Estado, con las consiguientes limitaciones lógicas que trae, es inevitable bajo el socialismo? ¿O, por el contrario, puede evitarse? En caso afirmativo, ¿cómo evitarlo?
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por RDC el Miér Ago 17, 2011 12:01 am

Cuelgo un artículo, con el cual estoy de acuerdo, que expone una posición contraria a la separación Partido proletario-Estado proletario:

PARTIDO COMUNISTA Y DICTADURA DEL PROLETARIADO

Definir a estas alturas al Partido y a la Dictadura de clase puede parecer un retroceso en el debate, pero nos parece primordial hacerlo pues estamos totalmente en contra del argumento base utilizado por nuestros camaradas del foro ujc-m, a la hora de hablar del burocratismo:

“También está el error de la falta de separación entre el Partido y el Estado, que acabó convirtiéndose en una base fundamental para el surgimiento de una capa importante de burócratas acomodados. En Stalin y la lucha por la reforma democrática se ilustra bastante bien cómo Stalin trató de llevar a cabo esta separación entre el Partido y el Estado por medio de la Constitución Soviética de 1936, así como la derrota de Stalin en dichos intentos”

El Partido Comunista es el Partido Proletario de nuevo tipo. Representa la unión dialéctica de la vanguardia con el resto de la clase de la que el Partido forma parte y con la que está íntimamente vinculada con todas las raíces de su existencia. El Partido Comunista es la forma superior de organización de clase del proletariado, es su máximo representante, su “Estado Mayor”, una suma de organizaciones…Pero el Partido no es sólo la suma de sus organizaciones. El Partido es, al mismo tiempo, el sistema único de estas organizaciones, su fusión formal en un todo único, con organismos superiores e inferiores de dirección, con la subordinación de la minoría a la mayoría, con resoluciones prácticas, obligatorias para todos los miembros del Partido. Sin estas condiciones, el Partido no podría formar un todo único y organizado, capaz de ejercer la dirección sistemática y organizada de la lucha de la clase obrera. (3*)

El Estado, cualquier Estado, es una máquina para la represión de la clase en el poder contra el resto de clases. La clase que detenta el poder ejerce su violencia de modo sistemático contra las otras clases, para hacer prevalecer sus intereses de clase. Todo Estado tiene dos aspectos, el democrático y el dictatorial, la cuestión es saber quien goza de democracia y contra quien se ejerce la dictadura. En el caso que nos compete ahora, el “Estado” proletario, es el proletariado quien ejerce su violencia revolucionaria contra las otras clases dejando de lado los prejuicios burgueses de que en los Estados es posible que las relaciones de clase se desarrollen de modo pacífico. La Dictadura del Proletariado es el instrumento del que se dota la clase obrera para poder elevar a las masas al nivel de su vanguardia, es decir, al nivel del Partido Comunista. El Partido Comunista es la forma superior de organización, la Dictadura del Proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, el organismo en que se apoya lo mejor de la clase, el Partido, para atraer a sus posiciones al resto de la clase, para elevarla al comunismo.

Cuando el proletariado triunfa en un país e instaura su dictadura contra sus enemigos de clase, conquista la más amplia democracia conocida, la democracia proletaria. Y esta nueva democracia que surge en el proceso de destrucción del orden burgués, no puede mantener las viejas formas sino que impone unas nuevas, las de la democracia socialista. En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas estas nuevas formas adquirieron el nombre de Soviets que eran: las únicas organizaciones de masas que engloban a todos los oprimidos y explotados, a los obreros y los campesinos, a los soldados y los marinos, y que en consecuencia, permiten a la vanguardia de las masas, el proletariado, ejercer con la mayor sencillez y la mayor plenitud la dirección política de la lucha de las masas. (…) Los Soviets son organizaciones directas de las mismas masas, es decir, las organizaciones más democráticas y, por tanto, las que gozan de mayor prestigio entre las masas. Los Soviets facilitan al máximo la participación de las masas en la organización del nuevo Estado y en su gobernación y abren el máximo campo de acción a la energía revolucionaria, a la iniciativa y a la capacidad creadora de las masas en la lucha por la destrucción del antiguo orden de cosas, en la lucha por un orden de cosas nuevo, por un orden de cosas proletario. (4*)

Los Soviets como nueva forma de organización estatal se unían como Estado de nuevo tipo proletario y se estructuraban y unificaban como Repúblicas de Soviets. Lo novedoso de los Soviets es que en ellos confluían todos los poderes de clase (legislativo, ejecutivo, judicial) desde los cuales el proletariado podía ejercer directamente su violencia revolucionaria contra sus enemigos, por ello los soviets significaban la destrucción del aparato burocrático burgués: La República de los Soviets es, por lo tanto, la forma política buscada, y al fin descubierta, dentro de cuyo marco puede alcanzarse la liberación económica del proletariado, el triunfo completo del socialismo. (5*)

Tras esta breve exposición cabe preguntarse ¿Bajo la dictadura del proletariado, bajo la forma estatal soviética, cual es el lugar del Partido Comunista?

Para contestar a esto, primero debemos plantearnos cuál es nuestra visión del Estado y de la democracia, si la visión proletaria que exponíamos arriba o la visión burguesa. Porque a nosotros tras estudiar la obra de Grover Furr “Stalin y la lucha por la reforma democrática” nos asaltan las dudas al respecto y es que la obra del profesor norteamericano está recubierta de los prejuicios burgueses del concepto de democracia, de la teoría de la democracia “pura” propia de la aristocracia obrera, más que del concepto de nueva democracia, de democracia socialista. Se desprende de la obra de G. Furr que anteriormente a 1936 no había en la URSS democracia sino una dictadura. Y efectivamente las masas proletarias ejercían su violencia revolucionaria contra los kulaks, los guardias blancos, los antiguos terratenientes… pero para Furr esto no era democracia (niega el doble sentido que tiene todo Estado) y para que se diese esta se necesitaba una “reforma democrática”. Esta “reforma” consistiría en darle la oportunidad “a los ciudadanos ajenos al Partido” a acceder al Poder. Esta reforma se puede identificar con la teoría del fin de las clases sociales en la URSS y por tanto de la dictadura del proletariado que ya definimos en nuestros anteriores artículos como origen ideológico de la derrota del proletariado en la Unión Soviética. Esta teoría, que por desgracia la asumían Stalin y los suyos, la defiende el historiador Yuri Zhukov, (citado por Furr) cuando dice refiriéndose a los primeros años de los 30 que: “… los explotadores de trabajo ajeno ya no existían. Los trabajadores, que ahora dirigían el país en su propio interés a través del Partido Bolchevique, no eran ya el clásico proletariado. Por tanto, la "dictadura del proletariado" ya no era un concepto pertinente. Esas condiciones nuevas suponían un nuevo tipo de estado”. (6*)

La nueva visión del Estado que tienen los dirigentes bolcheviques está conectada con su lucha por acabar con el burocratismo. Pero ¿Cómo se pretende acabar con este burocratismo? ¡Separando al Partido proletario del Estado proletario! Una postura que nos parece un claro error ideológico en cuanto a las tareas del Partido y una concesión al revisionismo, sobre todo cuando el propio Stalin habla en “Los Fundamentos del Leninismo” de la dictadura del proletariado como apoyo del Partido para atraerse a las masas y como dirigente principal del conjunto de organizaciones del proletariado:

“… todas estas organizaciones tienen que desplegar su actividad en una misma dirección, pues sirven a una sola clase, a la clase de los proletarios. ¿Quién -cabe preguntarse- determina la línea, la orientación general que todas estas organizaciones deben seguir en su trabajo? ¿Dónde está la organización central que no sólo sea capaz, por tener la experiencia necesaria, de trazar dicha línea general, sino que, además, pueda, por tener el prestigio necesario para ello, mover a todas estas organizaciones a aplicar esa línea, con el fin de lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad de intermitencias? Esta organización es el Partido del proletariado.”(7*)

No queremos convertir nuestra carta y el debate en una mera “guerra de citas”, pero la claridad de los bolcheviques en cuanto al Partido la deja tan clara Stalin en 1924 que no podemos por menos de echar mano de ello:

El Partido no sólo es la forma superior de unión de clase de los proletarios, sino que es, al mismo tiempo, un instrumento del proletariado para la conquista de su dictadura, cuando ésta no ha sido todavía conquistada, y para la consolidación y ampliación de la dictadura, cuando ya está conquistada.(8*)

El que debilita, por poco que sea -dice Lenin-, la disciplina férrea del Partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado.(9*)

Y podríamos rellenar folios con citas muy bien traídas sobre el Partido, por eso para acabar con este “recetario” nos remitimos a “Los fundamentos del leninismo” y en particular al apartado 4 del Capítulo sobre el Partido.

Tras las citas de Stalin volvamos a Furr y a la “reforma democrática”. La reforma se basaba en 1º) “sacar al Partido Comunista de la dirección directa de la Unión Soviética” poniendo “límites de forma sustancial al papel del Partido en la vida del país” y dejando al Partido Comunista como “arma de propaganda”. Y 2º) ampliando la participación electoral a los sectores que sufrían la dictadura, que se daba por liquidada, dando la posibilidad de que los enemigos del proletariado entrasen en el aparato estatal soviético.

La idea de Furr proviene de una visión liberal de lo que debe ser un Partido político, por tanto ve al PC como un simple partido de una parte de la clase que debería estar bien separadito del Estado democrático, de “todo” el pueblo. Pero esta separación más que una lucha contra la burocracia nos parece una apertura a la burocracia. Si el Partido se separa del Estado, se puede generar con mayor facilidad una inmensa capa de técnicos, de funcionarios, de burócratas estatales, alejados del Partido, de las masas, de la dirección política del proletariado (que al fin y al cabo ya estaba llegando a su fin) y que serían los primeros interesados en un Estado per secula seculorum. Además se dejaba al Partido como una simple “arma propagandística” olvidando que es la forma superior de organización que tiene el proletariado como clase dirigente del proceso revolucionario.

La “apertura electoral” no deja de ser una relajación de la lucha de clases en favor de los enemigos de los proletarios del campo y la ciudad. Y utilizar esta apertura como al parecer quería Stalin, es decir, como un “purgatorio” o “peaje” que la Revolución ha de pagar por los errores cometidos es aún más grave. Es como si el enemigo esperase tras una muralla para entrar la ciudad y nosotros pudiendo perfectamente atacarles fuera los dejásemos entrar para luchar dentro y que puedan unirse a los que ya han entrado. Este error podría verse como un error táctico, y de hecho lo es, pero tiene su origen en las desviaciones ideológicas de los bolcheviques.

Esta crítica a la lucha contra el burocratismo, no significa que nosotros neguemos la evidencia del problema de la burocracia, que era pasto para el revisionismo en la URSS. Pero frente a esta “reforma democrática” creemos que se tendrían que haber puesto los principios del Marxismo-Leninismo. Basándose en el centralismo democrático la lucha de clases debió haberse realizado desde la base, recuperando ese “tiempo perdido durante la NEP”, llevando la ideología a las masas en su proceso de auto-emancipación para que fuesen estas las que decidiesen quienes eran unos burócratas revisionistas. Y para “decidir” en una democracia socialista no basta con el voto directo al Soviet Supremo, como si de un parlamento burgués se tratase. Para decidir y ejecutar su violencia revolucionaria los obreros de la URSS tenían los Soviets, como base del Poder Socialista. Y esta lucha de las masas no podía hacerse relajando su dictadura, con el “voto abierto al ciudadano” sino con el recrudecimiento de la guerra de clases. El ejemplo de “que hacer” ante esta situación lo podemos observar en el estudio, que la mayoría de los comunistas de hoy tenemos pendiente, de la Gran Revolución Cultural Proletaria China en la que las masas dirigieron la lucha contra sus líderes revisionistas.

La burocracia y el revisionismo no nacen de la íntima relación entre el Partido Comunista y la Dictadura del Proletariado sino por la relajación de ésta última proveniente de aquella teoría odiosa del fin de las clases en la URSS y que proviene del socialismo determinista de Kautsky.

NOTAS

3* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 114
4* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 53 y 54
5* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 56
6* Yuri Zhukov, citado por Grover Furr en “Stalin y la lucha por la reforma democrática”
7* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 117
8* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 118 y 119
9* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 122

http://espaciorojo.blogspot.com/2009/10/debate-sobre-la-union-sovietica-iv.html
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por Català-internacionalista el Miér Ago 17, 2011 12:29 am

Pero si aceptamos que las decisiones del Partido son vinculantes para toda la sociedad (resoluciones del Comité Ejecutivo, Central, documentos del Congreso) y que sólo pueden ser cuestionadas por la propia militancia, estamos diciendo que una mayoría de trabajadores queda fuera de cualquier posibilidad de discusión y decisión al no estar afiliada al Partido. ¿O no?
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por ñángara el Miér Ago 17, 2011 12:52 am

Català-internacionalista escribió:...Como sabréis, en teoría los marxistas-leninistas abogamos por la separación del "Estado socialista" (que entendemos como una herramienta al servicio de la clase obrera) y el "Partido Comunista" en el que se agrupan los elementos más conscientes e ideologizados de la sociedad.
Esta conclusión de la separación del Estado-Partido es más bien moderna, preconizada, por ejemplo, por Alexei Razlatski en su 2do Manifiesto Comunista http://www.proletarism.org/ ¿Puede dar alguna referencia de su afirmación?

Català-internacionalista escribió:Hasta aquí bien. Pero, como sabemos, en la práctica (y ya empezando por el primer país socialista de la historia: la URSS) Partido y Estado han acabado cruzándose, hasta llegar al punto de que en determinados países el verdadero poder ejecutivo era el Politburó del Partido y no ... el órgano legislativo también correspondiente.

...¿esa confusión entre Partido y Estado, con las consiguientes limitaciones lógicas que trae, es inevitable bajo el socialismo? ¿O, por el contrario, puede evitarse? En caso afirmativo, ¿cómo evitarlo?
El socialismo del siglo XXI viene reconsiderando tanto el concepto de dictadura del proletariado poco elaborado por Marx, como el de la "democracia representativa".

En realidad Marx definió la "dictadura del proletariado" como aquel período de transición en que la clase obrera se convierte en la clase dominante.

Hay que recordar que para Marx los comunistas eran simplemente integrantes del movimiento amplio de la clase trabajadora. Posteriormente Kautsky desarrollo la idea del partido de masas marxista y, finalmente, Lenin su vanguardia de revolucionarios profesionales.

En dado caso, un partido comunista triunfante tiene como tarea democrática principal entregarle el poder a la clase obrera. El problema es que la llamada democracia representativa, el concepto de democracia que más se manejaba en la época, es de por sí solo un medio para seleccionar individuos (los "mejores", más educados, o, en términos capitalistas, los más adinerados) por lo que crean solo oligocracias políticas

El socialismo del siglo XXI plantea la superación de la "democracia representativa" mediante la democracia directa de la gente auto-gobernándose y los trabajadores apoderados del destino de los medios de producir la riqueza social.




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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por Català-internacionalista el Miér Ago 17, 2011 12:57 am

Conozco los postulados del "socialismo del siglo XXI" y, aunque yo he planteado mi debate dentro de los márgenes del socialismo real (que es el único que me interesa), agradezco tu participación.

A la primera pregunta: como habrás visto por el mensaje de RDC, Stalin ya hablaba sobre la separación de Partido y Estado. No es algo reciente como tú afirmas.

Saludos.
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por ñángara el Miér Ago 17, 2011 1:04 am

Català-internacionalista escribió:Conozco los postulados del "socialismo del siglo XXI" y, aunque yo he planteado mi debate dentro de los márgenes del socialismo real (que es el único que me interesa), agradezco tu participación.

A la primera pregunta: como habrás visto por el mensaje de RDC, Stalin ya hablaba sobre la separación de Partido y Estado. No es algo reciente como tú afirmas.

Saludos.
El famoso intento de Stalin de reformar la constitución en 1936 era solo por ampliar el concepto de democracia participativa: existencia legal de otros partidos políticos y participación de la ciudadanía organizada.

El punto es quebrarle el espinazo a la democracia participativa con el concepto de democracia extrema.
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por Català-internacionalista el Miér Ago 17, 2011 1:06 am

Tú has dicho que la idea de la separación Estado-Partido era reciente y yo me he limitado a señalar que Stalin ya habló claramente de ello, por lo que no es cierto que sea reciente.
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por ñángara el Miér Ago 17, 2011 1:10 am

Català-internacionalista escribió:Tú has dicho que la idea de la separación Estado-Partido era reciente y yo me he limitado a señalar que Stalin ya habló claramente de ello, por lo que no es cierto que sea reciente.
Ok. De todas maneras, en la práctica los apparatchiki o gerentes encargados por el partido para tener el control efectivo de los medios de producción fueron los que promovieron la contra-revolución para hacerse burgueses con la ayuda del capital gringo.
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por Rodimtsev el Miér Ago 17, 2011 3:03 am

Creo que la asamblea o soviet nutre directamente al Partido como este a su vez la asamblea o soviet. Es por ello que se formó la Unión de Repúblicas Socialistas SOVIÉTICAS. Cuando se habla de separación Estado-Partido deberíamos analizar como se estaba desarrollando el papel de esa vanguardia revolucionaria y cuales eran sus aspiraciones. Me remito a la "necesidad" de ser militante del Partido para llegar a puestos de dirección, un lastre que iría englobando a tecnócratas dentro de la organización política.

El golpe de gracia a la dictadura proletaria vendría de la eliminación de los soviets (1956 creo recordar). Al ir minando la capacidad de decisiones vinculantes de las asambleas de obreros y campesinos se fundía en el Partido toda clase de arribistas y oportunistas, convirtiéndose en una organización contaminada por la "masa funcionarial". Ya no hacía falta ser un ducho agitador, un buen teórico o un militante combativo para ingresar al Partido.

Me temo que lo lógico sería una gradual capacidad de las asambleas para elegir a sus representantes del Estado con una especie de comisariado del Partido compartiendo la tarea de dirección (algo que se eliminó en el ejército, dejándolo en manos de "profesionales"), al menos durante el desarrollo del socialismo. Otro asunto sería analizar en que momentos debe ir reduciéndose el poder del Estado (cuando se consolide y desarrolle plenamente el modelo económico socialista) y cuando aumenta el mismo(causa de guerra o desastre). Lo único que se ha aprendido es que no se debe renunciar a la Lucha de Clases dentro del Partido. Es sólo mi opinión (muy dispersa por cierto). Sigo con interés vuestras apreciaciones y aportes.

Saludos.

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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por Català-internacionalista el Miér Ago 17, 2011 1:26 pm

Me interesa mucho que RDC conteste a esto.

Català-internacionalista escribió:Pero si aceptamos que las decisiones del Partido son vinculantes para toda la sociedad (resoluciones del Comité Ejecutivo, Central, documentos del Congreso) y que sólo pueden ser cuestionadas por la propia militancia, estamos diciendo que una mayoría de trabajadores queda fuera de cualquier posibilidad de discusión y decisión al no estar afiliada al Partido. ¿O no?
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por RDC el Miér Ago 17, 2011 1:47 pm

Català-internacionalista escribió:Me interesa mucho que RDC conteste a esto.

Català-internacionalista escribió:Pero si aceptamos que las decisiones del Partido son vinculantes para toda la sociedad (resoluciones del Comité Ejecutivo, Central, documentos del Congreso) y que sólo pueden ser cuestionadas por la propia militancia, estamos diciendo que una mayoría de trabajadores queda fuera de cualquier posibilidad de discusión y decisión al no estar afiliada al Partido. ¿O no?


Es un error ver al Partido Comunista como algo separado de la clase obrera, el Partido Comunista forma parte de la clase obrera, representa a la clase obrera en su totalidad, es su Estado mayor en palabras de Stalin. El Partido Comunista para que sea tal tiene que estar relacionado con las masas, la vanguardia y las masas tienen que estar fusionadas, solo así se puede hablar de Partido Comunista. Y esto significa que los miembros del Partido tienen que estar junto a los obreros formando parte de los Soviets, estando en los centros de trabajo, etc. Por ejemplo, en la URSS cuando se realizaba la lucha de líneas en el seno del PCUS sus militantes daban mítines en los centros de trabajo y luego los obreros de dichas fábricas apoyaban alguna de las diferentes posiciones enfrentadas.

Aparte de esto los obreros tenían los soviets que eran los verdaderos órganos de su poder político en los que no se puede dejar participar a contrarrevolucionarios, porque entonces perderían su función como órganos del Poder proletario. La dictadura del proletariado es democracia para la clase obrera y dictadura para la burguesía, por lo tanto los representantes de estos últimos no pueden participar en el poder político de un Estado de dictadura del proletariado.
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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

Mensaje por camaradaallende el Miér Ago 17, 2011 6:56 pm

Creo que no has entendido la pregunta del camarada Català-internacionalista, RDC, te pregunta acerca de la participación en la dirección por parte de los trabajadores no-militantes del Partido.
PD: A propósito de ésto, Lenin dedicó un capítulo a este tema en La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo:
V

EL COMUNISMO "DE IZQUIERDA" EN
ALEMANIA. JEFES, PARTIDO, CLASE, MASA

Los comunistas alemanes, de quienes debemos hablar ahora, no se llaman "izquierdistas", sino "oposición de principio", si no me equivoco. Pero que tienen todos los síntomas de la "enfermedad infantil del izquierdismo", se verá por lo que sigue.

El folleto titulado "Una escisión en el Partido Comunista de Alemania (Liga de los espartaquistas)", que refleja e] punto de vista de esta oposición y ha sido editado por el "Grupo local de Francfort del Meno", expone con sumo relieve, exactitud, claridad y concisión la esencia de los puntos de vista de esta oposición. Algunas citas serán suficientes para dar a conocer al lector dicha esencia:

"El Partido Comunista es el partido de la lucha de clases más decidida. . ."
". . . Desde el punto de vista político este período de transición" (entre el capitalismo y el socialismo) "es el período de la dictadura del proletariado. . ."
". . . Se plantea la cuestión: ¿quién debe ejercer la dicta dura, e l P a r t i d o C o m u n i s t a o l a c l a s e p r o I e t a r i a ? . . . En principio ¿debe tenderse a la dictadura

pág. 27

del Partido Comunista o a la dictadura de la clase proletaria?!!" (Las palabras subrayadas lo están también en el original).

Más adelante, el Comité Central del Partido Comunista de Alemania es acusado por el autor del folleto de buscar una coalición con el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, de que "la cuestión del reconocimiento, en principio, de todos los medios políticos " de lucha, entre ellos el parlamentarismo, ha sido planteada por este Comité Central sólo para ocultar sus intenciones verdaderas y esenciales de realizar una coalición con los independientes. Y el folleto continúa:

"La oposición ha elegido otra senda. Sostiene la opinión de que la cuestión de la hegemonía del Partido Comunista y de la dictadura del mismo no es más que una cuestión de táctica. En todo caso, la hegemonia del Partido Comunista es la forma última de toda hegemonía de partido. En principio, debe tenderse a la dictadura de la clase proletaria. Y todas las medidas del Partido, su organización, sus formas de lucha, su estrategia y su táctica deben ser adaptadas a este fin. Hay que rechazar, por consiguiente, del moclo más categórico, todo compromiso con los demás partidos, todo retorno a los métodos de lucha parlamentarios, los cuales han caducado ya histórica y políticamente, toda política de maniobra y conciliación". "Los métodos especificamente proletarios de lucha revolucionaria deben ser subrayados enérgicamente. Y para abarcar a los más amplios círculos y capas proletarias, que deben emprender la lucha revolucionaria bajo la dirección del Partido Comunista, hay que crear nuevas

pág. 28

formas de organización sobre la base más amplia y con los más amplios marcos. Este lugar de agrupamiento de todos los elementos revolucionarios es la Unión Obrera constituida sobre la base de las organizaciones de fábrica. La Unión debe agrupar a todos los obreros fieles al lema: ifuera de los sindicatos! Es ahí donde se forma el proletariado militante en las más vastas filas combativas. Para ser admitido basta el reconocimiento de la lucha de clases, el sistema de los Soviets y la dictadura. La educación política ulterior de las masas militantes y la orientación política de las mismas en la lucha es misión del Partido Comunista, que se halla fuera de la Unión Obrera. . ."
". . . Hay, por consiguiente, ahora, dos partidos comunistas, uno enfrente de otro:
"U n o, e l p a r t i d o d e l o s j e f e s, que quiere organizar y dirigir la lucha revolucionaria desde arriba aceptando los compromisos y el parlamentarismo, con el fin de crear situaciones que permitan a estos jefes entrar en un gobierno de coalición en cuyas manos se halle la dictadura.
"O t r o, e l p a r t i d o d e l a s m a s a s, que espera de abajo el impulso de la lucha revolucionaria, y no conoce ni aplica para esta lucha otro método que el que conduce claramente al fin, rechazando todos los procedimientos parlamentarios y oportunistas; ese método único es el derrocamiento incondicional de la burguesía para implantar después la dictadura de ciase del proletariado con el fin de instaurar el socialismo. . ."
". . . ¡De un lado la dictadura de los jefes, de otro la dictadura de las masas! Tal es nuestra consigna".

pág. 29

Tales son las tesis esenciales que caracterizan el punto de vista de la oposición en el Partido Comunista Alemán.

Todo bolchevique que haya contribuido conscientemente al desarrollo del bolchevismo desde 1903 o lo haya observado de cerca, no podrá menos de exclamar, inmediatamente después de haber leído estos razonamientos: "¡Qué antiguallas tan conocidas! ¡Qué infantilismo de 'izquierda'!"

Pero examinemos más de cerca estos razonamientos.

El solo hecho de preguntar: "¿dictadura del partido o b i e n dictadura de clase?, ¿dictadura (partido) de los jefes o b i e n dictadura (partido) de las masas?" acredita la más increíble e irremediable confusión de ideas. Hay gentes que se esfuerzan por inventar algo enteramente original y no consiguen más, en su afán de sabiduría, que caer en el ridículo. De todos es sabido que las masas se dividen en clases, que oponer las masas a las clases no puede permitirse más que en un sentido, si se opone una mayoría aplastante, en su totalidad, sin distinguirse las posiciones ocupadas con relación al régimen social de la producción, a categorías que ocupan una posición especial en este régimen; que las clases están generalmente, en la mayoría de los casos, por lo menos en los países civilizados modernos, dirigidas por partidos políticos; que los partidos políticos están dirigidos, por regla general, por grupos más o menos estables de las personas más autorizadas, influyentes, expertas, elegidas para los cargos más responsables y que se llaman jefes. Todo esto es el abecé, todo esto es sencillo y claro. ¿Qué necesidad había de poner en su lugar no sé qué galimatías, no sé qué nuevo "volapuk"[9]? Por un lado, estas gentes, por lo visto, se han desorientado, cayendo en una situación difícil, cuando la sucesión rápida de la vida legal e ilegal del partido altera las

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relaciones ordinarias, normales y simples entre los jefes, los partidos y las clases. En Alemania, como en los demás países europeos, se está excesivamente habituado a la legalidad, a la elección libre y regular de los "jefes" por los congresos reglamentarios del Partido, a la comprobación cómoda de la composición de clase de este último por medio de elecciones al parlamento, los mítines, la prensa, el estado de espíritu de los sindicatos y otras asociaciones, etc. Cuando ha sido preciso, en virtud de la marcha borrascosa de la revolución y el desenvolvimiento de la guerra civil, pasar rápidamente de esta rutina a la sucesión, a la combinación de la legalidad y la ilegalidad, a los procedimientos "poco cómodos", "no democráticos", para designar, formar o conservar los "grupos de dirigentes", la gente ha perdido la cabeza y ha empezado a inventar un monstruoso absurdo. Por lo visto, los "tribunistas" holandeses[10], que han tenido la desgracia de nacer en un país pequeño con una tradición de situación legal privilegiada y particularmente estable y que jamás han visto la sucesión de las situaciones legales e ilegales, se han embrollado y han perdido la cabeza, favoreciendo las invenciones más absurdas.

Por otra parte, salta a la vista el uso irreflexivo y arbitrario de algunas palabras "de moda" en nuestra época, como "la masa", "los jefes". La gente ha oído muchos ataques contra los "jefes" y se los ha aprendido de memoria, ha oido cómo les oponian a la "masa", pero no se ha tomado el trabajo de reflexionar acerca del sentido de todo esto.

Al final de la guerra imperialista y después de ella, es cuando con más vivacidad y relieve se ha manifestado el divorcio entre "los jefes" y "la masa" en todos los países. La causa principal de este fenómeno ha sido explicada mu-

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chas veces por Marx y Engels, de 1852 a 1892, tomando el ejemplo de Inglaterra. La situación monopolista de dicho país dio origen al nacimiento de una "aristocracia obrera" oportunista, semipequeñoburguesa, salida de la "masa". Los jefes de esta aristocracia obrera se pasaban constantemente al campo de la burguesia y eran mantenidos por ella directa o indirectamente. Marx mereció el odio, que le honra, de estos canallas, porque les tildó públicamente de traidores. El imperialismo moderno (del siglo XX) ha creado también en favor de algunos países adelantados una situación privilegiada, monopolista, y sobre este terreno ha surgido en todas partes, dentro de la II Internacional, ese tipo de jefestraidores, oportunistas, socialchovinistas, que defienden los intereses de su corporación, de su reducida capa de aristocracia obrera. Estos partidos oportunistas se han separado de las "masas", es decir, de los sectores más vastos de trabajadores, de la mayoría de los mismos, de los obreros peor retribuidos. La victoria del proletariado revolucionario es imposible si no se lucha contra semejante mal, si no se desenmascara, si no se afrenta, si no se expulsa a los jefes oportunistas socialtraidores; tal es la política que ha llevado a la práctica la III Internacional.

Pero llegar con este pretexto a contraponer, e n t é r m i n o s g e n e r a l e s, la dictadura de las masas a la dictadura de los jefes, es un absurdo ridículo y una imbecilidad. Lo más divertido es que, de hecho, en el lugar de los antiguos jefes que se atenian a las ideas comunes sobre las cosas simples, se destacan (encubriéndolo con la consigna de "abajo los jefes") jefes nuevos que dicen tonterias y disparates que escapan a todo calificativo. Tales son, en Alemania: Laufenberg, Wolf Heim, Horner[11], Karl Schroder, Friedrich

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Wendell, Karl Erler[*]. Las tentativas de este último para "profundizar" la cuestión y proclamar de un modo general la inutilidad y el "burguesismo" de los partidos políticos son tales columnas de Hércules de la estupidez, que le dejan a uno patidifuso. Cuán cierto es que de un pequeño error se puede siempre hacer uno monstruosamente grande, si se insiste sobre él, si se profundiza para encontrarle razones y si se quiere "llevarlo hasta las últimas consecuencias".

Negar la necesidad del partido y de la disciplina del partido, he aquí el resultado a que ha llegado la oposición. Y esto equivale a desarmar completamente al proletariado en provecho de la burguesía. Esto da por resultado los vicios pequeñoburgueses: dispersión, inconstancia, falta de capacidad para el dominio de sí mismo, para la unión de los esfuerzos, para la acción organizada que producen inevitablemente, si se es indulgente con ellos, la ruina de todo movimiento revolucionario del proletariado. Negar, desde el punto de vista comunista, la necesidad del partido, es dar un salto desde la víspera de la quiebra del capitalismo (en Alemania), no hasta la fase inferior o media, sino hasta la fase superior
* En el Diario Obrero Comunista [12] (N.ƒ 32, Hamburgo, 7 de febrero de 1920), Karl Erler dice en un artículo titulado La disolución del Partido : "La dase obrera no puede destruir el Estado burgués sin aniquilar la democracia burguesa, y no puede aniquilar la democracia burguesa sin destruir los partidos".
Las cabezas más confusas de los sindicalistas y anarquistas latinos pueden sentirse "satisfechas": algunos alemanes de peso que, por lo visto, se consideran marxistas (con sus artículos en el citado periódico, K. Erler y K. Horner demuestran con aplomo que se consideran marxistas sólidos, aunque dicen de un modo singularmente ridículo tonterías inverosímiles, manifestando así no comprender el abecé del marxismo) llegan a afirmar cosas absurdas por completo. El reconocimiento del marxismo no preserva por sí solo de los errores. Los rusos saben bien esto, porque el marxismo ha estado "de moda" con harta frecuencia en nuestro país.

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del comunismo. En Rusia (tres anos después de haber derribado a la burguesía) estamos dando todavía los primeros pasos desde el capitalismo al socialismo, o fase inferior del comunismo. Las clases han quedado y subsistirán en todas partes durante años después de la conquista del Poder por el proletariado. Es posible que en Inglaterra, donde no hay campesinos (¡aunque, en cambio, no faltan los pequeños patronos!) este plazo sea más breve. Suprimir las clases no consiste únicamente en expulsar a los terratenientes y a los capitalistas -- esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad --, sino también en suprimir los pequeños productores de mercancías. Pero a éstos e s i m p o s i b I e e x p u l s a r l o s, es imposible aplastarlos; hay que entenderse con ellos, se les puede (y se les debe) transformar, reeducar tan sólo mediante una labor de organización muy larga, lenta y cautelosa. Estos pequeños productores cercan al proletariado por todas partes del elemento pequeñoburgués, lo impregnan de este elemento, lo desmoralizan con él, provocan constantemente en el seno del proletariado recaídas de pusilanimidad pequeñoburguesa, de atomización, de individualismo, de oscilaciones entre la exaltación y el abatimiento. Son necesarias una centralización y una disciplina ¢everísimas en el partido político del proletariado para hacer frente a eso, para permitir que el proletariado ejerza acertada, eficaz y victoriosamente su función organizadora (que es su función principal -- ). La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres, es la fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un partido que goce de la confianza de todo lo que haya de

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honrado dentro de la clase, sin un partido que sepa pulsar el estado de espíritu de las masas e influir sobre él, es imposible llevar a cabo con éxito esta lucha. Es mil veces más fácil vencer a la gran burguesía centralizada, que "vencer" a millones y millones de pequeños patronos, estos últimos, con su actividad corruptora invisible, inaprehensible, de todos los días, producen los mismos resultados que la burguesía necesita, que determinan la restauración de la misma. El que debilita, por poco que sea, la disciplina férrea del partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura) ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado.

Al lado de la cuestión sobre los jefes, el partido, la clase, la masa, hay que plantear la cuestión sobre los sindicatos "reaccionarios". Pero antes me permitiré hacer, a modo de conclusión, algunas advertencias fundadas en la experiencia de nuestro Partido. En éste siempre han existido los ataques contra la "dictadura de los jefes". La primera vez, que yo recuerde, fue en 1895, época en que nuestro Partido no existía aún formalmente, pero en que ya empezaba a constituirse en Petersburgo el grupo central que debía hacerse cargo de la dirección de los grupos regionales. En el IX Congreso de nuestro Partido (en abril de 1920), hubo una pequeña oposición, que se declaró asimismo contra la "dictadura de los jefes", la "oligarquía", etc. No hay, pues, nada de sorprendente, nada nuevo, nada alarmante en la "enfermedad infantil" del "comunismo de izquierda" de los alemanes. Esta enfermedad transcurre sin consecuencias y hasta, una vez pasada, deja más vigoroso el organismo. Por otra parte, la rápida sucesión del trabajo legal e ilegal, con la necesidad de "ocultar", de rodear sobre todo de secreto precisamente al Estado Mayor, a los jefes, motivó, en nuestro país, fenómenos profundamente peligrosos. El peor fue la entrada en

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el Comité Central de los bolcheviques, en 1912, de un agente provocador, Malinovski. Este causó la pérdida de decenas y decenas de los más excelentes y abnegados camaradas, llevándoles a los trabajos forzados y acelerando la muerte de muchos de ellos. Si no causó más daño fue porque habíamos establecido adecuadamente la relación entre el trabajo legal y el ilegal. Para ganar nuestra confianza, Malinovski, como miembro del Comité Central del Partido y diputado en la Duma, tuvo que ayudarnos a organizar la publicación de periódicos diarios legales, que supieron, aun bajo el zarismo, llevar a cabo la lucha contra el oportunismo de los mencheviques y predicar los principios fundamentales del bolchevismo, con el necesario disimulo. Con una mano Malinovski mandaba al presidio y a la muerte a decenas de los mejores combatientes del bolchevismo, pero con la otra se veía obligado a contribuir a la educación de decenas y decenas de millares de nuevos bolcheviques por medio de la prensa legal. Este es un hecho en el que deberían reflexionar detenidamente los camaraclas alemanes (y también los ingleses, los americanos, los franceses y los italianos), ante los cuales se presenta el problema de aprender a realizar una labor revolucionaria en los sindicatos reaccionarios*.
* Malinovski estuvo prisionero en Alemania. Cuando regresó a Rusia, ya bajo el gobierno bolchevique, fue inmediatamente entregado a los tribunales y fusilado por nuestros obreros. Los mencheviques nos han reprochado con especial acritud nuestro error, consistente en haber tenido un provocador en el Comité Central de nuestro Partido Pero cuando bajo Kerenski exigimos que fuera detenido y juzgado el Presidente de la Duma, Rodzianko, que desde antes de la guerra sabía que Malinovski era un provocador y no lo había comunicado a los diputados de los grupos de "trudoviques" [laboristas] y obreros en la Duma, ni los mencheviques ni los socialrevolucionarios, que formaban parte del gobierno junto con Kerenski, apoyaron nuestra demanda, y Rodzianko quedó en libertad y pudo largarse libremente a la zona ocupada por Denikin.

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En muchos países, incluso en los más adelantados, la burguesía, sin duda alguna, envía y seguirá enviando provocadores a los partidos comunistas. Uno de los medios de luchar contra este peligro, es el de saber combinar como es debido el trabajo ilegal con el legal.

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Re: ¿Qué implica la disciplina del Partido en un Estado socialista?

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