El koljós gigante de Cherbani

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    El koljós gigante de Cherbani

    Mensaje por Gorky el Vie Jun 03, 2011 8:47 am

    El koljós gigante de Cherbani

    Por Evgueni V. Novikov, periodista soviético especialista en agricultura y en desarrollo agroindustrialy social de las zonas rurales.

    Con la misma fatalidad inexorable de hace siglos, las sequías suelen azotar en nuestros
    días las estepas próximas al mar Negro donde está situada la antigua aldea de Cherbani.
    Y aunque las tierras negras de la región son capaces de producir abundantes cosechas,
    cuatro de cada diez años son críticos debido a la falta de agua. La zona presenta grandes
    riesgos para la agricultura, pero allí, sin embargo, la Unión Soviética debe realizar su
    principal esfuerzo de producción cerealista para obtener tres cuartos de todo el grano
    que se cosecha en el país.

    La aldea de Cherbani es más antigua que muchas aldeas soviéticas. En 1984 se
    cumplirán 250 años desde que por primera vez los cosacos que defendían los confines
    meridionales de Rusia instalaron en ese sitio su campamento de invierno. Entre una y
    otra campaña los cosacos llevaban una vida pacífica, construían sus casas, formaban sus
    hogares, sembraban trigo y se dedicaban a la ganadería de ovinos. A mediados del siglo
    pasado la población de Cherbani contaba con unas 1 .600 almas, cifra que no ha variado
    hasta nuestros días.

    En la actualidad los campesinos de Cherbani se encuentran agrupados en el seno de un
    koljós, una de esas cooperativas agrícolas de producción que constituyen una forma
    típica de organización de la agricultura soviética. Los koljoses y los sovjoses estos
    últimos son empresas agrícolas estatales proporcionan en la URSS el 90% de los
    productos agropecuarios.

    De conformidad con sus estatutos, pueden ser miembros del koljós de Cherbani todos
    los habitantes de la aldea de más de 16 años que quieran participar con su trabajo en la
    producción social. La administración del koljós está a cargo de una dirección
    encabezada por un presidente y elegida por periodos de tres años. La cooperativa
    agrícola dispone de 10.000 hectáreas de tierras que el Estado le ha entregado a
    perpetuidad para su explotación.

    Desde hace 25 años la asamblea general del koljós elige invariablemente como
    presidente a Nicolai Riaboshapka.

    Fuerte, de cabellos plateados y con grandes bigotes al estilo cosaco, Nicolai
    Riaboshapka da la impresión de un hombre enérgico y comunicativo.

    El koljós explica el presidente cuenta con 6.500 hectáreas de tierras cultivables, de las
    cuales sólo un tercio son de regadío. Anualmente produce de 6.000 a 10.000 toneladas
    de cereales, de 9.000 a 12.000 toneladas de hortalizas, de 700 a 850 toneladas de semilla
    de girasol, hasta 1.200 toneladas de carne, más de 3.000 toneladas de leche, 30
    toneladas de lana de oveja y más de 1,5 millones de huevos. La mayor parte de la
    producción se vende al Estado y el koljós recibe por ella alrededor de 5 millones de
    rublos de ingreso bruto (1 rublo = 1,4 dólares de Estados Unidos).

    Nuestras relaciones con el Estado explica el presidente se basan en el plan. Al trazar los
    planes de producción para el año o el quinquenio,
    comenzamos por ponernos de acuerdo con los organismos locales de planificación sobre el tipo de producción y las
    cantidades que podemos vender. Sobre la base de nuestras futuras entregas recibimos
    créditos y podemos comprar equipos, combustible, fertilizantes y otros bienes
    industriales.

    Desde un punto de vista formal, el koljós es independiente. Sin embargo, el
    entrelazamiento de los intereses económicos del koljós con los del Estado conduce a
    una situación de dependencia recíproca que, en opinión del presidente, favorece en
    general a los koljosianos. Estos cuentan, gracias a ello, con un mercado seguro para sus
    productos y los precios de compra fijados por el Estado son suficientemente elevados
    para garantizar un margen adecuado de ganancias.

    Entre los años 1976 y 1980, por ejemplo, el precio de compra de los cereales se tradujo
    en dos ocasiones en beneficios superiores a 100% y sólo en 1980, que fue un año de
    malas cosechas, los beneficios disminuyeron a 60%. Más ventajosa todavía ha resultado
    la venta de girasol y de hortalizas, pero cabe señalar, sin embargo, que en los últimos
    años la producción de leche y carne se ha vuelto deficitaria. La rentabilidad general del
    koljós ha sufrido oscilaciones, pero aún en los años de mayor sequía nunca ha ascendido
    a menos de 12%.

    En lo que respecta a la ganadería, se estima que su rentabilidad ha de aumentar en el
    futuro, pues a partir de enero de 1983 el Estado elevó en todo el país los precios de
    compra de la leche y de la carne.

    Cada año se destinan cerca de 16.000 millones de rublos del presupuesto estatal al
    aumento de los precios de compra de los productos agrícolas y a asignaciones
    complementarias sobre los precios de los productos cuya producción resulta poco
    ventajosa. Una característica de la economía soviética es que en los años agrícolas
    favorables no se rebajan los precios de compra, mientras que la venta de los excedentes
    de producción (calculados sobre la producción media de los últimos cinco años) se
    estimula a través de precios elevados.

    Las obligaciones adquiridas de común acuerdo en relación con el plan se traducen en la
    estabilidad de la producción del koljós y en la orientación de ésta. No existen
    posibilidades de cambios bruscos en la producción de un año a otro. Sin embrago, si
    cumple sus compromisos, el koljós tiene libertad para administrar sus recursos como
    estime necesario.

    En la Rusia zarista las mejores tierras cultivables pertenecían a los grandes latifundistas,
    a los miembros de la familia real, a los especuladores, quienes nunca las habían
    trabajado. Ellos poseían en total 150 millones de hectáreas. Por otra parte, los
    agricultores ricos, los kulaks, eran dueños de 80 millones de hectáreas, que
    correspondían a la sexta parte de la superficie de todas las propiedades agrícolas. Los
    135 millones de hectáreas restantes se repartían entre más de 20 millones de familias de
    pequeños campesinos.

    Por regla general, el producto de la pequeña propiedad agraria no alcanzaba para el
    sustento de la familia campesina. En los años de cosecha normal, al campesino ruso no
    le alcanzaban sus reservas de trigo hasta la próxima recolección.
    Millones de personas padecían hambre mientras los kulaks y los señores feudales vendían el trigo al
    extranjero. Rusia era por entonces un importante exportador de cereales.
    Después de 1917 el Decreto sobre la Tierra dictado por el naciente Estado soviético
    abolió el derecho de propiedad privada sobre el suelo, confiscando todas las
    propiedades del zar y de los latifundistas. Se reconoció a todos los ciudadanos que
    quisieran labrar la tierra el derecho a cultivarla por sí mismos, suprimiéndose la
    explotación del trabajo asalariado.

    Sin embargo, las posibilidades económicas de las parcelas campesinas eran muy
    menguadas. Si consideramos que cada familia sembraba hasta diez cosechas diferentes,
    es fácil imaginar lo reducido de las superficies que se destinaban a cada una de ellas.
    Muchas veces el espacio era tan reducido que casi no permitía girar al arado.
    La única solución era la colectivización de la agricultura con la creación de cooperativas
    agrícolas de producción.

    En 1924 se fundó en Cherbani el primer koljós. Sólo 11 de las 300 familias de
    campesinos pobres resolvieron ingresar en él. El poder popular les entregaba créditos,
    semillas, equipos y maquinaria agrícola. Fue preciso que transcurrieran cinco años para
    que la gran mayoría de los campesinos superaran sus prejuicios frente al trabajo
    cooperativo. En 1929, los campesinos pobres y medianos organizaron en Cherbani seis
    koljoses, cada uno de los cuales poseía como promedio 1.500 hectáreas de tierra. Un
    año más tarde los koljosianos vendían al Estado 14,7 toneladas de trigo, lo que
    constituye un gran éxito.

    A pesar de las enormes destrucciones que la URSS padeció durante la Segunda Guerra
    Mundial, la economía soviética ha conocido desde entonces un crecimiento acelerado.
    Las estadísticas muestran que a comienzos de este siglo el 75% de la población activa
    de Rusia trabajaba en el campo. Los trabajadores de esa categoría representan
    actualmente un cuarto de ese porcentaje. Al mismo tiempo la producción agrícola se ha
    multiplicado casi por cuatro.

    El promedio de la producción anual de cereales, que entre 1909 y 1913 fue de 72,5
    millones de toneladas, alcanzó en la segunda mitad del decenio de los años 70 a 205
    millones de toneladas. Actualmente se producen 0,8 toneladas de grano por persona, lo
    que todavía se considera insuficiente. Se estima que para satisfacer las necesidades de
    cereales de la población, alimentar el ganado de manera estable y cumplir los
    compromisos de exportación, debería producirse una tonelada de grano por persona.

    Cabe destacar que en los años de poder soviético la producción de carne y leche
    aumentó en más de 3 veces, la de hortalizas en 5 veces, la de huevos en 6 veces y la de
    algodón en casi 15 veces. La URSS es actualmente el primer productor mundial de
    trigo, remolacha azucarera, girasol, algodón, lino, patatas, leche y mantequilla.

    A parejas con la producción de alimentos ha crecido también la población, que
    aumentó, desde 1965, en 35 millones de personas. El consumo se ha incrementado de
    modo importante; 40% el de carne y sus derivados, 25% el de leche y aceite vegetal,
    100% el de huevos, 35% el de hortalizas.

    Pero el aumento de salarios de los últimos años ha sobrepasado la producción
    alimenticia, por lo cual ha sido necesario adquirir ciertas cantidades de alimentos en el
    extranjero.

    Para equilibrar la oferta y la demanda se ha aprobado y puesto en práctica un Programa
    Alimentario, que tiene por objetivo abastecer a la población con la máxima eficacia.
    Suele compararse la productividad de la agricultura soviética con la de los países de alto
    desarrollo agrícola, olvidando a menudo que el campesino soviético debe producir en
    condiciones climáticas y naturales muy desfavorables.

    En la URSS el 60% de las tierras cultivables y el 58% de las siembras se encuentran en
    zonas secas o semisecas; el 40% de los cultivos reciben menos de 400 mm de agua de
    lluvia por año. Sólo el 1, 1 % de las tierras destinadas a la agricultura se encuentran en
    zonas óptimas para el cultivo.

    La familia koljosiana tiene derecho al goce de una parcela agrícola de 0,5 hectáreas,
    cuya explotación le proporciona un ingreso complementario.

    Gracias a la explotación de sus parcelas las 581 familias de Cherbani suplen sus
    necesidades de legumbres, hortalizas, patatas y frutas y obtienen además un excedente
    que pueden vender en el mercado koljosiano.

    Como un modo de estimular a los koljosianos a que críen animales en sus parcelas, el
    koljós les vende pollos, cerdos y terneros a precios cercanos al de costo. Al mismo
    tiempo les abastece de forraje y les procura asistencia veterinaria y zootécnica.

    Entre los miembros del koljós se cuenta casi un centenar de especialistas con educación
    superior o media: agrónomos, especialistas en zootecnia, ingenieros, mecánicos, etc. En
    la aldea rusa de comienzos de este siglo las únicas personas ilustradas eran el pope, el
    terrateniente, el practicante, el maestro y el agrimensor. Más de dos tercios de los
    campesinos no sabían leer ni escribir. Actualmente dos de cada tres habitantes de la
    aldea han recibido educación superior (completa o incompleta).

    Una de cada tres familias posee su propia biblioteca. Las dos bibliotecas de Cherbani
    cuentan con un total de 18.000 volúmenes.

    En una de esas bibliotecas pude leer un documento de hace cien años que rezaba así:
    "Los habitantes del distrito están sumidos en tal miseria que es indispensable y urgente
    prestarles ayuda. Esta ayuda debe ser gratuita, pues un préstamo no haría sino acrecer
    las deudas enormes de la población, deudas que ésta difícilmente podrá pagar algún
    día...".

    Al leerlo comprendí que este documento puede servir a los habitantes de Cherbani de
    punto de referencia para apreciar toda la importancia de los cambios que se reflejan en
    su vida actual.

      Fecha y hora actual: Vie Dic 09, 2016 10:41 am