El pueblo debe saber de qué se trata

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    valadares
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    El pueblo debe saber de qué se trata

    Mensaje por valadares el Dom Mayo 22, 2011 3:33 am

    Por Palermo Bronx
    http://palermobronx.blogspot.com/2011/05/el-pueblo-debe-saber-de-que-se-trata.html


    Ellos vienen de todas las direcciones, sin ser convocados por partidos ni guiados por dirigentes de cualquier color, pero con las ganas de participar y de cambiar intactas. Ellos vienen, su protesta es netamente política sin asimismo pertenecer a la "otra política", la ya tradicional de los representantes mesiánicos y sus fórmulas mágicas que prometen garantizar el bienestar general. Ellos vienen, son cientos, miles y quizá hasta cientos de miles, para colmar la plaza que es de todos. Y aunque son una multitud, no tratan de saquear pequeños locales comerciales ni de promover el caos porque sí, pero su mensaje es claro: "¡Qué se vayan todos!". Ellos son el pueblo y suyo es el espíritu de la movilización que está teniendo lugar en esa entrañable Puerta del Sol madrileña por estos días.

    De este lado del Atlántico, hace ya casi diez años que supimos de un movimiento similar y que —sin ser revolucionario en esencia— también exigía un cambio en el modo de hacer política. Aquellas jornadas resultaron en que el manejo de las cuestiones de interés general fuera, en Argentina, más humano y que hubiera más participación del pueblo y sobre todo de la juventud en los asuntos concernientes a la organización social. Esto es ahora una realidad en estas latitudes, amén del movimiento espontáneo y contrario a la alienación de las conciencias que pasó a la historia como el "Argentinazo" del año 2001. Indudablemente, ahora como entonces, el pueblo toma calles y plazas movido por un instinto poderoso: el de supervivencia, de auto conservación de la especie.

    Pero lo cierto es que, con o sin levantamientos no revolucionarios como el "Argentinazo" y la hasta ahora mal denominada "Spanish Revolution", la democracia en general sigue y seguirá siendo burguesa, por lo menos por los próximos años. El cambio aquí reivindicado no es de base sino más bien de modalidad: es que la gente está harta del recetario neoliberal que genera esas burbujas financieras, las que más temprano que tarde revientan, con resultados desastrosos en la práctica. Todavía no hemos entendido la necesidad de implementar un socialismo sincero y efectivo, aún aceptamos el capitalismo, pero ya sabemos bien que debemos sobrevivir y que para lograr este cometido nuestras políticas económicas deben priorizar el bienestar del pueblo por sobre las exigencias apremiantes del FMI y sobre la especulación codiciosa del capital privado. Hemos llegado a comprender esta verdad tan sencilla, la de que no puede existir orden sin pan, lo cual constituye otro pasito más, cortito por cierto, en esta larga marcha evolutiva que transitamos hacia la tan anhelada igualdad entre los hombres. Ahora entendemos que el no participar del juego político burgués es un equívoco y que errores así de graves se pagan muy caros.

    Al parecer, portugueses, griegos, irlandeses y españoles —principalmente estos dos últimos— han estado dedicados durante los pasados veinte años a gastar esos dineros fáciles que ingresaban a sus economías y no le han prestado la debida atención a la política. Tal vez hayan estado demasiado metidos en su burbuja, muy ocupados en consumir el lujo desmedido típico de las sociedades burguesas de la hora, los televisores de pantalla gigante y los coches importados, como para que les importara algo tan intrincado y frustrante: es más fácil consumir y tirar, para volver a consumir y tirar luego, y así sucesivamente, que intentar organizar la sociedad. Allá ellos, dirán. Pero no conviene olvidar que algo así también les sucedió a los argentinos, que en los años '90 no querían saber de nada que no fuera viajar a Miami sin necesidad de visas mediante o consumir fruslerías importadas a muy bajo precio (debido a la falsa paridad de la moneda local con el dólar estadounidense, por supuesto), mientras la industria, el comercio y el turismo locales menguaban hasta morir.

    No quedan dudas que esas burbujas son el resultado del mal manejo de la economía en una determinada región y que esto solo es posible cuando la política es asunto de unos pocos. Sí, porque o bien la sociedad en masa se hace cargo de su destino, como corresponde, y lo político predomina sobre lo económico, la necesidad se impone sobre el negocio, o bien nos hacemos los autistas, ignorando los detalles de cómo se administra el Estado y la política se somete a las finanzas, con los nefastos resultados ya conocidos. Históricamente, Argentina ofrece muchos ejemplos de ambos escenarios. Por un lado tenemos el Mayo revolucionario de 1810, cuando el pueblo "quiso saber de qué se trataba" y por eso se logró nada menos que la independencia americana y, por otro, el "Proceso de Reorganización Nacional" (1976-1983), cuando a nadie le interesó saber qué pasaba y por lo tanto la sociedad probó de la amarga dictadura fascista, con sus miles de torturados y desaparecidos, entrando además al infierno neoliberal del que no pudo salir hasta comienzos de este siglo.

    Al contrario de lo que se suele pensar y decir, democracia no es votar, es participar de las decisiones colectivas y asegurarse de que favorezcan siempre a la mayoría, nunca al revés. Aunque se trate de una democracia netamente burguesa, como la que actualmente existe en casi todos los países del mundo, la no participación del común de la gente implica igualmente entregar el poder de decisión a un pequeño grupo de dirigentes profesionales. La verdadera utopía sería suponer que esa clase dirigente podría gobernar en detrimento de sus propios intereses, favoreciendo a las masas alienadas y entregadas al azar. El pueblo debe decir presente a la hora de decidir sobre su propio destino, o estará eternamente condenado a la sombra, no tendrá más remedio que oscilar entre unos tiempos de falsa bonanza y otros de crisis desgarradora. La economía, como instrumento para la administración racional de los recursos materiales, debe estar sometida a la política y esta, a su vez, a la voluntad popular. Así, y sólo así, se podrá lograr la satisfacción plena de las necesidades del hombre.

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