nuestro país, la industria nacional china, principalmente la textil y la harinera,
cobró nuevo desarrollo".
Posteriormente, en el año 1947, Mao señala que .se había estado formando desde
1927 en China una burguesía monopolista íntimamente aliada del imperialismo.
La formación de esta burguesía monopolista (burguesía, por cierto, de un nivel
económico muy inferior a la de los países capitalistas avanzados de Europa), es
con todo un síntoma del desarrollo capitalista que se estaba gestando en China,
pese al amplio predominio allí de formas semifeudales de economía. En su obra
"La Situación Actual y Nuestras Tareas" del año 1947, Mao afirma: "Durante los
veinte años de su dominación —las cuatro grandes familias: Chiang, Soong,
Kung y Chen— han amasado enormes fortunas que alcanzan de diez a veinte mil
millones de dólares norteamericanos, y han monopolizado las arterias vitales de
la economía del país. Este capital monopolista combinado con el Poder del
Estado, se ha convertido en el capitalismo monopolista de Estado".
A Mao Tse-tung, por consiguiente, le toca formular su teoría de la revolución en
un país semifeudal, colonial y semicolonial como China, en los momentos en que
existía ya allí un combativo proletariado y su partido de vanguardia: el Partido
Comunista de China.
En 1919, el proletariado chino que contaba ya con unos tres millones de obreros
organizados, declaró su primera huelga política contra el imperialismo. Entre
comienzos de 1922 y febrero de 1923, más de 300 mil obreros participaron en
unas 100 huelgas. Posteriormente, en el año 1925, los obreros de Shanghai
declararon una gran huelga contra los imperialistas británicos y japoneses. A
raíz de esta huelga la policía británica realizó una masacre de trabajadores. Esta
masacre provocó —en todas las ciudades importantes del país— un gigantesco
movimiento de protesta bajo las formas más variadas: huelgas, manifestaciones,
acciones armadas, mítines, etc. Tan sólo en Cantón y Hong-Kong —puerto cuyo
comercio internacional fue bloqueado por completo— la huelga duró más de un
año.
El Partido Comunista de China nació en el año 1921 y poco antes de la traición
de Chiang Kai-shek, perpetrada en 1927, tenía ya 50 mil miembros. Después de
varios altibajos en su militancia en relación con derrotas sufridas por el
predominio en su dirección de desviaciones de "izquierda" o derecha, llegó a tener
—durante la guerra de resistencia contra Japón— más de un millón 200 mil
militantes. Posteriormente, en la lucha final contra Chiang Kai-shek, su
militancia se elevó a 3 millones de miembros.
Es sabido que en 1935 —en pleno desarrollo de la Gran Marcha— el
pensamiento de Mao Tse-tung logra imponerse definitivamente en el Partido, en
lucha contra las desviaciones oportunistas.
EL PROBLEMA DEL PODER
Uno de los aportes fundamentales de Mao Tse-tung al marxismo-leninismo en su
tercera etapa de desarrollo, es el haber caracterizado claramente el tipo de
Estado y de Poder por el que hay que luchar en los países coloniales,
semicoloniales y dependientes, en la etapa previa a la revolución socialista. Mao
Tse-tung define claramente las dos etapas de la revolución y diferencia
nítidamente la primera etapa de Nueva Democracia o Democracia Popular, tanto 14
de las antiguas revoluciones democrático-burguesas como de la revolución
socialista. "La revolución democrático-burguesa en la China de hoy —escribe—
no es del viejo tipo corriente, hoy anticuado, sino de un nuevo tipo especial. Este
tipo de revolución se desarrolla en China y en todos los países coloniales y
semicoloniales, y nosotros la denominamos revolución de la nueva democracia.
La revolución de la nueva democracia es parte de la revolución mundial
socialista-proletaria, que lucha resueltamente contra el imperialismo o
capitalismo internacional... Una revolución de la nueva democracia es una
revolución de las masas populares dirigidas por el proletariado y orientada
contra el imperialismo y el feudalismo... La revolución democrática es la
(Pág. 23)
preparación necesaria para la revolución socialista; y la revolución socialista es el
resultado inevitable de la revolución democrática".
Esta clara distinción de las etapas de la revolución, hecha por Mao Tse-tung, es
la que le permite definir con meridiana claridad el tipo de Poder y de Estado a
alcanzar en cada una de esas etapas. La concepción de Mao de la revolución
ininterrumpida a través de etapas, se distingue claramente también de la
posición que tenían Trotsky y sus seguidores. Estos —como es sabido—
pretendían y aún pretenden desconocer en los países coloniales, semicoloniales y
dependientes la necesidad de la etapa revolucionaria democrático-popular, previa
a la etapa de la revolución socialista. Trotsky, en efecto, en su obra: "La
Revolución Permanente", sostenía que con el programa democrático-popular, "el
Partido Comunista chino se halla atado de pies y manos y se ve obligado a ceder
pasivamente el campo a la socialdemocracia china..." y opinaba, además, que: "la
dictadura democrática del proletariado y de los campesinos... es una ficción, un
fraude contra sí mismo, o algo peor". Como es sabido Mao Tse-tung concibió la
dictadura democrático-popular aun de un modo más amplio que aquel que
criticaba Trotsky, por su amplitud, pues incorporó al poder "a la clase obrera, el
campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional". "Dirigidas
por la clase obrera y el Partido Comunista —expresa en junio de 1949 en su obra
"Sobre la Dictadura Democrática Popular"— estas clases se unen, forman su
propio Estado, eligen su propio gobierno y ejercen la dictadura sobre los lacayos
del imperialismo es decir, sobre la clase terrateniente y la clase capitalista
burocrática..." Las afirmaciones citadas de Trotsky —como la mayor parte de sus
delirantes teorías— no necesitan comentarios, pues la propia historia se ha
encargado de dar su veredicto sobre ellas.
En la época en que Lenin vivía y aun en las discusiones posteriores de la
Internacional acerca del problema nacional y colonial o de China en particular, la
verdad es que no se concebía con claridad el tipo de Poder y de Estado que debía
surgir de la lucha antimperialista y antifeudal de los países coloniales y
oprimidos, como etapa previa al Poder y al Estado socialista. En otras palabras,
no se plantea claramente la consumación de la lucha antimperialista, antifeudal
(y antimonopolista más adelante), como una forma de Poder y de Estado a
conquistar por el pueblo dirigido por el proletariado. No se comprende tampoco
plenamente —aunque a veces formulada con cierta ambigüedad— la posibilidad
de que la burguesía nacional participe en tal forma de Estado y de Poder. Hay
ciertas referencias, por ejemplo, a algunas formas transitorias y muy localizadas
de poder, como el del Kuomintang de Wuhan en 1927 después del golpe de
Chiang Kai-shek, como una forma de dictadura "del proletariado y del
campesinado", mostrando como futuro de ella la dictadura del proletariado. Al no 15
plantearse claramente —como lo hace Mao Tse-tung para toda China— un poder
y un Estado de Democracia-Popular, como meta revolucionarla previa a la
revolución socialista y al plantearse ciertas formas estructurales, locales y
transitorias del frente único, como expresión del cumplimiento de la etapa previa
a la revolución socialista, no se encaraba en realidad la formulación de una
auténtica revolución Democrático-Popular. Con esos planteamientos se
confundía etapas de la lucha revolucionaria con etapas de la revolución. Sólo se
puede hablar de una etapa de la revolución —del modo como lo plantea para
China Mao Tse-tung— es decir, cuando hay una demolición de un tipo de Poder y
de Estado, para reemplazarlo por otro.
Mao Tse-tung, en cambio, expresa respecto a la meta de la primera etapa
revolucionaria: "La República democrática china que queremos establecer ahora,
sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los
sectores antimperialistas y antifeudales, dirigida por el proletariado es decir, una
república de nueva democracia... Esta república de nueva democracia será
diferente, por una parte, de la vieja república capitalista, al estilo europeo y
norteamericano, bajo la dictadura de la burguesía, esto es, la república de vieja
democracia, ya caduca. Por otra parte, será diferente también de la república
socialista, al estilo soviético, bajo la dictadura del proletariado, república que ya
florece en la Unión Soviética y que se establecerá también en todos los países
capitalistas y llegará a ser indudablemente la forma dominante de estructura del
Estado y del Poder en todos los países industrialmente avanzados. Esta forma,
sin embargo, no puede ser adoptada por un determinado período histórico, en la
revolución de los países coloniales y semicoloniales. Consecuentemente, en todos
estos países la revolución sólo puede adoptar en dicho período una tercera forma
de Estado: la república de nueva democracia. Esta es la forma que corresponde a
un determinado período histórico y, por lo tanto, es una forma de transición,
pero obligatoria y necesaria".
Lo más importante es que Mao Tse-tung, al establecer con meridiana claridad
esta meta revolucionaria de transición al socialismo, no sólo señaló un objetivo
para China sino para todos los países coloniales y semicoloniales. Mao Tse-tung
fue perfectamente consciente de la universalidad de su formulación —en relación
con el mundo colonial y semicolonial— realizada al definir el Estado de nueva
democracia o democracia-popular. Refiriéndose a dicho Estado, dice: "El tercer
tipo es una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las
revoluciones de los países coloniales y semicoloniales. Cada una de dichas
revoluciones tendrá necesariamente características propias, pero éstas
representarán ligeras diferencias dentro de la semejanza general. Siempre que se
trate de revoluciones en colonias o semicolonias, la estructura del Estado y del
Poder será forzosamente idéntica en lo fundamental, es decir, se establecerá un
Estado de nueva democracia bajo la dictadura conjunta de las diversas clases
antimperialistas".
Tenemos, por consiguiente, en lo que toca al problema del poder y del Estado en
el mundo colonial y semicolonial, un claro y decisivo aporte de Mao Tse-tung al
marxismo-leninismo, frente a un asunto no resuelto con anterioridad y, como
veremos más ade-
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lante, de vital importancia para resolver la contradicción principal de nuestra
época en la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. 16
LA POLITICA DE FRENTE UNICO
En lo que respecta a la política concreta de desarrollo del Frente Unico
revolucionario —uno de los instrumentos básicos para realizar con éxito la
revolución Democrático-Popular— Mao Tse-tung entregó también inestimables
aportes que han enriquecido el marxismo-leninismo. Es verdad que la
Internacional Comunista planteó al Partido Comunista de China la necesidad de
construir el frente único contra el imperialismo y las fuerzas feudales, así como
contra los sectores más reaccionarios de la burguesía. No obstante, como lo
mostrábamos en el párrafo anterior, la Internacional no precisó —con la claridad
y justeza con que lo hizo Mao— las características de la política a seguir, por
parte del proletariado y de su partido de vanguardia, en el frente único. Más aun,
el propio Stalin —que realizó también algunos valiosos aportes a la revolución
china con sus opiniones— formuló algunos planteamientos respecto a la
estrategia a seguir con los sectores intermedios en la revolución, los cuales,
aplicados en China —antes de que se impusiera allí el pensamiento de Mao Tsetung— condujeron a cometer graves errores. Nos referimos a aquel planteamiento
de Stalin cuando sostuvo que, en los distintos períodos de la revolución, el golpe
principal debe dirigirse a aislar a las fuerzas intermedias. El Presidente Mao, en
cambio, formuló la correcta orientación de, apoyándose en las fuerzas
progresistas, ganar a las fuerzas intermedias para el frente único revolucionario,
aislando a las fuerzas recalcitrantes y más reaccionarias. Esta correcta política
planteada por Mao Tse-tung, es de vital importancia en los países coloniales y
semicoloniales, donde el proletariado es relativamente débil y los enemigos son
extremadamente poderosos.
Aparte de la orientación general recién mencionada, Mao Tse-tung trazó toda una
serie de directivas y principios estratégicos. y tácticos precisos para la actuación
del proletariado y de su partido en el frente único. Señaló, por ejemplo, el
carácter dual: de unidad y lucha, de las relaciones entre el proletariado y los
diversos sectores burgueses que participan en el frente único. Sin este concepto
es imposible formular una política clara de la actuación del proletariado en el
frente único, evitando tanto los errores de derecha como los de "izquierda"; es
imposible concertar una alianza útil a la revolución con sectores sociales que
tienen fuertes antagonismos con el proletariado y, a la vez, mantener la
irrenunciable independencia del movimiento proletario, de la que hablaba Lenin.
Las formulaciones de Mao respecto al frente único contienen, además, riquísimas
directivas concretas acerca de cómo el proletariado debe tratar específicamente a
los diversos sectores no proletarios, del frente único o que están fuera de él,
discriminando cuidadosamente las diferencias que existen entre ellos. Incluso
analiza cómo tratarlos en las diversas fases del desarrollo revolucionario según
su comportamiento concreto. Realiza, además, una clara diferenciación entre las
fuerzas que constituyen la base del frente único: el proletariado y el
campesinado, respecto de las otras fuerzas que lo integran y muestra cómo es la
alianza obrero-campesina, la que condiciona la posibilidad de dirigir a los otros
sectores del frente único.
Lo anterior está íntimamente relacionado con otro principio que Mao Tse-tung
pone de relieve respecto al frente único: la base de la unidad del frente único es
la lucha y no las concesiones. Esta formulación marca una clara diferencia de los
frentes únicos fraguados por los oportunistas —basados principalmente en
concesiones a la burguesía y en renunciar a la dirección proletaria— de los
frentes únicos marxistas-leninistas. Precisamente la unidad sobre la base de la 17
lucha, particularmente de la lucha de obreros y campesinos, y la firme dirección
proletaria, es lo que hace posible el carácter ininterrumpido de la revolución por
etapas, es decir, el paso de la revolución democrático-popular a la revolución
socialista.
Todos los conceptos básicos y de principio formulados por Mao Tse-tung para la
construcción del frente único revolucionario, tienen plena validez para los países
sojuzgados por el imperialismo y oprimidos por fuerzas semifeudales y
monopolistas internas. Existe, por otra parte, una completa y estrecha relación
entre las concepciones de Mao acerca del frente único y la concreción que él
plantea de la primera etapa revolucionaria en un Estado de nueva democracia o
democracia-popular.
Nos encontramos, por lo tanto, en relación con las ideas de Mao Tse-tung sobre
el frente único —ideas plenamente confirmadas por la práctica y no sólo de la
Revolución china— con un aporte de validez universal para la inmensa mayoría
de la Humanidad, que vive en Asia, África y América latina en naciones
oprimidas por el imperialismo y atrasadas en su desarrollo económico.
LA LUCHA ARMADA POR EL PODER
Mao Tse-tung no sólo rechaza con sus concepciones las tesis revisionistas de un
camino pacífico al Poder, sino que formuló una estrategia y una táctica
totalmente originales y adecuadas a las características esenciales de los países
coloniales, semicoloniales y dependientes, para el derrocamiento armado de las
fuerzas más reaccionarias: la guerra popular. En la generalidad de los países de
Asia, África y América latina, el proletariado es débil debido al bajo desarrollo
capitalista y, por lo general, el campesinado es más numeroso que la clase
obrera. Salvo algunas excepciones, en la mayor parte de estos países predomina
la población rural por sobre la población urbana. En general, en ellos los
sectores más reaccionarios del enemigo se encuentran sólidamente fortificados y
defendidos por sus fuerzas represivas en las grandes ciudades. Estos enemigos
fundamentales del proletariado son, además, extremadamente poderosos ya que
a los terratenientes y a la burguesía monopolista o proimperialista, dispuestos a
defender a sangre y fuego sus privilegios, se suma el imperialismo que también
defiende en última instancia sus inversiones por medio de la intervención
armada.
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En los países coloniales y dependientes —por lo mismo— es muy difícil
conquistar el poder por medio de una rápida ofensiva insurreccional, como en
Rusia, y si es que se logra conquistarlo así es muy difícil mantenerlo. La
debilidad del proletariado, la intervención del imperialismo, la baja población de
las ciudades, el atraso de los sectores no proletarios y muchos otros factores,
obligan a buscar otro camino para expulsar al imperialismo y derrocar a los
sectores terratenientes y monopolistas de la burguesía.
Pues bien, Mao Tse-tung es quien da respuesta, para los países dominados por el
imperialismo y atrasados, a este problema no resuelto hasta entonces por el
marxismo-leninismo. La guerra popular soluciona el problema de cómo avanzar
en el desarrollo de una lucha armada por el Poder, siendo —en el sentido
estratégico— inicialmente más poderosas las fuerzas reaccionarias. Nos enseña a
combatir cuando nos conviene y a retirarnos si una batalla nos será
desfavorable. Nos enseña, estando en inferioridad estratégica respecto al 18
enemigo, a conseguir superioridad táctica sobre él en cada batalla o, en caso
contrario, a eludir un enfrenta-miento decisivo.
Mao Tse-tung nos enseña que la guerra popular es la guerra de las masas y que
no puede tener éxito sino movilizando al pueblo para que, de una u otra manera,
participe en ella. Nos enseña, en función de lo anterior, que en la guerra popular
es preciso poner la política al mando y que el Partido gobierne el fusil; a confiar
más en el hombre que en los armamentos o en la técnica militar o a resolver
todos los problemas de la guerra basándonos fundamentalmente en los propios
esfuerzos del pueblo. Una guerra de esta especie no pueden practicarla los
reaccionarios —aquellos que oprimen al pueblo— por mucho que hayan
estudiado sus principios.
Mao Tse-tung, en las difíciles condiciones de los países atrasados, nos enseña a
des-preciar estratégicamente al enemigo inicialmente más poderoso,
desencadenando la guerra contra él, y tomándolo muy en serio en el sentido
táctico, para no ser prematuramente aniquilados. Nos muestra que una guerra
de esta especie será necesariamente una guerra de carácter prolongado en su
desarrollo y que dicho desarrollo intensificará las contradicciones en el seno del
enemigo y acrecentará las ventajas de las fuerzas revolucionarias. Mientras el
adversario irá sufriendo el aniquilamiento progresivo de sus fuerzas armadas,
más y más sectores del pueblo se sumarán a las fuerzas armadas populares o a
tareas de apoyo a ellas. Mientras el enemigo reaccionario se descompone política
y moralmente y pierde su base de sustentación inicial, las fuerzas
revolucionarias van ganando cada día más apoyo y prestigio. Mientras el enemigo
se desconcierta con sus fracasos, se desorganiza y pierde armamentos, el ejército
popular eleva constantemente su experiencia de combate, robustece su moral y
se arma a costa del enemigo.
La guerra popular nos enseña a dar principalmente batallas de aniquilamiento
contra el enemigo y no de simple desgaste o contención; a buscar este
aniquilamiento del adversario, por encima del intento de controlar determinados
territorios; a aniquilar al enemigo en aquellos puntos en que es más débil y
cuando se encuentra dividido; a comenzar por golpearlo en el campo y en las
ciudades pequeñas y medias, para más adelante —cuando seamos
estratégicamente más fuertes— derrotarlo allí donde es más poderoso: en las
grandes ciudades. Nos enseña a hacernos fuertes en aquellos lugares que
podamos defender con el apoyo de las masas, creando bases de apoyo que sirvan
de sustento, aunque sea temporal, al Poder y al ejército popular.
La concepción general o estratégica de la guerra popular —de la cual hemos
enumerado algunas características- está acompañada de numerosas
indicaciones tácticas hechas por Mao, la mayor parte de las cuales poseen
también un valor universal para la guerra revolucionaria de los pueblos
sometidos al imperialismo y aun para la lucha revolucionaria en los países
avanzados.
La concepción de la guerra popular, formulada por Mao Tse-tung y probada en
las dos guerras civiles chinas y en la guerra antijaponesa de ese país, así como
en Vietnam y muchos otros lugares, es una de las más geniales aplicaciones del
materialismo dialéctico a la solución de un problema revolucionario. Sus
conceptos enriquecen y modifican en muchos aspectos incluso el arte
insurreccional ya probado en los países capitalistas más desarrollados. 19
La formulación de la teoría de la guerra popular, así como sus otros aportes al
marxismo-leninismo, pudo llevarlos a cabo Mao Tse-tung por el carácter
profundamente
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antidogmático de su pensamiento. Pudo hacerlo porque se propuso dominar no
sólo las leyes de la guerra en general o tan sólo las leyes de la guerra
revolucionaria, sino que profundizar en las leyes de la guerra revolucionaria en
China. Al aplicar el marxismo-leninismo en forma concreta a su país y romper
con la tendencia dogmática a copiar mecánicamente la experiencia revolucionaria
de otros países, pudo Mao Tse-tung realizar un aporte verdaderamente creador al
marxismo-leninismo.
Junto con las diferencias que tiene China respecto a otros países coloniales,
semicoloniales o dependientes, dicho país posee básicamente rasgos comunes
con ellos. Por lo mismo, Mao Tse-tung formuló teorías que en sus aspectos
esenciales son plenamente aplicables a los países subyugados por el
imperialismo y atrasados en su economía. Al aplicar las leyes de la guerra
popular, que son válidas para países como los de América latina, Asia y África,
debemos hacerlo impregnados del profundo espíritu antidogmático que hizo
posible los aportes de Mao Tse-tung al marxismo. Debemos hacerlo respetando
los principios del marxismo-leninismo-maoísmo que son comunes a las
condiciones objetivas de China y de nuestros países, pero teniendo siempre
presente las condiciones concretas y específicas de cada país.
LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL
Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo un profundo cambio en la
importancia relativa de las contradicciones fundamentales del mundo
contemporáneo. En la época de Lenin, y hasta la pasada guerra mundial,
continuó siendo la contradicción principal y más aguda la existente entre el
proletariado de ciertos países capitalistas desarrollados y sus burguesías; así
como la contradicción entre ciertas potencias imperialistas empeñadas en
destruir a la URSS, y esta nación, que se había transformado en el baluarte del
proletariado internacional. En esos momentos en que se consolidaba con grandes
dificultades el Poder soviético, la defensa de la URSS constituía uno de los
deberes más actuales y fundamentales de los movimientos proletario y colonial.
"La situación política mundial —escribe Lenin en 1920— ha planteado ahora en
el orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado, y todos los
acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable en un
punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República
Soviética de Rusia, la cual agrupa necesariamente en torno suyo, de una parte,
los movimientos soviéticos de los obreros de vanguardia de todos los países y, de
otra parte todos los movimientos de liberación nacional de las colonias y de los
pueblos oprimidos, que se convencen por amarga experiencia de que no existe
para ellos otra salvación que el triunfo del Poder Soviético sobre el imperialismo
mundial".
Después de la Segunda Guerra Mundial —y en gran parte como consecuencia de
ella— el imperialismo norteamericano se transformó en el centro de la reacción
mundial, en la sede de los mayores monopolios capitalistas conocidos en la
historia, en el mayor y más agresivo explotador de otros pueblos y en el más
sanguinario, agresivo y cruel núcleo contrarrevolucionario que haya existido
nunca. 20
El capitalismo monopolista yanqui ha logrado controlar con fuertes inversiones o
influir de un modo bastante decisivo, en los propios monopolios capitalistas de
las otras naciones imperialistas. Por este camino explota, también, a través de
esos monopolios, a la casi totalidad del mundo colonial, semi-colonial o
dependiente. El imperialismo norteamericano concentra en sus manos y maneja
a diversos imperialismos, siendo así, hoy por hoy, el enemigo número uno y
común de todos los pueblos del mundo. Este factor de unificación de la lucha, de
todos los pueblos del mundo contra su principal y común enemigo: el
imperialismo norteamericano, ha prestado un inmenso vigor en especial a la
lucha de los países coloniales y oprimidos, que sufren la más feroz explotación
foránea e interna.
Por otra parte, los pueblos de Asia, África y América latina, reciben sobre sus
espaldas el peso principal de las contradicciones y crisis que azotan al
capitalismo monopolista en su agonía. Soportan las consecuencias de la violenta
pugna del imperialismo yanqui con las otras naciones imperialistas —incluyendo
entre ellas al social-imperialismo soviético— por los mercados de inversión, por
las materias primas y mercados de venta. Esta competencia y la resistencia de
los pueblos a ser explotados, exige gigantescos gastos en armas, propaganda,
fuerzas militares y policiales, sobornos, etc., gastos que recaen principalmente
sobre los pueblos de los tres continentes mencionados. Los países imperialistas,
además, y muy especialmente Estados Unidos, deben emplear una parte de sus
utilidades para comprar a los líderes oportunistas y a ciertas capas privilegiadas
del proletariado en sus naciones y aun en el propio mundo colonial y
dependiente, para que frenen la lucha revolucionaria. Estos gastos recaen
también, en última instancia, sobre los pueblos de Asia, África y América latina
oprimidos todavía por el imperialismo. En resumen, la propia política de
explotación directa de nuestros trabajadores, que se ejerce en las empresas
controladas por el imperialismo, requiere fabulosas sumas adicionales, que se
multiplican día a día en la medida en que el sistema imperialista se descompone,
y que representan una bestial superexplotación de nuestros pueblos. Esta
despiadada superexplotación y la feroz represión que la hace posible, no podía
menos que despertar una poderosa lucha de los países sojuzgados por el
imperialismo en contra de éste.
Los factores señalados —entre otros— han determinado que en la época actual
se haya trasladado el centro de la lucha revolucionaria mundial, del proletariado
de los países capitalistas más desarrollados a los países de Asia, África y América
latina. En su obra "Viva el Triunfo de la Guerra Popular", Lin Piao ha señalado
con razón al respecto: "Las crecientes tempestades revolucionarias que se han
desatado en estas regiones en la post-guerra, se han convertido en la fuerza más
importante que golpea hoy directamente al imperialismo norteamericano. La
contradicción entre los pueblos revolucionarios de Asia, África y América latina y
el imperia-
(Pág. 27)
lismo encabezado por los Estados Unidos, es la contradicción principal del
mundo contemporáneo".
Es verdad que los sectores mas explotados del proletariado de los países
capitalistas avanzados combaten heroicamente contra su burguesía y contra la
creciente dominación del imperialismo yanqui sobre sus naciones. Sin embargo,
en dichas naciones la burguesía puede todavía —a costa de un siglo de
explotación colonial— sobornar dirigentes y mantener ciertas capas privilegiadas 21
del proletariado que se resten a la lucha y aun que se opongan a ella. A estas
formas de corrupción directa empleadas por la burguesía se suma la monstruosa
traición del revisionismo contemporáneo encabezado por los dirigentes de la
URSS y la desmoralización que provocan al hacer abandono de todas las
conquistas básicas que realizara el proletariado en las naciones dominadas por
ellos y que integran el Pacto de Varsovia. Estos renegados —como nueva
burguesía y operando desde el Poder— financian e inspiran a partidos obreros
burgueses existentes en prácticamente todos los países capitalistas del mundo.
Si bien el revisionismo contemporáneo, que frena la lucha, opera también en el
mundo colonial y dependiente, la intensidad de la explotación que pesa sobre
estos países y su atraso económico, no permite que los oportunistas tengan en
ellos una base social amplia y relativamente estable y que engañen en forma
prolongada al pueblo.
Por otra parte, la amenaza externa que existía antes de la Segunda Guerra
Mundial por parte de las potencias imperialistas contra la URSS, para restaurar
allí el capitalismo, ha variado profundamente de naturaleza. Ahora, tal regresión
la están llevando a cabo los propios dirigentes soviéticos y de un modo pacífico.
La aguda contradicción que existía en los tiempos de Lenin, entre la URSS y el
imperialismo, actualmente —debido a la traición revisionista— se ha tornado en
colaboración y complicidad. En consonancia con esto —como veremos más
adelante— ha debido cambiar también la estrategia y táctica de los marxistaleninistas en la lucha por el socialismo en la URSS y en otras naciones
seudosocialistas.
A los factores de superexplotación ya mencionados sobre los países coloniales y
oprimidos, que hacen de la contradicción entre ellos y el imperialismo la
principal contradicción de nuestra época, se suma —acrecentando este
antagonismo— el desarrollo del capitalismo y con él del proletariado, que ha
promovido el imperialismo al acrecentar aun más sus inversiones después de la
Segunda Guerra Mundial en los países que explota y oprime. Es preciso tomar en
cuenta que en el grado actual de desarrollo alcanzado por el imperialismo, éste
no invierte ya tan sólo en materias primas sino que está montando —en los
países coloniales, semicoloniales y dependientes— complejas empresas
industriales para liberarse de los impuestos de la metrópoli, obtener mano de
obra barata y acercarse a las fuentes de materias primas. El imperialismo
yanqui, además se encuentra embarcado en una intensa campaña para
apoderarse, sobre la base de capitales mixtos, de las empresas estatales y
particulares más rentables de los países capitalistas y atrasados. Todo esto no ha
podido menos que desarrollar el capitalismo y al proletariado en las naciones y
países subyugados por el imperialismo. Desde el triunfo de la grandiosa
Revolución china, el proletariado cada vez más fuerte de estos países no tiene por
meta tan sólo encabezar la lucha por la liberación nacional y contra los
terratenientes y las burguesías monopolistas, sino el desgajarse del sistema
capitalista para conquistar el socialismo. Existen, por consiguiente, fuerzas
proletarias cada vez más sólidas en Asia, África y América latina, que están
tomando en sus manos la contradicción principal de nuestra época, aquella que
sepultará definitivamente el sistema de explotación del hombre por el hombre.
El propio Lenin, con genial intuición, alcanzó a prever en su época la importancia
decisiva que jugaría más adelante la lucha de los pueblos y naciones oprimidos.
En el III Congreso de la Internacional Comunista celebrado en 1921, expresa: "Y
es claro a todas luces que, en las futuras batallas decisivas de la revolución
mundial, el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo, 22
encaminado al principio hacia la liberación nacional, se volverá contra el
capitalismo y el imperialismo y desempeñará tal vez un papel revolucionario
mucho más importante de lo que esperamos". Y en otro artículo dirigido a "La
Asociación Revolucionaria de la India", dice: "Únicamente cuando los obreros y
los campesinos hindúes, chinos, coreanos, japoneses, persas y turcos se tiendan
la mano unos a otros y marchen juntos en la lucha común de liberación,
únicamente entonces quedará asegurada la victoria decisiva sobre los
explotadores". Y en 1923, Lenin afirma: "Algunas gentes, no atentas a las
condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de masas, habían caído en la
desesperación y el anarquismo, influidas por el largo aplazamiento de la lucha
decisiva contra el capitalismo en Europa. Hoy vemos todo lo miope y pusilánime
que es la desesperación anarquista. No desesperación, sino ánimo debe inspirar
el hecho de que ochocientos millones de hombres de Asia se hayan incorporado a
la lucha por los mismos ideales europeos".
Son precisamente los geniales conceptos de Mao Tse-tung acerca del frente
único, de la guerra popular y otros, los que permiten actualmente encarar mejor
en escala mundial al imperialismo para derrotarlo, desarrollando una estrategia
global revolucionaria, que se apoye en la contradicción principal de nuestra
época: la de los pueblos y naciones oprimidos contra el imperialismo. Como
señala Lin Piao: "Mirado el mundo en su conjunto, la América del Norte y la
Europa Occidental pueden ser llamados las 'ciudades del mundo' y Asia, África y
América latina, sus 'zonas rurales'. Después de la Segunda Guerra Mundial, por
diversos motivos el movimiento revolucionario proletario en los países
capitalistas de la América del Norte y de la Europa Occidental, se ha visto
retardado temporalmente, mientras el movimiento revolucionario popular en
Asia, África y América latina se ha desarrollado con todo vigor. De modo, pues,
que la revolución mundial de nuestros días también presenta, en cierto sentido,
una situación en
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que las ciudades se ven rodeadas por el campo. La causa de la revolución
mundial dependerá, en fin de cuentas, de la lucha revolucionaria de los pueblos
de Asia, África y América latina, que representan la mayoría abrumadora de la
población mundial".
El pensamiento de Mao Tse-tung, por lo tanto, no sólo nos entrega una estrategia
y una táctica probadas y correctas para desarrollar la lucha revolucionarla en el
interior de cada uno de los países sometidos al imperialismo, sino que permite
también formular una estrategia general revolucionaria para terminar con el
imperialismo y la explotación sobre la faz de la tierra. Así como las teorías de
Marx y Engels primero, y las de Lenin más tarde, dieron en su tiempo respuesta,
desde el punto de vista de los intereses del proletariado, a las contradicciones
principales de ese entonces, en nuestros días el pensamiento de Mao Tse-tung
cumple este papel histórico.
LA REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA
En el mundo contemporáneo ha surgido un gravísimo problema en aquellos
países donde el proletariado logró derrocar a la burguesía, abriendo de este modo
paso a la construcción del socialismo. Este problema dice relación con las
medidas que el proletariado debe tomar para continuar en el socialismo la lucha
de clases contra la burguesía e impedir que se apodere del poder una nueva
burguesía burocrática —que controle en su beneficio los medios socializados de 23
producción— y que termine por restaurar el capitalismo y la propiedad privada
sobre los medios de producción.
Mao Tse-tung realizó también un genial aporte a la nueva etapa de desarrollo del
marxismo-leninismo, resolviendo el problema de cómo conducir la lucha de
clases en la sociedad socialista. Desde el triunfo mismo de la Revolución de
Nueva Democracia en 1949, Mao Tse-tung ha encabezado y orientado la línea
proletaria de construcción del socialismo, en permanente lucha contra la línea
burguesa. Esta lucha ha culminado con la reciente Gran Revolución Cultural
Proletaria —dirigida personalmente por Mao Tse-tung— en que las grandes
masas populares encabezadas por el proletariado, han arrebatado aquella parte
del poder usurpado por quienes pretendían restaurar el capitalismo en China.
Mao Tse-tung demuestra cómo no es posible para establecer la influencia y lucha
de las clases sociales, particularmente en el socialismo en que la burguesía ha
sido ya derrotada en el terreno económico y en su dominio absoluto sobre el
Poder, atenerse tan sólo a una definición de las clases según el papel que ocupen
en la producción. "Al juzgar a las clases —señala— debemos considerar no sólo
los aspectos económicos sino los aspectos políticos e Ideológicos". Si bien en el
socialismo las clases explotadoras han sido —en lo fundamental— expropiadas y
privadas del Poder, la lucha contra ellas en el terreno de la superestructura debe
proseguir con gran vigor hasta su derrota completa.
Ya en su obra "Sobre la Contradicción", escrita en 1937, Mao plantea que en
determinadas condiciones la superestructura puede jugar el papel más
importante y decisivo en el desarrollo de la revolución.
"Es verdad —afirma allí— que las fuerzas productivas, la práctica y la base
económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo; quien
niegue esto no es materialista, pero hay que admitir también que, bajo ciertas
condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura
desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el desarrollo de las
fuerzas productivas se hace imposible sin un cambio de las relaciones de
producción, este cambio desempeña el papel principal y decisivo... Cuando la
superestructura (política, cultural, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base
económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal y
decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto? No. La
razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo
histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la
conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción que a
su vez ejerce lo espiritual sobre lo material, la conciencia social sobre el ser social
y la superestructura sobre la base económica. No vamos así contra el
materialismo sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos
firmemente el materialismo dialéctico".
Pues bien, precisamente en el sistema socialista —según expresa Mao— "después
de eliminados los enemigos con fusiles, quedarán los enemigos sin fusiles,
quienes entablarán, inevitablemente, una lucha a muerte contra nosotros; jamás
debemos subestimarlos". Esta lucha de clases en el socialismo contra la
burguesía se libra especialmente en la superestructura. De otro modo los
remanentes de las clases reaccionarias derrotadas y aquellos elementos
revolucionarios que se corrompen, crearán una opinión pública favorable a sus
intentos de restaurar el capitalismo y, por último, lograrán hacerlo de hecho.
"Para derrocar el Poder político —expresa Mao— es siempre necesario, ante todo, 24
crear opinión pública y trabajar en el terreno ideológico. Así proceden las clases
revolucionarias, y también las clases contrarrevolucionarias".
Existe toda una ideología con que las clases reaccionarias preparan en el
socialismo la restauración del capitalismo: los incentivos materiales en la
economía, el egoísmo, el individualismo, el burocratismo y la separación de las
masas, el nacionalismo contrario al internacionalismo proletario, el tecnicismo
apolítico, etc. Esta es, precisamente, la línea burguesa que —desorientando a las
masas— ha hecho posible la usurpación del Poder en la URSS y otros países de
Europa Oriental, por una nueva .burguesía burocrática que aprovecha en su
beneficio las empresas estatales y que va entregando progresivamente nuevos
medios de producción a manos privadas.
Lenin alcanzó a percibir la importancia de proseguir la lucha contra la burguesía
en el socialismo y advirtió en varias ocasiones contra la posibilidad de
restauración del capitalismo en la URSS. Sin embargo, le tocó vivir sólo unos
pocos años después del triunfo del socialismo en Rusia y durante un período de
violento enfrentamiento económi-
(Pág. 29)
co y militar contra las potencias imperialistas, en que difícilmente existía en la
URSS un terreno favorable a la restauración interna del capitalismo. Por ello,
puso especial énfasis en la construcción acelerada de la economía socialista —en
especial de la industria pesada— que haría posible la autonomía económica y la
defensa militar de la URSS.
Mao Tse-tung, esgrimiendo conceptos ideológicos, políticos y morales con que
había inspirado al Partido y al Ejército Popular desde los tiempos de Yenan,
desencadenó —a través de la Revolución Cultural Proletaria— el más gigantesco
movimiento de masas conocido en la historia, para derrocar a los revisionistas
que pretendían restaurar el capitalismo en China, encabezados por el traidor Liu
Shao-chi.
La Revolución Cultural Proletaria es el paso más formidable dado en un país
socialista hacia la meta del comunismo, en que se extinguirá el Estado y las
masas tomarán en sus manos plena y conscientemente los asuntos políticos,
militares, culturales y de todo tipo.
A través de la Revolución Cultural se ha fortalecido el temple de las nuevas
generaciones chinas, dándole a la juventud un relevante papel en la propia
Revolución Cultural e intensificando su conocimiento de las luchas y
sufrimientos del pasado, que a ella no le tocó vivir, para que conozca el alto
precio que el pueblo pagó por el socialismo y evitar de este modo el conformismo
y aburguesamiento de la juventud que existe en los países seudosocialistas.
A través de la Revolución Cultural, se ha motivado a las grandes masas a tomar
en sus manos los asuntos del Estado, así como los problemas culturales,
militares y de todo tipo de la construcción socialista. Se ha impulsado la
formación de un hombre integral, que conozca por experiencia directa los
problemas agrícolas, industriales, culturales y militares. Se ha promovido, al
mismo tiempo, por primera vez en la historia, un estudio masivo y una aplicación
masiva del marxismo-leninismo y de su tercera etapa: el pensamiento de Mao
Tse-tung.
A partir de la Revolución Cultural, se ha intensificado la lucha contra la
burocratización y por la participación de todos los dirigentes de cualquier orden, 25
en el trabajo productivo junto a las masas y en la necesidad de aceptar la critica
permanente de las masas.
La Revolución Cultural ha dado un paso gigantesco hacia la formación del futuro
hombre de la sociedad comunista, llevando la revolución, la lucha de clases entre
el proletariado y la burguesía "hasta el alma misma de la gente". Ha enseñado a
cada hombre a transformarse a sí mismo en blanco de la revolución y a combatir
en su propia conciencia las ideas, sentimientos y hábitos reaccionarios. Al
combatir la ideología burguesa en China, la Revolución Cultural ha sacado a luz
el riquísimo contenido de la moral revolucionarla, con que Mao Tse-tung educara
desde hace decenios al Partido Comunista de China. Los conceptos de "servir al
pueblo", de poner los intereses públicos por sobre los privados, de ser modestos y
con espíritu autocrítico, de ser resueltos y no temer a los sacrificios para
conquistar la victoria, y tantos otros, no sólo tienen ya importancia para el
pueblo chino sino para todos los revolucionarios del mundo.
Tenemos, pues, que Mao Tse-tung respecto a este nuevo problema trascendental
de nuestra época, el de cómo hacer la revolución dentro de la propia sociedad
socialista para impedir allí que las antiguas clases reaccionarias y los
revisionistas contemporáneos restauren el capitalismo, y avanzar resueltamente
hacia el comunismo ha dado, en la teoría y en la práctica, una respuesta
correcta, desarrollando el marxismo-leninismo a un nuevo nivel. La firme lucha
que el Partido Comunista de China encabezado por Mao —siguiendo la tradición
leninista— ha dado contra el revisionismo contemporáneo, se eleva a un nuevo
plano más avanzado al mostrar —a través de la Revolución Cultural— como se
resuelve este problema de la lucha de clases en el socialismo que,
lamentablemente, ha sumado a las fuerzas de la burguesía a una serie de
Estados donde el proletariado había conquistado el Poder.
Si consideramos —como es correcto hacerlo— la lucha del mundo colonial, semicolonial y dependiente de nuestra época por su liberación y por el socialismo,
como la contradicción principal que se opone a la burguesía imperialista
contemporánea; si consideramos la lucha contra la corrupción y restauración
capitalista surgida en el propio mundo socialista, y contra el revisionismo
contemporáneo como problemas vitales de nuestra época, encontraremos en el
pensamiento de Mao Tse-tung —etapa nueva del marxismo-leninismo— la
solución correcta a estos problemas.
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(*) Primera Edición: Abril 1970
Edición Digital preparada por: Archivo Revolucionario Comunista. Abril 2005.
Chile.
Fuente: Causa ML, n° 17 de Abril de 1970. Stgo-Chile. [Revista teórica d