¿Satélite o Misil?

Comparte
avatar
Pyongyang
Revolucionario/a
Revolucionario/a

Cantidad de envíos : 638
Reputación : 1084
Fecha de inscripción : 27/01/2010
Edad : 29

¿Satélite o Misil?

Mensaje por Pyongyang el Miér Ene 27, 2010 8:40 pm

El 31 de agosto de 1998, Corea del Norte sorprende al mundo lanzando un objeto volador a larga distancia. Inmediatamente, surgió un debate: ¿satélite o misil? En realidad, esa distinción tenía poca importancia en Occidente, ya que lo que verdaderamente preocupaba era el hecho de que uno de los últimos bastiones del anti-imperialismo y del socialismo, tuviese la capacidad de llegar con sus cohetes a miles de kilómetros de distancia. La guerra fría, que se creía olvidada, resucitaba en Corea.

Casi 11 años después, estamos viviendo una repetición casi idéntica de los acontecimientos de entonces. Hay una pequeña diferencia, que es algo más que un matiz: ahora, se sabe con seguridad que Corea del Norte posee armas nucleares.

Pero en realidad, esta es una historia que comienza hace casi 70 años, en Alemania, cuando en pleno apogeo militar, los nazis disparan el primer misil balístico de la historia. 15 años y un día después, la Unión Soviética utiliza la misma tecnología para poner en órbita el primer satélite artificial de la historia: el Sputnik. ¿Satélite o misil? Con la misma tecnología se accede a ambas posibilidades. En cualquier caso, no pretendo hacer una metáfora de cómo distintos regímenes utilizan la tecnología. De hecho, entre los países que han puesto satélites en órbita por sus propios medios, hay grandes diferencias: desde los Estados Unidos capitalistas a la China de Mao, pasando por el régimen sionista de Israel o la teocracia islámica de Irán.

Hasta hoy, 10 países han sido capaces de poner en órbita sus propios satélites artificiales, entre los cuales se encuentra la pequeña Norcorea. Quitando a esta última, el resto de países tienen al menos una cosa en común: nunca su programa espacial ha sido examinado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. ¿Por qué entonces Japón y Estados Unidos amenazan con llevar el de Corea del Norte ante el Consejo de Seguridad?

En este artículo voy a intentar esclarecer el contexto en el que se da este conflicto y también profundizar más en la geoestrategia de cada uno de los países involucrados.


Mirando atrás en la historia: ¿Qué pasó en 1998?

1998 es un año con sabor agridulce en la memoria de los norcoreanos. En septiembre se celebró el 50 aniversario de la República Popular Democrática y, además, por primera vez durante la “Marcha Ardua” (crisis) se consiguió estabilizar la economía. A pesar de ello, la alimentación era austera, la electricidad intermitente y el recuerdo de los peores momentos de los 90 aún estaban muy presentes.

Pero 1998 fue el comienzo de una década de recuperación económica. Tras haber sido abandonados a su suerte por sus antiguos aliados, Corea no tuvo más remedio que apelar al compromiso de su pueblo revolucionario. Y este, respondió. “¡Vivimos para el futuro, no únicamente para hoy!”, decían los murales de las calles de todo el país. El sudor y la conciencia ideológica fueron las armas de construcción masiva que Corea utilizó en esta titánica batalla.

Y en este contexto de emulación colectiva, llegó el 31 de agosto. De la costa oriental del país, despegó un cohete balístico de largo alcance, que colocó un satélite en órbita: el Kwangmyongsong No. 1 (Estrella Brillante).

Occidente no tardó en iniciar la guerra mediática. La primera respuesta vino por parte de Japón. Su reacción fue negar la posibilidad de que Corea del Norte hubiese puesto en órbita un satélite. “¿Ha sido un ataque con misiles por parte de Corea del Norte? ¡Nunca toleraremos una amenaza militar contra Japón!” En el mismo sentido se pronunció el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Un representante del mismo dijo “Suena estúpido, no hay por qué prestarle atención.”

Sin embargo, 4 días después, las autoridades rusas y chinas confirmaron que se había lanzado un satélite. Mirov, vice-presidente de la Asociación Espacial Rusa, declaró a ITAR-tass (agencia de noticias rusa): “Confirmamos que Corea del Norte ha puesto su primer satélite artificial en órbita terrestre. Ahora mismo, tiene una órbita elíptica, -218'82 km en su punto más cercano y 6978'2 km en su punto más lejano, completando un ciclo cada 165 minutos y 6 segundos. La tecnología del propio cohete es muy avanzada e increible”.

Esta declaración es muy importante. Sólo hay dos países que tienen un sistema efectivo de control de satélites: Rusia y Estados Unidos. En 1998 había en órbita 2,528 satélites y 6,204 restos de cohetes. Por lo tanto, sólo Rusia o Estados Unidos podían confirmar la veracidad del lanzamiento del cohete.

Al no poder negar el hecho de que Corea del Norte hubiera puesto en órbita un satélite artificial, Corea del Sur y Estados Unidos iniciaron una nueva línea argumentativa. De esta forma, el ministro surcoreano de Astuntos Exteriores, en su enésima visita de pleitesía a la capital del Imperio, declaró que con un nuevo tipo de cohete, Corea del Norte había tratado de poner un satélite en órbita. Sin embargo, este intento habría resultado fallido.

En la misma línea, la CIA confirmó que la intentona norcoreana había sido un fracaso y la NASA, aún admitiendo la existencia del satélite, dijo que este no funcionaba. El gobierno yanki, y su marioneta surcoreana, repitieron esta versión el 17 de septiembre.

Finalmente, el asunto llegó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En una declaración delirante, el Consejo de Seguridad dijo que “todo país tiene el derecho legítimo de usar el espacio para fines pacíficos”, pero que en el caso concreto de Corea del Norte, ésta debía tener “auto-contención”.

Por tanto, la versión occidental fue que Corea del Norte había intentado poner un satélite en órbita, sin éxito. Esta explicación auto-complaciente sirvió para tranquilizar a la opinión pública por el momento. Sin embargo, con el tiempo, la versión occidental se ha ido modificando. Actualmente, se habla de que Corea del Norte lanzó un misil de largo alcance y, de vez en cuando, se añade la coletilla de que Corea alegó que fue un satélite. Prensa “libre” en su plena esencia. Libre, por supuesto, de control democrático.


¿Qué significó el lanzamiento del satélite de 1998?

En primer lugar, el satélite de 1998 fue un golpe propagandístico muy fuerte. Fue un bofetón al imperialismo, que hablaba entonces del fin de la historia. Corea, el “arruinado régimen estalinista” estaba, de acuerdo a la prensa occidental, hundido en hambrunas, penuria económica, retraso científico,... etc Y sin embargo, se convertía en el noveno país del mundo en poner por sus propios medios un satélite en el espacio.

Un satélite tiene múltiples usos. Puede servir para fines metereológicos (asunto de importancia en Corea, debido a la compleja situación de su agricultura), para fines comerciales, para fines militares,... etc Por lo tanto, en un contexto de recuperación económica, la carrera espacial le puede reportar a Corea muchos beneficios.

Por otro lado, el satélite de 1998 fue un shock para las relaciones internacionales del momento. En 1994, Corea del Norte sufrió un bloqueo total por parte del imperialismo. Si bien en 1998 la situación había cambiado, la estrategia de aislar a Corea seguía vigente. Desde Occidente, se consideraba que Corea del Norte estaba herida de muerte y que la penuria económica provocaría, antes o después, el colapso del socialismo. Por eso, era innecesario cualquier tipo de realpolitik: lo mejor era acelerar la caída del “régimen”.

En 1998, Corea demostró que seguía viva y dispuesta a dar batalla. Más aún, la estrategia de aislar a Pyongyang se volvió contra Occidente, por lo siguiente: una vez demostrado que Corea había lanzado un satélite al espacio, Japón, Estados Unidos y Corea del Sur no tenían pretextos para descargar su ira contra Pyongyang. Para mantener su queja, Japón ideó algo nuevo: Corea del Norte no había avisado con antelación de que un cohete sobrevolaría su territorio. Sin embargo, Corea no tenía ningún mecanismo para avisar a Japón, ya que este no reconoce la existencia y legitimidad de Corea del Norte. En cambio, Corea sí notificó a China y a Rusia, que sí reconocen a Pyongyang. El tiro salió por la culata, con la estrategia de aislamiento.

Kim Kye Gwan declaró entonces: "No podemos saber el momento exacto por ahora, pero aseguro que en el futuro, un segundo satélite artificial será puesto en órbita. Avisaremos con antelación a nuestros aliados, pero no a los países con los que estamos legalmente en guerra.”

2009: ¿Puede Corea poner un satélite en órbita?

En 1998, Corea del Norte puso en órbita su primer satélite; por lo tanto, tecnológicamente, es obvio que puede repetir su hazaña en 2009. Ahora, de todas maneras, su tecnología es más avanzada, tanto en los sistemas de lanzamiento como en el satélite que proyecta enviar al espacio.

Creo que debemos pararnos un momento a examinar el mérito que supone para un país pequeño como Corea desarrollar con sus propios medios todo el proceso de puesta en órbita de un satélite. Incluso países como Estados Unidos, para su programa espacial, cuentan con tecnología adquirida en el extranjero. Los norteamericanos, por ejemplo, utilizan parcialmente tecnología sueca. Sin embargo, Corea del Norte utiliza al 100% tecnología propia.

Se ha comentado la posibilidad de que una delegación iraní esté presente durante el lanzamiento del satélite. Este rumor se ha interpretado en Occidente como si Irán ayudase a Corea a poner el satélite en órbita. En realidad, es justamente al revés. Corea lleva años exportando tecnología de cohetes a Teherán. De hecho, los misiles norcoreanos Rodong son una de las principales armas en el arsenal persa. Irán, a cambio, provee a Corea del Norte alrededor del 40% del petróleo que ésta consume.

En cuanto a la efectividad de la tecnología norcoreana, puedo añadir que en Occidente existe el rumor de que Corea abortó el lanzamiento de un satélite en 2006, pero este presunto fracaso no se ha llegado a confirmar nunca.

En cualquier caso, parece fuera de toda duda la posibilidad de que Corea ponga en órbita satélites. Ahora bien, ¿es legal que Corea del Norte lo haga?

Según las Naciones Unidas, todo país tiene pleno derecho al uso del espacio para fines pacíficos. De hecho, nunca se ha cuestionado el programa espacial de ningún país, a excepción del de Corea. Incluso en el caso de que no fuese un satélite, sino un misil, muchos países han probado misiles de largo alcance en los últimos años, incluidos países armados con cabezas nucleares, como Israel, India o Pakistán.

Existe un tratado internacional de Control y Regulación de la Tecnología de Misiles (MTCR en sus siglas en inglés), pero este tratado sólo compromete a aquellos países que lo han firmado. Sólo 16 países lo han hecho, entre los que no se encuentra Corea. Corea, por lo tanto, no incumple este tratado. Estados Unidos, en cambio, sí lo ha firmado, pero lo incumple de forma sistemática, ya que es el mayor exportador mundial de esta tecnología.

Tanto el derecho internacional a usar pacíficamente el espacio, como no haber firmado el MTCR, hacen legítimo que Corea ponga en órbita un satélite. Sin embargo, legítimo no es sinónimo de legal. Legalmente, Corea del Norte no puede enviar un satélite, ya que se lo impide la resolución 1718 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Esta resolución fue adoptada en octubre de 2006 y es una resolución ad hoc, es decir, diseñada específicamente contra Corea del Norte. Bajo esta resolución, cualquier país del mundo puede utilizar tecnología de cohetes y nuclear, salvo Corea del Norte. Es una extensión de la idea que ya se pronunció en 1998 de que, aunque Corea del Norte tiene derecho a tener una carrera espacial, debe “auto-contenerse”. Esta resolución es claramente ilegítima, aunque legal. Da idea de la parcialidad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Corea del Norte considera que atenta contra su soberanía y no la reconoce. Pero, según las normas de las Naciones Unidas, las resoluciones del Consejo de Seguridad son obligatorias.

Es probable, por tanto, que una vez que Corea del Norte ponga su segundo satélite en órbita, sea injustamente sancionado por las Naciones Unidas. Desde luego, eso no les detendrá.


¿Por qué quiere poner Corea del Norte un satélite en órbita y por qué quiere hacerlo ahora?

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea ha señalado, en numerosas ocasiones, que el país pretende poner en órbita un satélite experimental de comunicaciones. ¿Podemos confirmarlo? En mi opinión, sí.

Corea lleva años construyendo una nueva red de telecomunicaciones dentro del país. Para ello, ha comprado al gigante egipcio de las comunicaciones, la corporación Orascom, tecnología punta: el sistema 3G. Desde hace meses, se lleva instalando una red interna de 3G y, a partir de enero de 2009, se lanzó el sistema norcoreano de telefonía móvil.

Por lo tanto, no creo que el lanzamiento de un satélite de comunicaciones en este momento sea casual, sino que responde al desarrollo tecnológico del país. Además, en Corea siempre han intentado evitar depender de potencias extranjeras y, en este sentido, es lógico la pretensión de basar su sistema de telecomunicaciones en un satélite propio.


¿La puesta en órbita del satélite entraña algún riesgo para las países vecinos?

Directamente, no supone ningún problema. China, Japón y Rusia tienen sus propios satélites. El desarrollo de tecnología de telecomunicaciones no es peligrosa para los países vecinos, al margen de que a muchos de estos países no les guste que Corea del Norte se desarrolle. En cualquier caso, creo que esto es totalmente secundario en el conflicto actual.

Los verdaderos motivos son de geoestrategia. Actualmente, en Asia se están reequilibrando las áreas de influencia y hay una pugna por ser la potencia dominante. En este sentido, Estados Unidos es una potencia en declive, ya que su tradicional área de influencia en Corea del Sur, Japón y Taiwán se ve amenazada ahora con el crecimiento de China. Estados Unidos ha tratado de penetrar en Asia Central, tanto con la invasión de Afganistán como con la apertura de bases militares en Uzbekistán y otros países. Pero Uzbekistán ha vuelto a refugiarse bajo las faldas de la Madre Patria rusa, tras el intento norteamericano de “revolución naranja” en diciembre de 2007. Con Afganistán fuera de control, Taiwán con un menguante papel internacional y Japón reclamando mayor estátus como potencia, a Estados Unidos sólo le queda Corea del Sur como verdadero aliado continental.

De ahí, la importancia de exagerar la “amenaza norcoreana”, lo que legitima la presencia de cerca de 30'000 soldados yankis en Surcorea. Pero además, Corea del Norte tiene un poder militar real y es un símbolo de resistencia heroica de un pueblo contra el imperialismo norteamericano. No hay a día de hoy ningún otro pueblo que resista con el 50% del territorio nacional ocupado por el imperialismo y que haya conseguido establecer un sistema socialista institucionalizado.

¿Y, realmente supone el satélite una amenaza militar? En sí mismo, el satélite no significa ninguna amenaza. En cambio, sí es una posible amenaza el cohete que transporta ese satélite. El cohete puede transportar indistintamente una cabeza nuclear o un satélite. Corea del Norte, poniendo en órbita este satélite, demuestra que puede llegar a miles de kilómetros de distancia y que, en caso de guerra, podrá responder a cualquier amenaza. Eso es lo que le quita el sueño al imperialismo.

Vamos a ver qué papel juega cada uno de los actores de esta crisis.


Corea del Sur: la vuelta a la confrontación

En la prensa burguesa, es muy frecuente la comparación maniquea entre un norte “totalitario” y un sur “democrático”. En realidad, Corea del Sur puede ser ejemplo de muchas cosas, pero no de democracia. Incluso hablando en términos de derecho burgués, Corea del Sur tiene déficits democráticos abismales, de los cuales, el más vergonzoso es la Ley de Seguridad Nacional, que castiga hasta con la pena de muerte los actos anti-nacionales. Paradójicamente, anti-nacional no se refiere al tradicional servilismo hacia Estados Unidos o Japón, sino cualquier tipo de actividad que pueda favorecer a sus hermanos del norte o a posiciones comunistas.

Esta Ley, en la actualidad, se utiliza para fines variopintos: encarcelar a profesores universitarios, censurar páginas web, prohibir prensa y libros de izquierda en el ejército y otros ámbitos oficiales (por ejemplo, a Noam Chomsky), no permitir el contacto con familiares en Corea del Norte,... etc

Históricamente, Corea del Sur tampoco tiene trayectoria democrática, salvo breves paréntesis entre los regímenes dictatoriales. El Gran Partido Nacional, de tendencia derechista radical, fue el partido único durante las dictaduras y a día de hoy es el partido en el poder, tras una década de gobierno de centro izquierda. Su líder, Lee Myong Bak, es algo así como el Uribe surcoreano y su proyecto político es convertir Corea en el Israel del Lejano Oriente. Desde su investidura en diciembre de 2007, Lee Myong Bak ha roto la mayoría de acuerdos firmados por sus predecesores para la reconciliación con Corea del Norte.

De hecho, su política ha caído en la provocación fácil a Corea del Norte (ejemplo de ello es la campaña de propaganda anti-comunista en la frontera, llevada a cabo por las bases de su partido). No sólo eso, sino que tras pocos meses de haber sido elegido, su popularidad está bajo mínimos. Una de la razones son la cancelación del impopular y colosal proyecto insignia de su campaña electoral: la unión de todos los ríos de Corea del Sur a través de canales. Esto, unido a la brutal represión de las manifestaciones contra la importación de la carne norteamericana de res, sospechosa de contener la enfermedad de las vacas locas, le ha llevado a una situación límite. En este escenario, la confrontación con Corea del Norte es la única vía para cohesionar a las bases del Gran Partido Nacional: los sectores más radicales de la derecha fascista.

Especialmente, en los últimos meses, hay un hecho que ha colmado la paciencia de Corea del Norte. Son los ensayo de guerra contra el norte que Estados Unidos y Corea del Sur han llevado a cabo durante los primeros meses del 2009.

En resumen, Lee es el candidato de Washington, el representante de la burguesía especulativa transnacional y de los monopolios nacionales. En este sentido, a Lee le interesa perpetuar los rasgos más neo-coloniales de Corea del Sur. Ejemplo de ello es que ha cancelado algunos de los acuerdos de sus precedesores dirigidos hacia más autonomía respecto a la metrópolis, como el acuerdo para que en tiempos de paz, el ejército surcoreano tuviese su comandancia general en Seúl y no en Washington, como sucede actualmente. Además, ha firmado Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y, recientemente, con la Unión Europea.

De escasa popularidad, su futuro político está ligado a la presencia norteamericana en Corea. Esto sólo es posible a través de la confrontación permanente con Corea del Norte. Por eso, es de esperar que durante los próximos años se reproduzcan estos conflictos contantemente.


Japón: quiero y no puedo.

Japón es una potencia regional en ascenso. Lleva desde el fin de la Guerra Fría proyectándose como futuro contrapeso a China. Ejemplos de ello son el aumento del gasto militar, la intervención en Irak y las incesantes maniobras de sus diplomáticos para conseguir un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin embargo, ninguna de estas iniciativas están teniendo el éxito esperado por el gobierno japonés.

De hecho, Japón es, sin lugar a dudas, una ficha más del puzzle norteamericano. Pero a diferencia de Corea del Sur, lo es muy a su pesar. Japón quiere ser potencia y ni puede ni le dejan. Las relaciones con Corea del Norte son un claro ejemplo de esa dependencia de Estados Unidos. De hecho, Japón tiene una postura contra Corea del Norte más radical que Estados Unidos. Sin embargo, las peticiones de Japón (especialmente, el tema de los secuestros) son ignoradas por Estados Unidos cuando llegan los momentos decisivos.

Otro ejemplo de ello es cómo Japón se ha quedado sólo defendiendo el derribo del cohete. Estados Unidos amenazó veladamente con derribarlo, pero tuvo la cautela de esperar y comprobar que Corea del Norte iba en serio. Entonces, se retractó y Hillary Clinton asumió el discurso de la solución diplomática y, en caso de que no se diese, sanciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Mientras tanto, Japón, que había hecho un despliegue muy mediático de sus flamantes baterías anti-aéreas, ha tenido que retirar discretamente sus amenazas iniciales. Ante la posibilidad de hacer el ridículo, han “dicho digo, donde dije Diego” y ahora resulta que derribarán únicamentelos los restos del misil si cayesen por accidente en territorio japonés. ¡De risa!

El camino de Japón hacia un status de gran potencia es un callejón sin salida. Para adquirir ese status, necesitan autonomía. Un paso necesario para ganar autonomía es deshacerse de la actual constitución, tarea difícil por la fuerza mediática del lobby estadounidense. En la práctica, los principios pacifistas de su constitución han sido sistemáticamente violados. Japón cuenta hoy con un moderno y numeroso ejército, llamado eufemísticamente “Fuerzas de Auto-defensa”. Pero para poder utilizar el ejército como fuerza autónoma, necesita cambiar la Constitución y eso es imposible sin romper la dependencia hacia Estados Unidos.

Pero para justificar un paso en ese sentido, es decir, para erigirse en potencia militar, Japón necesita una causa que lo legitime: un enemigo. Los candidatos están claros: China, Corea del Norte y Rusia, por este orden. Sin embargo, hay un problema: esos son, precisamente, los enemigos reales y potenciales de Estados Unidos. Ante un conflicto real con estos países, Japón necesita a Estados Unidos. Con lo cual, no ganaría, sino que perdería autonomía. Por eso, el objetivo de Japón de ser una gran potencia es difícil junto a Estados Unidos, pero imposible sin ellos.

En esta búsqueda del enemigo, Corea del Norte es un candidato mediáticamente convincente. De ahí que la prensa japonesa se cebe con ella. Además, hay toda una serie de conflictos sin resolver entre ambos países: la deuda histórica de Japón con Corea por los destrozos de la guerra, la represión sistemática contra la comunidad de coreanos residentes en Japón (muy vinculados a Pyongyang), los secuestros de 15 ciudadanos japoneses por parte de Corea del Norte,... etc

Por parte japonesa, sólo podemos esperar más confrontación y más despliegues públicos de fuerza.


Estados Unidos: El status quo

Estados Unidos puso su pie en Asia hace 60 años y, desde entonces, lleva luchando por no perder el territorio ganado. Estos últimos 60 años son la historia del gradual repliegue de Estados Unidos: de Indochina, tras la Guerra de Vietnam; menor presencia en Filipinas e Indonesia, tras la caída de sus dictaduras; ascenso gradual de Japón,... etc

Por lo tanto, lo que a Estados Unidos le interesa es no perder más terreno, es decir, que nada cambie. En Asia, Estados Unidos no es una potencia en crecimiento, sino en declive. Sobre todo, en la medida en que la influencia de China aumenta. En términos geopolíticos, Estados Unidos es la potencia marítima de Asia y China la potencia continental.

Para Estados Unidos, la confrontación con Corea del Norte es beneficiosa, pero una guerra es totalmente inasumible. Me explico:

A Estados Unidos le interesa la confrontación, porque sólo así se justifica la presencia norteamericana en Japón y en Corea. Además, estos dos países, compran armamento por valor de miles de millones de dólares cada año. Corea del Sur es uno de los países más militarizados del mundo.

Pero el verdadero objetivo de Estados Unidos no es Corea, sino China. Confrontando con Corea del Norte, Estados Unidos asegura su presencia en Corea del Sur. A su vez, la presencia en Corea del Sur le permite a Estados Unidos tener un “portaaviones” terrestre cercano a China.

Por eso, a Estados Unidos le interesan crisis periódicas con Corea del Norte, ya que sólo así puede seguir en la Península. Pero a Estados Unidos no le interesa una guerra abierta en Corea, ya que sería demasiado costosa a todos los niveles e, incluso, no está claro que terminase con una victoria norteamericana.

De ahí la postura yanki en esta crisis. La reacción inicial de Estados Unidos fue mantenerse en silencio, dejando que fueran sus satélites Japón y Corea del Sur los que mantuviesen una postura beligerante. Cuando Corea del Norte amenazó con represalias si Occidente optaba por la vía militar, Estados Unidos se decantó por las sanciones en el Consejo de Seguridad, que se aprobarán pocos días después de que Corea ponga en órbita el satélite. Al tiempo.


China: el presunto hermano mayor

Desde Europa, se ve a la RPD de Corea como poco más que un apéndice de China. Desde esta perspectiva, China esconde propósitos oscuros, que de vez en cuando salen a la luz, como se demostraería en el caso del Tibet. Corea, como buen hermano comunista, sería la punta de lanza de la estrategia anti-occidental de China.

La realidad se aleja mucho de esto, aunque China muchas veces se vea a sí misma como la hermana mayor de Corea del Norte. China, en cualquier caso, no controla a Corea del Norte. Desde el comienzo de la “Marcha ardua”, China ha sido el único socio comercial de peso de Corea. Sin embargo, esto no ha condicionado políticamente a Corea. De hecho, se ha dado el caso de que China ha tomado represalias políticas por la insubordinación norcoreana: China aprobó en las Naciones Unidas las sanciones contra Corea, a raíz de la prueba nuclear.

En el fondo, China ve necesaria la existencia de una Corea del Norte al lado de sus fronteras. Es, para China, un estado-tapón con un ejército gigantesco, detrás del cual están esperando ansiosos Corea del Sur y Estados Unidos. Pero a China le gustaría una Corea más dócil y menos independiente, que no pusiese en peligro la paz en la Península Coreana. Cada día que pasa, China se enriquece más y es más poderosa. Una guerra supondría que China tuviese que tomar partido y, en cualquiera de los casos, China saldría perdiendo.

Las relaciones entre ambos países son fluctuantes, aunque generalmente positivas. Los intercambios se dan entre iguales: es comercio al uso, no ayuda solidaria socialista. Aún así, hay ciertos tics de “hermano mayor” que China aplica en su relación con Corea, la política del palo y la zanahoria. A los ya mencionados palos, se les suman algunos regalos puntuales, como la Fábrica de Cristales “Amistad”, donada por la República Popular China durante los últimos años.

La posición china ante esta crisis es la de mantener el status quo. No permitirá acciones temerarias por parte del bloque norteamericano y sólo aprobará sanciones que sean simbólicas. Aprecia, especialmente, que el primer ministro norcoreano haya visitado hace una semana Pekin. Se siente la hermana mayor de Corea y piensa que los norcoreanos, ante una crisis, buscan refugio en la nueva potencia. Además, en el fondo sabe que Corea está en su derecho de poner un satélite en el espacio y que, por fin, Corea se compromete con las normas internacionales, habiendo avisado debidamente y con antelación a los organismos pertinentes.

De todos los actores, China es el más cercano a Corea. No por solidaridad, sino porque el tablero asiático comienza a tomar forma y China necesita asegurar sus posiciones.


Rusia: Viaje desde la nada

Es increíble el papel juegado por Vladimir Putin desde que tomó el poder en la Federación Rusa. Los años de gobierno de Yeltsin habían sido la historia de uno de los mayores retrocesos históricos contemporáneos. Rusia en 1998 estaba en quiebra, con una destrucción de más del 50% del PIB, los servicios públicos en la ruina y el país desintegrándose territorialmente.

Desde entonces, Putin ha convertido a Rusia en una incipiente potencia imperialista, exportadora de materias primas, con el poder basado en unas pocas familias oligárquicas y con un claro enfoque a la internacionalización del capital. Rusia ya no se desintegra, sino que Rusia recupera posiciones en el mundo. El problema para Rusia es que llega tarde, cuando el nuevo reparto ya se ha hecho.

La posición de Rusia hacia Corea fue distante y fría durante los años de Yeltsin. Sin embargo, desde la llegada de Putin al gobierno, ha habido un cierto acercamiento que, poco a poco, va evolucionando hacia una cooperación conjunta. Rusia sabe que debe ganar posiciones y, para ello, necesita acercarse a los “estados parias” de Occidente.

Sin embargo, el papel que Rusia juega respecto a Corea es aún muy incipiente. En los últimos años, se han hecho obras de mejoramiento de los ferrocarriles entre los dos países y Kim Jong Il y Putin han intercambiado visitas. Pero Rusia es aún un socio insignificante.

Probablemente, Rusia medirá entre dos intereses: no enemistarse con Corea, en la medida en que esto beneficia su posición en el Lejano Oriente, y no enemistarse con Occidente, puesto que comparte intereses en la llamada “Guerra contra el Terrorismo”.


¿Hacia dónde va Corea del Norte?

Tras la crisis de los años 90, Corea ha vivido una década de recuperación económica. En 2008, se celebró el 60 aniversario del país y comenzó una nueva fase. En 5 años, el país debe multiplicarse económicamente: para 2012 se espera ser una “potencia socialista próspera”.

Las bases para alcanzar este objetivo son las mismas de siempre: colectivismo y auto-suficiencia. Sin embargo, el futuro no se pretende construir únicamente a través del pasado. Corea toma como base la auto-suficiencia, pero sabe que en un mundo dominado por la Economía del Conocimiento y por la tecnología, para mantener el ritmo, necesita integrarse dentro de la economía mundial.

Esto no supone una renuncia al socialismo, en ningún caso. Significa una mayor apertura al intercambio económico y una ofensiva para romper un bloqueo económico que ya dura 59 años. Para hacerlo, Corea necesita tener un as en la manga con el que poder negociar el fin de las sanciones estadounidenses y un tratado de paz para la Península coreana. Ese as son las armas nucleares, única carta que a Estados Unidos le interesa de las que tiene en su mano Corea del Norte.

Corea necesita el fin del bloqueo, especialmente, para poder importar la materia prima fundamental de la que carece: el petróleo.

Antes o después, Estados Unidos tendrá que sentarse a negociar. Y en el tapete seguirán estando los mismos temas: la retirada de tropas, el Tratado de paz, la desnuclearización de TODA la Península Coreana y el fin del bloqueo. Esto crearía un marco de relaciones normales entre ambos países, con lo que el mundo no se estremecería cada vez que Corea pone en órbita un satélite.

Mientras ese momento llega, sólo podemos analizar los acontecimientos que suceden. En los próximos días, Corea pondrá en el espacio su segundo satélite. Los medios occidentales desacreditarán de una u otra forma el lanzamiento. Japón hará amenazas histéricas y Estados Unidos llevará el tema ante el Consejo de Seguridad, donde se aprobarán, seguramente, sanciones simbólicas. Lamentablemente, es probable que se dé ese orden de sucesos: es una historia que se viene repitiendo continuamente desde 1993.

Las sanciones no solucionarán el conflicto, sino que lo agravarán. Pero esto no le afecta demasiado a Corea. Con bloqueo o sin bloqueo, el satélite es una de las muchas puertas hacia el progreso que tiene abiertas Corea. El futuro se presenta brillante. Pero sobre todo, el futuro para Corea es socialista. Y eso es lo que tenemos que defender los revolucionarios del Estado Español.
avatar
Pyongyang
Revolucionario/a
Revolucionario/a

Cantidad de envíos : 638
Reputación : 1084
Fecha de inscripción : 27/01/2010
Edad : 29

El satélite coreano y la hipocresía occidental

Mensaje por Pyongyang el Miér Ene 27, 2010 8:40 pm

El día 5 de abril, Corea puso en órbita su segundo satélite artificial: el Kwangmyongsong No. 2. Desde entonces, el “mundo libre” debate sobre la parte menos sustancial del lanzamiento, es decir, sobre el cohete que transportaba el satélite. ¿Realmente sorprende este tratamiento informativo? ¿Sucedería lo mismo si el satélite fuese surcoreano?

Las respuestas pueden parecer obvias. Sin embargo, quiero dedicar este artículo a aportar algunos datos que ayudan a corroborar una idea que los revolucionarios ya tenemos muy interiorizada: la prensa no es más que otro medio de propaganda en manos de la clase dominante.


¿Cómo se vivió el lanzamiento del satélite en Corea?

La noticia se acogió con entusiasmo dentro del país. El 8 de abril, alrededor de 100.000 personas se manifestaron en Pyongyang para celebrar el éxito del lanzamiento. Choe Thae Bok habló en representación del Partido del Trabajo de Corea. La idea fundamental de su discurso fue que, tras los difíciles años 90 y la progresiva recuperación de la presente década, Corea está ahora a la ofensiva, con toda una serie de ambiciosos objetivos económicos. La meta es estar en 2012 “a las puertas de convertirse en una potencia socialista próspera”. Choe Thae Bok dijo que el satélite es un resultado visible de que el país avanza en la línea correcta. En el acto también intervinieron representantes de círculos cientificos, de la clase obrera, de los trabajadores agricolas, la juventud y el estudiantado.

Durante esos días, el periódico de mayor tirada de Corea, el Rodong Sinmun, publicó un editorial que contenía ideas similares. Rodong Sinmun destacó que la tecnología utilizada en el lanzamiento era 100% coreana, tanto en el cohete como en el satélite. El diario afirmó también que el satélite es una prueba del potencial de la industria norcoreana.

Al margen de los mensajes oficiales, una serie de intelectuales norcoreanos hablaron públicamente para valorar el lanzamiento del satélite. También el líder Kim Jong Il se reunió con los equipos técnicos y científicos que hicieron posible el lanzamiento del Kwangmyongsong No. 2 y les felicitó en persona, uno por uno.

La fecha del lanzamiento no se dejó al azar. Tan sólo 4 días después, se reunió por primera vez la nueva Asamblea Suprema del Pueblo (ASP), elegida el pasado 8 de marzo. Casi el 50% de los diputados nunca habían sido elegidos anteriormente para el cargo. Pero lejos de destacar este dato o de explicar el sistema electivo norcoreano, la prensa occidental buscó lo secundario y adjetivo de las elecciones: en este caso, si el hijo de Kim Jong Il había sido elegido, o no, para la ASP. Decepcionados, los propagandistas occidentales tuvieron finalmente que admitir que ningún hijo de Kim Jong Il había ni siquiera concurrido a las elecciones parlamentarias.

Con unos órganos políticos rejuvenecidos y renovados, un éxito científico de repercusión mundial y un plan económico en marcha que aglutina los esfuerzos de todos los trabajadores, Corea es hoy un país entusiasta y unido en torno a su dirección política.

El gobierno revolucionario es consciente de ello y ha sabido dar ciertos golpes muy mediáticos y efectistas dentro de Corea del Norte. Por ejemplo, este 1 de mayo se hizo la inauguración oficial de la línea de telefonía móvil “Koryolink”, con la más avanzada tecnología del momento: el 3G. Además, las obras del Ryugyong avanzan a gran velocidad y una de las fachadas ya está casi completamente acristalada. Este imponente edificio, de 330 metros de altura, es el rascacielos más alto de la ciudad de Pyongyang y su construcción estuvo detenida durante los años de la crisis. Desde el 16 de mayo de 2008, las obras han comenzado de nuevo, todo un símbolo de la recuperación económica del país.

Nada de esto apareció en los medios occidentales durante el último mes. La “prensa libre” decidió que no tenía que interesarnos lo que piensen y sientan los norcoreanos, al menos cuando el tema a tratar afecta a los intereses geopolíticos del imperialismo.


¿Cómo nos presentan Corea del Norte en la prensa?

La información en Occidente sobre Corea del Norte es un goteo irregular, en el que se presenta al país ante el público occidental de una forma estereotipada: un régimen totalitario, militarista y con órganos de poder hereditarios. Por eso, las únicas noticias que se publican sobre Corea son aquellas que refuerzan esta imagen. Se permiten vídeos de desfiles militares, lanzamientos de cohetes y noticias burlonas sobre Kim Jong Il. De vez en cuando llegan rumores de presuntas torturas, hambrunas u otras violaciones de los derechos humanos. En resumen, estamos ante la construcción maniquea de un enemigo sin calidad humana, una especie de encarnación del mal.

Para ello, los medios occidentales se apoyan en rumores y fabricaciones de los servicios de inteligencia de Corea del Sur, principalmente, y Japón y Estados Unidos, de forma secundaria. Nunca se presentan pruebas ni fuentes de las presuntas violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, el éxito de la campaña de desprestigio contra Corea hace posible que cualquier información resulte creíble para el público occidental: desde que los norcoreanos tengan prohibidas las bicicletas o las cortinas, hasta que el metro no sea más que un plató de televisión para hacer propaganda en el exterior del “régimen”. El grupo PRISA, con Jon Sistiaga (Cuatro) y Georgina Higueras (El País) como caras visibles, es el máximo exponente en el Estado Español de manipulación descarada y propaganda maniquea.


¿Cómo nos contaron el lanzamiento del satélite?

Al igual que ocurrió en 1998 con el lanzamiento del primer satélite norcoreano al espacio, la prensa de puso al servicio de una estrategia de desprestigio. Hubo tres pilares fundamentales de esta campaña: negar que Corea hubiese lanzado un satélite, criminalizar el lanzamiento y presentar a Corea como el culpable y no cómo la víctima de la situación geopolítica en el Extremo Oriente.

Vamos a ver algunos ejemplos de ello.


La “prensa libre” niega que Corea del Norte haya puesto un satélite en órbita

Todos los medios occidentales optaron por un estilo de redacción similar: Pyongyang lanza un misil, aunque alega que es un satélite. Otra opción fue entrecomillar satélite o, directamente, hablar de un misil. Por ejemplo, la estadounidense CNN dijo que un “misil Taepodong-2, diseñado para llevar una ojiva nuclear hasta territorio estadounidense, ha sobrevolado el norte de Japón y ha caído en el océano Pacífico.”

Un ejemplo en la prensa española lo encontramos en el diario “El Mundo”, donde en varias noticias encontramos frases como “El lanzamiento del misil estratégico ha levantado duras críticas de la comunidad internacional.” Esta redacción asume implícitamente que el lanzamiento ha sido una prueba misilística. Otro ejemplo es el titular del día 6 de abril: “Incertidumbre en Japón tras el lanzamiento del misil norcoreano”. Esta versión fue impulsada por los líderes políticos de Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.

El diario de Pedro J. Ramírez, también cita a un portavoz de las Fuerzas Armadas de EEUU establecidas en Corea del Sur, para decir que "El aparato ha aterrizado en el océano Pacífico" y que, por tanto, el lanzamiento no ha tenido éxito o ha sido un misil. Otros medios citan esta misma versión, difundida, fundamentalmente, por Japón. El país nipón aseguró que varias buques de guerra partieron para recoger los restos del misil. Revisando hemeroteca y bibliografía, es posible comprobar que en el conflicto de 1998 Japón hizo exactamente lo mismo. Entonces, como ahora, sus buques no encontraron restos. Al menos, no encontraron lo que les hubiese servido para su propaganda. El asunto se acalló y no se volvió a mencionar en la “prensa libre”. No deja de ser una operación mediática muy medida que, en un momento puntual, refuerza la campaña de desprestigio y manipulación, pero que no tiene un mayor recorrido.

Otro ejemplo de manipulación en esta misma línea lo encontramos en unas declaraciones de la cancillería rusa. El ministerio ruso de exteriores dijo que “en Moscú han seguido el lanzamiento del cohete. Al parecer, no hubo desviación de la trayectoria prevista.” Sin embargo, a pesar de que la ruta del cohete había sido la correcta, no habían sido capaces de seguir el satélite una vez en el espacio. Por lo tanto, “esta situación exige ser estudiada por los expertos militares” y sobre todo, recomienda a la comunidad internacional “prudencia” y no hacer “juicios apresurados”. De forma esperpéntica, estas declaraciones dieron titulares muy jugosos a la “prensa libre”, tales como “Rusia dice que Corea del Norte no ha puesto en órbita ningún satélite”, que no tienen nada que ver con el contenido de las declaraciones.

Sin embargo, la prensa burguesa no ha sido capaz de hilvanar un mensaje coherente. De hecho, tres versiones se han difundido de forma simultánea: que era un misil, que era un satélite que estaba en el espacio, pero no funcionaba, y que Corea había intentado poner en órbita un satélite, pero había caído al Pacífico. Estas versiones contradictorias, en ocasiones se mezclaban en una misma noticia, con lo que directamente parecían burlarse de la inteligencia del público occidental. Algunos medios, incluso, reconocieron la falta de coherencia de sus mensajes, pero culpabilizando al “régimen de Pyongyang” por su “hermetismo”.

Sin embargo, con toda la confusión, se filtraron noticias sorprendentes en algunos medios. Por ejemplo, la agencia surcoreana Yonhap aseguró ya el día 5 que “el cohete porta un satélite y no un misil de largo alcance, como temían Japón, Corea del Sur y Estados Unidos”, citando a fuentes gubernamentales surcoreanas. Ese mismo día, el Ejecutivo surcoreano dijo oficialmente que Corea del Norte parecía haber lanzado un satélite de comunicaciones, como había informado previamente, y no un misil, como se temía, pero aseguró que esta prueba fue una "provocación".

En resumen, Rusia confirma que el cohete sigue la ruta prevista, Corea del Sur afirma que es un satélite y Corea del Norte afirma que el satélite funciona a la perfección y que están recibiendo información recogida por el mismo. Sin embargo, la prensa nos sigue mostrando titulares en los que implícitamente se afirma que el lanzamiento era una prueba de misiles.


La criminalización del lanzamiento.

"Desde el punto de vista del Gobierno [Japonés], incluso si se trata del lanzamiento de un satélite es una violación a las resoluciones 1965 y 1718 de la ONU, que llaman a la detención de todas las actividades de Corea del Norte relacionadas con misiles balísticos.”. Así se expresaba el secretario general del gobierno japonés. Las resoluciones que menciona reconocen el derecho de todo país a explorar pacíficamente el espacio, pero advierten que en el caso de Corea del Norte, ésta debe actuar con “contención”. Esto da idea de la parcialidad de las resoluciones de Naciones Unidas.

De la misma forma, Barack Obama, presidente norteamericano, acusó a Corea del Norte de "violar las normas" y exigió una "respuesta firme" a Corea del Norte.

Los medios occidentales contribuyeron a criminalizar el lanzamiento pacífico del satélite. Por ejemplo, volviendo al diario español “El Mundo”, el 6 de abril finalizaba una noticia diciendo que “Corea del Norte ha provocado este tipo de tensión en repetidas ocasiones, con sus pruebas nucleares y de misiles. En 1998, lanzó el misil Taepodong-1, del que una parte voló sobre Japón y cayó después en el Pacífico. En 2006, Pyongyang llevó a cabo pruebas de misiles tanto balísticos como nucleares.”

Esta información, además de presdisponer al lector hacia a rechazar a Corea del Norte, contiene numerosas mentiras. En primer lugar, Corea del Norte no provoca tensión, al menos no más que la que crean cada mes el resto de países que prueban cohetes, satélites y misiles, sin que sean acusados de “elevar la tensión”. Son Estados Unidos y sus estados satélite lo que, a través de sus órganos de prensa, tratan de criminalizar a Corea del Norte para, de esta forma, legitimar la presencia de bases norteamericanas en la zona.

En segundo lugar, lo que el diario de Pedro J. denomina ensayo de misiles de 1998 fue, en realidad, el lanzamiento del primer satélite artificial norcoreano. Finalmente, Corea del Norte jamás ha probado, a diferencia de Estados Unidos, Francia o Rusia, misiles con una ojiva nuclear. Por contra, Corea del Norte, en 2006, realizó una única prueba nuclear subterránea, mucho más segura.

En cualquier caso, el objetivo está claro: señalar a Corea como país imprevisible, dotado de armamento peligroso. El último lanzamiento no sería más que otra prueba.


Corea del Norte como culpable del conflicto geopolítico en el Extremo Oriente

Además de la criminalización de la puesta en órbita del satélite, durante el último mes se han publicado una serie de noticias con el objetivo de situar a Corea del Norte como culpable del conflicto geoestratégico del Extremo Oriente.

Estados Unidos y Japón han impulsado una batería de sanciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que han chocado con las pretensiones de China y Rusia, menos dispuestas a alterar la estabilidad de la zona. Al final todo se ha quedado en una condena simbólica y en la posibilidad de que, de forma autónoma, cada país pueda poner sanciones comerciales contra Corea del Norte. Japón ya lo ha hecho y Estados Unidos lo toma como posibilidad. Además, las Naciones Unidas podrían sancionar a tres empresas supuestamente relacionadas con el programa misilístico de Corea del Norte.

Corea considera que no hay motivos para ninguna sanción, ya que muchos países ponen satélites en el espacio de forma habitual. También son frecuentes las pruebas con misiles, incluidos de largo alcance. Por lo tanto, o se sanciona a todo estos países o no se sanciona a ninguno. Además, Pyongyang cree también que este conflicto viene de mucho más lejos y que, por tanto, los problemas deben resolverse en el marco del mecanismo del que los actores del conflicto se habían dotado: las conversaciones a seis bandas. Poner sanciones de forma unilateral va contra el espíritu de las conversaciones y, además, si Corea aceptase bajo sanciones una nueva ronda de diálogo, sería como aceptar un chantaje que condiciona la posición desde la que cada país negocia. Por eso, tras ser sancionado y habiendolo advertido con anterioridad, Corea del Norte abandonó las conversaciones a seis bandas y se desligó de los acuerdos tomados.

En el clima de criminalización que los medios crearon, grandes sectores occidentales aceptaron de buena gana que se sancionase a Corea del Norte e incluso aceptaron la idea de que la culpable del fin de las conversaciones a seis bandas era ésta. Pero, ¿qué país se sentaría a negociar con quienes le sancionan por hacer lo que cualquier otro país del mundo? Occidente ha cruzado una línea roja irrenunciable para la Revolución coreana: su dignidad nacional y su soberanía.

En cualquier caso, y más allá del circo mediático, Occidente ya está moviendo ficha para intentar volver a negociar con Corea del Norte. Japón y Corea del Sur se han reunido para encontrar una fórmula de acercamiento, mientras el Ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov visitaba Pyongyang para firmar varios acuerdos de cooperación, lo que en estos momentos sólo puede tener una posible traducción: Rusia apoya políticamente la postura norcoreana. Desde luego, Rusia lo hace por sus propios intereses geopolíticos en la zona y no por internacionalismo.

Por su parte, Estados Unidos ha hecho un gesto de suma importancia: ha borrado a Corea del Norte de su lista de países terroristas. Estados Unidos publica todos los años en mayo su lista de países terroristas, entre los que incluye a Cuba y a Bielorrusia, entre otros. El año pasado, Estados Unidos decidió sacar a Corea de su lista de países terroristas, para poder llegar a un acuerdo sobre el armamento nuclear. Sin embargo, el momento de publicar la lista de 2009 llega justo cuando la relación entre Corea y Estados Unidos está en un peor momento. A la administración estadounidense le ha tocado elegir entre una vía de confrontación (incluir a Corea entre los países terroristas, lo que hubiese servido a Pyongyang para argumentar que es Estados Unidos quien rompe los acuerdos de 2008) o una vía de diplomacia en la sombra, mientras de cara a público se continúa con las palabras altisonantes. Barack Obama parece haber optado por la vía diplomática, por el momento.

Además, a propuesta de Corea del Norte, las dos Coreas están manteniendo encuentros bilaterales en zonas fronterizas. La primera se dio el 21 de abril y la segunda el 5 de mayo. De esta forma, se ha pasado de las amenazas a la negociación discreta, síntoma de que Pyongyang está ganando la partida.

En cualquier caso, en la prensa, continúa la campaña de criminalización. El mismo día del lanzamiento del satélite norcoreano, Barack Obama declaraba que "La existencia de miles de armas nucleares es el legado más peligroso de la Guerra Fría" y que "el riesgo de un ataque nuclear ha aumentado, ya que más países cuentan con armamento atómico y continúan las pruebas nucleares.” Los medios tradujeron el mensaje rápidamente, señalando a Corea como un peligro para la paz, por tener armas nucleares. No dijeron, desde luego, que 1000 cabezas nucleares norteamericanas están en Corea del Sur, preparadas para atacar. Tampoco que Estados Unidos realiza dos ejercicios anuales junto al ejército surcoreano, en el que se ensaya el lanzamiento de hasta 30 artefactos nucleares en Corea del Norte. Además, hubiese sido bastante aclaratorio que se recordase que Estados Unidos es el único país que ha utilizado armas nucleares contra civiles desarmados, precisamente en Asia, provocando centenares de miles de víctimas inocentes.

Por otro lado, la Unión Europea y Estados Unidos hicieron una declaración conjunta, en el que pedían a Corea “cooperación para alcanzar la paz” en Asia. Este cinismo esconde el mismo objetivo: señalar a Corea como principal obstáculo para la paz.

En resumen, los medios señalan a Corea del Norte como culpable de la situación en el Extremo Oriente asiático. De esta forma, esconden la compleja geopolítica de la zona y los intereses de cada uno de los actores.


¿Qué hubiese pasado si el satélite lo hubiese puesto en órbita otro país?

Comencé el artículo cuestionándome qué hubiese pasado si el satélite hubiese sido surcoreano. El interés de la pregunta es el siguiente: cuando Corea del Norte envía un satélite al espacio, no se juzga el lanzamiento en sí, sino el sujero; es decir, el hecho de que es un país socialista y férreamente anti-imperialista quien lo hace.

La mejor manera de demostrarlo es ver cómo reacciona el mundo y, más en concreto, la prensa occidental, ante la puesta en órbita de satélites de otros países. Algunos lectores pueden argumentar que este ejercicio no es justo, ya que partimos de una premisa que no todos comparten, es decir, partimos de que estamos hablando de un satélite y no de un misil de largo alcance. Por eso, no sólo voy a examinar las reacciones ante el lanzamiento de satélites, sino también ante misiles balísticos y otras armas.


El lanzamiento de satélites

Para el primer supuesto, vamos a analizar la reacción ante la puesta en órbita de satélites extranjeros. En concreto, vamos a analizar el caso de los satélites de otro país de la zona: Japón.

Gracias al diario argentino ADNmundo, sabemos que el país del sol naciente puso en septiembre de 2006 un satélite en órbita. No hay, por supuesto, ningún reproche por el lanzamiento. Al contrario, el tratamiento de la noticia da idea de que se trata de un hecho completamente rutinario.

Lo más sorprende es que, a diferencia de Corea del Norte, que puso en órbita un satélite de comunicaciones experimental, Japón lanza un cohete que porta “el tercer satélite espía del país”. No sólo eso, “la agencia espacial del Japón (JAXA), tiene planes además de lanzar un cuarto satélite a finales de año, según Kiodo”.

Si Corea del Norte recibe todo tipo de críticas y sanciones por un satélite de comunicaciones, el castigo debería ser ejemplificante para Japón por poner un satélite militar en el espacio. Pero quizás la clave la veamos en el cierre de la noticia: “Los cuatro satélites permitirán que Japón vigile cualquier punto del mundo y serán usados especialmente para vigilar a Corea del Norte.”

Según la página web norcoreana Naenara, entre 2004 y 2008 Japón puso en órbita 16 satélites. Además, tan sólo dos días antes del lanzamiento del satélite norcoreano, la Base Estratégica para el Desarrollo Espacial de Japón declaró que en los próximos 5 años, el país pondrá en órbita 35 satélites. Uno de los objetivos principales, dijo, son las acciones de espionaje contra Corea del Norte. Sobran las palabras.


¿Y si hubiese sido un misil balístico y no un satélite?

Como dije anteriormente, lo importante no es el lanzamiento en sí, sino el hecho de que quien lo hace es Corea del Norte. Ya he citado antes la declaración del gobierno japonés en la que afirma que "incluso si se trata del lanzamiento de un satélite, es una violación a las resoluciones 1965 y 1718 de la ONU, que llaman a la detención de todas las actividades de Corea del Norte relacionadas con misiles balísticos.” Es decir, sea lo que sea, y sin importar que otros países puedan hacerlo, lo que importa es que Corea debe “autocontenerse”. Y para hacerlo, es irrelevante que lo que quiera poner en órbita sea satélite o misil.

Ya hemos visto que Japón pone en órbita satélites de forma impune, incluso si el objetivo declarado de los mismos es espiar a Corea del Norte. Ahora bien, algunos pueden pensar que a Corea se le criminaliza y sanciona porque en realidad lo que está probando son misiles de largo alcance. Sin embargo, muchos países han probado misiles de largo alcance en fechas recientes y ninguno ha sido condenado por las Naciones Unidas. De hecho, las noticias de estas pruebas con misiles han carecido de protagonismo en la prensa “libre”.

Por ejemplo, el viernes 10 de abril, el diario caraqueño “El Universal” publicaba que Rusia había probado con éxito un misil balístico intercontinental, con alcance de 6000 km. “Rusia desarrolló con éxito hoy un lanzamiento de prueba de un misil intercontinental, como parte de los experimentos que debe implementar para extender la vida útil de los proyectiles por hasta 22 años.” Además, añadió que “las pruebas de lanzamiento de nuevos misiles se han convertido en una rutina en los últimos años, y el Kremlin asegura que la crisis financiera no evitará que invierta el dinero necesario en sistemas de defensa.”

Por lo tanto, mientras que Corea es sancionada por un satélite cuyo cohete transportador podría usarse como misil intercontinental, Rusia prueba de forma rutinaria misiles intercontinentales con ojiva nuclear. Gracias al diario cubano Granma, además, sabemos que este no fue el único lanzamiento ruso al espacio en el último mes. La noticia, del 30 de abril, dice: “el satélite de uso militar Cosmos-2450 fue puesto hoy en la órbita preestablecida por el misil impulsor ruso de clase media Soyuz-U”. Además, añade que “el viceministro de Defensa Vladimir Popovkin informó que dos satélites militares de comunicación y un "totalmente nuevo ingenio de inteligencia militar" serían lanzados durante 2009”.

Podría argumentarse -erróneamente- que Rusia no amenaza a nadie, mientras que la Península Coreana vive aún una situación de Guerra Fría. Sin embargo, el mes de abril también fue de intensa actividad misilística en el Océano Índico, donde Pakistán y la India viven desede hace décadas un eterno conflico que, en el pasado, estalló en tres ocasiones en forma de guerra abierta. Ninguno de ellos fue sancionado ni la noticia fue especialmente destacada en los medios.

De esta forma, India lanzó el 15 de abril un misil balístico de alcance medio. Según la agencia de noticias rusa RIA Novosti, “el Ejército de India tiene en su arsenal misiles Prithvi-I y Prithvi-II, capaces de portar ojivas de entre 500 y 1.000 kilógramos y abatir objetivos a una distancia de 150 y 250 kilómetros, respectivamente. Actualmente se van desarrollando cinco modelos de cohetes para las Fuerzas Armadas de este país.” De mayor alcance es el misil K-15, transportado en submarinos nucleares. India probó el 26 de febrero de 2008 este misil, que ya está operativo en sus arsenales, aunque se prevé que 2009 se hagan nuevas pruebas.

Por su parte, Pakistán no se queda atrás en la carrera armamentística. Según RIA Novosti, en julio de 2007, “Pakistán realizó un nuevo ensayo exitoso de su misil de crucero Hatf VII Babur, capaz de portar ojivas nucleares y abatir objetivos a una distancia de hasta 700 kilómetros”. Sin embargo, esta dictadura pro-yanki tiene armas aún más avanzadas. Reuters nos informaba en abril de 2006 de que el país había probado “un misil balístico con capacidad nuclear y con un rango de 2.000 kilómetros.”

India y Pakistán estuvieron a punto de comenzar una guerra nuclear en 2002. Sin embargo, algún lector podría considerar que esto es un caso aislado. Nada más lejos de la realidad. El 7 de abril, tan sólo dos días después de la puesta en órbita del polémico satélite norcoreano, Europa Press nos informaba de los siguiente: “Israel ensayó hoy con éxito un misil balístico 'Arrow II' en el sur del país”. Añadía que “El Arrow es un proyecto de defensa desarrollado en cooperación por la Fuerza Aérea israelí y la estadounidense Boeing”.

En resumen: Cuatro países con conflictos abiertos, Israel, Pakistán, India y Rusia, han probado en fechas recientes misiles balísticos. Ninguno de ellos ha sido condenado ni sancionado, a diferencia de Corea del Norte, que ni siquiera realizaba una prueba con misiles balísticos. Nuevamente, sobran las palabras.


¿No será la clave de todo que ninguno de estos países se ha saltado normas internacionales, a diferencia de Corea?

Cualquier país del mundo tiene derecho a poner satélites en el espacio para fines pacíficos. También, a probar misiles balísticos. Las resoluciones 1965 y 1718 de las Naciones Unidas reconocen este derecho, pero al mismo tiempo, piden a Corea del Norte “contención”. Son, jurídicamente, una aberración y, por sentido común, completamente injustas. Corea del Norte, desde el mismo día en que fueron promulgadas, declaró públicamente que no las acataría. Sin embargo, no reconocer una resolución no exime a Corea de las consecuencias legales que pueda tener la desobediencia. En cualquier caso, sería iluso esperar que Corea del Norte asumiese resoluciones que atentan contra su soberanía.

En cualquier caso, Corea del Norte no es el único país que desafía las resoluciones de la ONU, aunque sí es uno de los pocos países que es sancionado por ello. Israel, por ejemplo, incumple desde hace décadas varias resoluciones que le obligarían a abandonar los territorios ocupados en Siria, Líbano y Palestina. Estados Unidos aún debe una cifra astronómica a Nicaragua por los daños ocasionados durante la salvaje guerra de los años 80. Un tribunal internacional dependiente de las Naciones Unidas condenó a Washington a pagar la indemnización. Sin embargo, Estados Unidos decidió simplemente ingorarlo.

Pero centrándonos en el tema de los misiles, Estados Unidos nos sirve también como ejemplo de incumplimiento de la normativa internacional. El 21 de febrero de 2008, Estados Unidos probó un misil anti-satélite. En los años 80, la URSS y Estados Unidos ya habían probado misiles capaces de destruir satélites, pero se prohibieron nuevas pruebas, debido a que los restos de los satélites destruidos podían dañar seriamente a los que estaban en órbita. Por eso, Estados Unidos alegó en 2008 una excusa bastante sospechosa: con su misil habían destruido un depósito de combustible de un antiguo satélite espía, que aún seguía en el espacio. Este depósito, según la versión norteamericana, podría significar un peligro si caía accidentalmente a la Tierra.

Sin embargo, la tecnología utilizada en el misil es inédita, lo que hace sospechar que en realidad se trató de un ensayo militar. Así lo expresaron Rusia y China, que sin embargo no pidieron sanciones contra Estados Unidos.

Quizás porque ambos países también están volcados en sus propias carreras espaciales. Un año antes, China hizo la prueba de un misil similar, que fue bastante criticada en Occidente. China, a diferencia de Estados Unidos, sí reconoció que se trataba de un ensayo militar, aunque defendió su derecho a realizarlo. Ninguno de los dos países fue condenado ni sancionado.


Una noticia curiosa: el misil español

Dos semanas después del lanzamiento del satélite norcoreano, el diario español “El Mundo” publicaba una curiosa noticia: “Defensa prueba en Sudáfrica un misil que alcanza 350 kilómetros”. El periódico de Pedro J. Ramírez señala que “El Ejército del Aire va a realizar de forma inminente las pruebas del misil más ambicioso que han adquirido hasta ahora las Fuerzas Armadas.” España ha adquirido 43 unidades de misil Taurus, con un coste por unidad de 980.000 euros. Estos misiles pueden dispararse desde los aviones F-18 y los Eurofighter. Como en España no existen campos de tiro suficientemente grandes, la Fuerza Aérea se ha desplazado hasta Sudáfrica.

El diario señala que con la prueba de los Taurus, “la aviación española habrá dado un paso enorme en la adquisición de armamento. Muy pocos países en el mundo tienen a sus Fuerzas Armadas dotadas de misiles de crucero, y muchos menos en Europa. El Ministerio de Defensa eligió el modelo por su capacidad para alcanzar objetivos definidos con gran precisión, con errores de muy pocos metros.” A continuación, El Mundo publica un mapa de España y el radio de alcance de los Taurus, indicando que con ellos se podrían bombardear ciudades como Rabat o Casablanca, en Marruecos.

Con esto, la “prensa libre” española nos muestra su rostro más siniestro: de forma indisimulada, el diario se alegra por unos ensayos misilísticos del Ejército español, que le permiten amenazar a países vecinos como Marruecos con los que no se mantienen litigios abiertos de ningún tipo. En realidad, lo que esta noticia resalta no es la posible utilidad de estos misiles como elemento disuasorio para posibles atacantes (que, por cierto, en todo caso, habría que especificar cuáles), sino el hecho de que España se coloque a la cabeza de Europea en cuanto a armamento. El viejo sueño imperialista resucita en las páginas de uno de los principales diarios de la derecha española.


Conclusiones

Desde hace décadas, las revoluciones socialistas sufren una gigantesca campaña de propaganda en su contra. Probablemente, estamos ante la mayor campaña de la historia en cuanto a mentira, guerra psicológica y manipulación. De forma sostenida en el tiempo, Cuba y Corea llevan lustros siendo los principales blancos. Numerosas organizaciones participan en esta intoxicación masiva: la Fundación Americana para la Democracia, la Radio “Asia Libre” y otras muchas organizaciones dependientes de la CIA y de los servicios secretos de Corea del Sur y Japón.

Sin embargo, el efecto de esta campaña contra Corea y Cuba es muy diferente, dependiendo del país. Por un lado, Corea del Norte se ha blindado contra la penetración ideológica del imperialismo, a través de lo que Kim Jong Il denominó la “red de mosquito”. Estas medidas de seguridad son, en ocasiones, incomprendidas fuera del país. Sin embargo, son estratégicas en la construcción del socialismo coreano. La razón es simple: la mitad del país está ocupada por el imperialismo y existe una amenaza constante de guerra en la Península Coreana. En este sentido, los coreanos viven más protegidos que los cubanos en cuanto a infiltración exterior.

Si bien el imperialismo ha fracasado estrepitosamente a la hora de penetrar en Corea del Norte, Corea del Sur ha logrado un éxito sorprendente en cuanto a la propaganda exterior. Dos factores han contribuido a ello: por un lado, la no existencia en Occidente de un movimiento de solidaridad con Corea tan articulado como el de solidaridad con Cuba. Por otro lado, un mal enfoque por parte de Pyongyang a la hora de lanzar su propaganda exterior, que se confunde habitualmente con la interior. La suma de estos dos factores (un Occidente poco receptivo y una Corea que no sabe cómo dirigirse a él) da un resultado lamentable.

Corea del Sur, en cambio, ha sido muy hábil a la hora de utilizar este caldo de cultivo. Gracias e ello, a día de hoy, la manera de pensar y de hablar sobre Corea del Norte está muy estructurada. Es un cículo vicioso en el que, una vez que entras, no puedes salir. Cualquier persona que empiece por creerse historias de campos de concentración, un ejército contra su pueblo y una férrea dictadura totalitaria, no tendrá fácil romper ese cúmulo de prejuicios, ya que las acusaciones son tan graves que, o se rechazan completamente, o no hay otra opción que condenar el socialismo coreano. No hay términos medios.

En este sentido, las noticias publicadas en torno al satélite del 5 de abril fueron un reflejo de propaganda y criminalización. Debido a que la mentira sobre Corea empezó hace mucho, es imposible saber si la campaña es completamente intencional o si los periodistas realmente creen lo que están escribiendo. En cualquier caso, es irrelevante. Todos los medios, desde La Razón a Público (y este último, de forma especialmente virulenta), participaron en las acusaciones.

A nosotros nos toca una tarea difícil: desde la lejanía, descifrar y conocer la realidad que existe en Corea. Esta verdad no se halla en un fingido término medio o una hipócrita apariencia de neutralidad. Una de las grandes mentiras que nos contó la burguesía -y que nos creímos- fue que las ciencias sociales no tienen un contenido de clases. En este momento de crisis económica del sistema, podemos asestarle una puñalada aún más mortal al capitalismo: cuestionar su hegemonía política e ideológica. Y eso sólo lo podemos hacer recuperando el valor del compromiso. Un compromiso que no es un amor ciego, pero tampoco todo lo contrario. Decía Lenin que la verdad es revolucionaria y tenía razón.

    Fecha y hora actual: Jue Ene 17, 2019 5:38 am