Basescu se quita la careta

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Estadulho
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Basescu se quita la careta

Mensaje por Estadulho el Sáb Jul 16, 2011 9:42 pm

RUMANÍA: Basescu se quita la careta
julio 12, 2011 por PCE (m-l)

70 años después de que el fascista Mariscal Antonescu diera la orden a las tropas rumanas de acompañar a los ejércitos nazis en su agresión contra los pueblos soviéticos, Traian Basescu ha afirmado que le hubiera gustado que los ejércitos nazis y rumanos hubieran tomado Moscú.

El hoy presidente de Rumanía, antiguo contrabandista de tabaco, y posiblemente de otras cosas, durante el periodo comunista, en el cual se aprovechó de su carné de miembro del partido para trepar por la administración rumana (ambas cosas según su propio testimonio), y uno de los que corrió a formar parte del Frente de Salvación Nacional tras el golpe de estado de diciembre de 1989, tras lo que se dispuso a colaborar en el saqueo capitalista del país, aprovechándose de su situación, ha afirmado que él hubiera hecho lo mismo que el genocida rumano, el entonces primer ministro de Rumanía, Ion Antonescu.

En una nueva muestra del cada vez más evidente renacimiento del fascismo en Europa (o más bien del desenmascaramiento del capitalismo), Basescu ha jaleado el genocidio llevado a cabo por la clase dirigente rumana durante la Segunda Guerra Mundial, empezando por el entonces jefe de estado, el rey Mihai I (que todavía no ha sido juzgado por aquello y sigue disfrutando aún hoy de los privilegios inalcanzables para sus compatriotas, como si ser rey no tuviera aparejado al cargo una responsabilidad política), y pasando por el primer ministro, el Mariscal Antonescu, máximo responsable de los miles de crímenes cometidos dentro y fuera del territorio por la Guardia de Hierro, el ejército, la policía y los defensores y sostenedores del nazismo y el fascismo en este país (en este caso, fue debidamente juzgado y, quizás equivocadamente, fusilado, en vez de ser enviado a un campo de trabajo para que aprendiera a producir para su pueblo).

Basescu ha recordado el 70º aniversario de aquel día, 22 de junio de 1941, en que las tropas rumanas cruzaron el río Prut para invadir Besarabia y cometer allí uno de los mayores pogromos contra la población judía (como también sucedió en Odessa, en la República Socialista de Ucrania), acompañando a Hitler en su intento, tan ansiado por los parásitos capitalistas, de acabar con el dolor de cabeza que amenazaba el dominio de su clase desde 1917: el comunismo y la Unión Soviética.

El gobierno ruso actual (que defiende hoy los mismos privilegios que el rumano, es decir, la dominación de la minoría capitalista sobre la mayoría trabajadora) ha declarado, ante las vergonzosas afirmaciones del Presidente de la República de Rumanía, que «es absolutamente evidente que la justificación de la agresión fascista profana la memoria de las millones de víctimas del nazismo, y es inadmisible, y debería ser apreciada adecuadamente por parte de Europa». Claro que lo que olvida (o finge olvidar) Rusia es que la Unión Europea, que es hoy uno de las instituciones que trabajan incansablemente para la reivindicación del fascismo, aunque no declare nada públicamente, en el fondo compartirá la idea de Basescu.

Las palabras del antiguo miembro del Partido Comunista Rumano, que ya entonces respetaba la ley bastante poco, demuestran que, tanto en la propia Rumanía comunista como en los países socialistas y el resto del mundo, la pervivencia del nazismo, de manera más o menos abierta o clandestina, estuvo siempre presente. Como garrapatas, los nazis y fascistas que no fueron encerrados tras la guerra aguardaron el momento adecuado para robar y saquear el país tanto como algunos miembros del mismo Partido Comunista Rumano, progresivamente convertido en una elite alejada del propio pueblo en el inexorable camino hacia la restauración fascista-capitalista, esperando a poder terminar con un sistema que, a pesar de muchos miembros de la misma elite del partido, no permitía que unos pocos fueran multimillonarios mientras la mayoría sufría para sobrevivir. El propio PCR se fue convirtiendo en el nido de las sabandijas que después reinstauraron el capitalismo.

Las palabras de Basescu muestran, con total sinceridad, lo que piensan los defensores del capitalismo actual, pues ya sabemos que este sistema criminal fue el origen del que nació la serpiente nazi y en el cual, al no ser destruido del todo, se mantuvo vivo el fascismo tras la Segunda Guerra Mundial, esperando que llegara su nueva oportunidad.

Recordemos que, desde 1917, la clase capitalista intentó por todos los medios (en primer lugar con una invasión de todas las potencias contra la recién nacida Unión Soviética, en la que participaron también las tropas rumanas apoyando a la burguesía moldava frente a los trabajadores) acabar con el Poder Soviético y reinstaurar la dictadura capitalista en el antiguo Imperio Ruso (aunque las técnicas de manipulacion del lenguaje, refinadas por el maestro Goebbles, la convirtieran en “democracia”). Tras la demostración de que los pueblos soviéticos no podían ser derrotados tan fácilmente, y que la libertad de los trabajadores hacía que éstos fueran una fuerza indestructible, y tras la atracción que produjo la democracia soviética en todos los trabajadores del mundo, las tergiversaciones de la historia y la mentira fueron la estrategia elegida para frenar la influencia comunista.

Antonescu y el resto de poderes capitalistas rumanos (iglesia, burguesía y aristocracia)

Tanto en la Guerra Civil Española (donde las potencias “democráticas” abandonaron al gobierno legítimo republicano ante la agresión nazi-italiana, que apoyaron a los terroristas del general Franco, y a cuya ayuda solo acudieron la Unión Soviética y el México de Lázaro Cárdenas), como después en la invasión de Checoslovaquia, donde fueron Inglaterra y Francia las que firmaron con Hitler el Pacto de Munich, con el que se entregó el país a manos alemanas, a pesar de la oposicion de Moscú, la intención era que Alemania acabara viéndose abocada a atacar la Unión Soviética (momento en el que, posiblemente, los aliados ideológicos se hubieran apoyado mutuamente: Inglaterra, EEUU, Francia, Alemania).

Los soviéticos se adelantaron y estropearon los planes de los capitalistas, firmando el pacto de no agresión con los alemanes, que atrasó la guerra lo suficiente para que el rearme del Ejército Rojo evitara los planes de invasión conjunta contra el comunismo.

La caída de la Unión Soviética en 1991 y la reinstauración del poder de la clase capitalista en los países de su “órbita” provocaron que los planes que tuvieron que tragarse capitalistas y fascistas al finalizar la guerra, con la demoledora victoria de los pueblos soviéticos contra ambos, volvieran a renacer libremente. Por lo tanto, y parafraseando al refrán castellano, de aquellos polvos fascistas de entonces estos lodos de hoy (y la ofensiva contra derechos, salarios y conquistas de los trabajadores por parte de la clase dominante).

Y, en este contexto, las palabras de Traian Basescu no son más que una nueva expresión del que algunos llaman resurgir del fascismo de estos últimos 20 años, aunque en realidad el fascismo nunca murió, y simplemente estuvo bien camuflado bajo las etiquetas de “democracia” o “liberalismo”, o bien escondido en las filas de los partidos comunistas donde (y no se trata para nada de una excepción, sino más bien de lo contrario, como el caso del actual presidente de Rumanía) muchos se agazaparon como garrapatas esperando su oportunidad de volver a vivir como parásitos a costa de sus compatriotas.

Como ya avisaron Lenin o Stalin, y olvidaron demasiado pronto Trotsky y los seguidores de Kruchev, el peligro de la restauración capitalista en la URSS nunca desaparecó del todo, y la alerta contra esta dramática posibilidad debía ser continua. Desafortunadamente, la línea iniciada en la URSS tras la muerte de Stalin fue la de pensar que el capitalismo nunca sería instalado en los países socialistas, renunciando a la lucha de clases, y dejando que personajes de la calaña de Basescu (y la mayoría de los que se han aprovechado de la riqueza rumana y de la del resto de países socialistas estos 20 últimos años) pudieran llegar a puestos importantes en el Partido Comunista y, llevados por su ambición personal, apoyar la instauración de un sistema que solo beneficia a las elites; es decir, el sistema mas criminal que ha existido en la historia: el capitalismo.

Fuente: Enviado por J.L. Forneo

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