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Purgas en la URSS

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Purgas en la URSS - Página 13 Empty Re: Purgas en la URSS

Mensaje por AsturcOn el Sáb Abr 23, 2011 10:54 am

Yo queria saber en relacion a lo escrito por Ted Grant si la consigna de Bujarin hacia el campesinado (enriqueceos!!) fue realmente defendia por Stalin como dice el autor. Me gustaria saber de donde ha sacado eso Ted Grant porque en su "libro" no hay ni una sola referencia que pueda probarlo y por tanto solo podemos pensar que se trata de una opinion personal de el. Supongo que si eso es palabra de dios nosotros debemos de creerlo depositando toda nuestra fe, aunque no haya ninguna prueba. A no ser que proleinternacionalista haya encontrado algo que pruebe tal cosa.

Por eso sigo sin respuesta a la espera de una confirmacion en relacion a esta pregunta.

proleinternacionalista escribió:"Las respuestas que quedaron en el tintero, (las que pregunté) las purgas en el partido, los juicios de teatro moscovita, y las ejecuciones sumarísimas, las comentaré luego"

Sobre las purgas creo que no has querido asimilar aun los procesos de Moscu y el peligro que suponia tener dentro del partido a traidores que demostraron su complicidad con Trotsky desde incluso antes de 1927 hasta la antesala de la segunda guerra mundial.

Creo que ignoras que las confesiones de mas de 20 implicados son suficientes para demostrar en cualquier juicio y en cualquier parte del mundo que Trotsky y el resto de sus complices tramaron el derrocamiento de Stalin para darle un golpe de estado. Son las propias palabras de Trotsky en su "Programa de transicion" las que evidencian su interes personal en terminar con el estado sovietico.

-Los contactos del hijo de Trotsky en Berlin con la delegacion comercial de Piatakov y Shestov.

-Shestov como encargado hasta 1927 de la imprenta trotskista para difundir la propaganda.

-La financiacion con dinero sovietico de Dahlmann a los trotskistas a cambio de informacion.

-La introduccion de propaganda trotskista en la Union Sovietica repartida por los ingenieros de Dahlmann.

-La confiscacion de documentos en los domicilios de los acusados mostradas en los procesos de Moscu de la que fueron testigos las delegaciones y organismos internacionales.

-La confesion de mas de 20 testigos y complices que coinciden en todas las acusaciones contra Trotsky.

Pero supongamos que todas esas confesiones fueron falsas como gustan en insinuar los trotskistas y la comision Dewey formada en EE.UU.

Las confesiones y declaraciones de todos los imputados y testigos estan documentados en archivos y si estos fueran falsos ahora los trotskistas los estarian usando contra Stalin. Los historiadores ya habrian dimensinado este aspecto, pero lejos de eso y como dijo mi camarada Demofilo en Rebeldemule, si fueran falsos todos esos documentos reunidos, los sumarios y todo lo relacionado ya habrian sido quemados y no se habrian traducido, el juicio no habria sido publico sino a puerta cerrada y no se habrian permitido ningun tipo de presencia extranjera, con lo cual seria una estupidez archivarlos por parte del gobierno de Stalin.

Ahora supongamos que tras el asesinato de Kirov y los numerosos sabotajes y atentados terroristas que costaron la vida a trabajadores en fabricas y minas, no fueron ejecutados por los conspiradores trotskistas y que ninguna de las confesiones fue cierta, que solo se basaron en mentiras.

¿Como es posible que todas esas mentiras esten relacionadas y coincidan exactamente en la misma direccion?

Contra toda posibilidad de sospecha tenemos las confesiones de todos los testigos y acusados que coinciden en culpar a trotsky no solo acusandolo, sino presentando una completa argumentacion con todo tipo de pelos y señales dirgidas contra Trotsky.

No se trata de simplemente culpar a Trotsky, sino que hay tanta informacion salida de esas confesiones que coinciden con los movimientos y con las propias palabras de Trotsky llamando a la insurreccion armada contra el gobierno de Stalin.

Esto es evidente por mucho que los trotskistas y una comision formada por pequeños burgueses en EE.UU intentara salvarle el culo a Trotsky.

Son cosas tan evidentes que hasta un niño las podria comprender.

¿De que manera podia Trotsky conspirar contra Stalin y sus "Secuaces"?

¿Hay alguien tan inocente para pensar que los gobiernos aleman, japones y britanico no habrian aprovechado la circustancia de tener un aliado en Trotsky para derrocar al gobierno sovietico?

¿No tenian todos ellos el mismo objetivo?

Si alguien se piensa que el gobierno britanico, el aleman y el japones no iba a ponerse en contacto con los colaboradores de Trotsky esque no conoce la historia del capitalismo y sus cientos de conspiraciones entre ellos mismos, seria insensato ignorar por nuestra parte que el fascismo y el capitalismo se quedarian con los brazos cruzados contra el estado sovietico y desaprovechar la oportunidad de usar a Trotsky y los trotskistas como caballo de troya o quinta columna. Hay que ser muy ingenuo para ignorar algo tan evidente.

Ademas como bien ha dicho Erazmo y a lo que yo añado mas evidencias del resentimiento fundado a lo largo de todas las batallas perdidas de Trotsky:

-Despues de haber perdido todas las batallas politicas contra Lenin.

-Despues de haber perdido todas las batallas politicas contra Stalin.

-Despues de no haber sido elegido sucesor de Lenin y ver que era Stalin el promocionado y elegido no solo por Lenin, sino por todo el Comite Central.

-Despues de la expulsion de trotsky del partido comunista

-Despues de haberlo expulsado del pais.

-Despues de permitir que sus hijos se mezclaran en asuntos turbios y en consecuencia despues de que mataran a sus hijos.

Aunque tambien hay que decir que Stalin perdio a un hijo en manos del fascismo.

¿Que le quedaba a Trotsky nada mas que luchar contra el estado sovietico y conspirar apoyandose y financiandose con la ayuda de los estados capitalistas y fascistas?

¿Acaso alguien se piensa que trotsky se iba a quedar sin animo de venganza?

Pero sigamos con los procesos de Moscu ya que proleinternacionalista parece querer salir por este tema y que para el estos juicios publicos son una representacion teatral.

Supongamos como dice proleinternacionalista y el resto de trotskistas que fue una representacion teatral.

Si suponemos eso tambien debemos suponer que todos los acusados y todos los imputados estaban haciendo teatro apesar de que se jugaban su vida en ello.

Tambien debemos suponer que la liga de derechos humanos presentes en los procesos de Moscu tenian su papel en dichos juicios.

Debemos suponer tambien que la asociacion juridica internacional presente en los juicios se presto a esta obra teatral.

Debemos suponer que todas las delegaciones extranjeras que enviaron a ministros embajadores y parlamentarios como testigos del juicio tambien mienten y se han prestado a esta supuesta trama estalinista.

Las pruebas presentadas en los procesos, las declaraciones de testigos, las confesiones de los acusados tienen una enorme relacion entre si y entre un mar de detalles todos los que acudieron a los procesos de Moscu coinciden en culpar a trotsky y a los procesados como culpables:

"Estimamos absolutamente injustificada la afirmación según la cual el proceso ha sido sumario e ilegal. Se les ha propuesto a los acusados designar abogados, y cada abogado es en la Unión Soviética independiente del gobierno. Pero los acusados han preferido asegurarse ellos mismos su defensa.

No es éste el único Estado en el que los individuos implicados en actos de terrorismo son condenados a muerte. En numerosos países, incluida Gran Bretaña, no se admite apelar estas sentencias y como, en este proceso los acusados han confesado su delito, no se puede plantear la interposición de una apelación".

"Afirmamos categóricamente que han sido condenados de manera absolutamente legal. Se ha demostrado plenamente que había un vínculo entre ellos y la Gestapo. Se merecen la pena capital".

Asi son las cosas, aunque comprendemos que a los trotskistas que siguen los pasos de su maestro, no les interese reconocer todo esto. Asi como tambien comprendemos que los trotskistas de nuestros tiempos sean apoyados y financiados por la CIA igual que lo fue en su momento trotsky por el fascismo y la burguesia gringa.

Pero continuemos con el gran trabajo de nuestro camarada Demofilo en Rebeldemule respecto a este tema:

Demofilo escribió:Por su parte, Denis Pritt, miembro de la Cámara de los Comunes, publicó una declaración personal en la que manifestaba:

"La primera cosa que me chocó, en tanto que jurista británico, es el comportamiento totalmente libre y espontáneo de los acusados. Todos tenían buen aspecto... Por mi parte, estoy convencido de que no hay el menor motivo para suponer ninguna irregularidad en el orden o en la forma del proceso. Considero el conjunto del proceso y el trato a los acusados como un modelo ofrecido al mundo entero para un caso en el que los acusados sean perseguidos por conspiración para asesinar a dirigentes de Estado y a derrocar al gobierno, que es lo que los acusados han confesado. Mi opinión es que en tales circunstancias la justicia de cualquier país hubiera pronunciado sentencias de muerte y los habría ejecutado".

No fueron los únicos casos. Presente en las sesiones de juicio, el escritor alemán Leon Feuchtwanger manifestó lo siguiente:

"Los hombres que se presentaron ante el tribunal en ningún caso podían pasar por seres martirizados, desesperados que afrontaban a sus verdugos. Los acusados estaban aseados, bien vestidos, de maneras dulces y llenas de ternura. Bebían té, tenían periódicos en sus bolsillos y de buena gana miraban hacia el público. De manera general, eso hacía pensar más bien en una discusión que en un proceso criminal. Un debate sereno entre gentes de buena compañía deseosos de que resplandezca la verdad".

Lo mismo sostuvo entonces el historiador británico Bernard Pares, que consideró irrefutablemente demostrada la traición de Zinoviev, Kamenev, Piatakov, Radek y los demás.

Un comité parlamentario anglo-soviético que estuvo en los juicios, en su rendición de cuentas confirmó que las acusaciones estaban bien fundadas y resultaban incuestionables. Su presidente, el laborista Neil Maklin, reconoció que había quedado impresionado por las confesiones sinceras de los acusados.

¿Fueron las confesiones las unicas pruebas aportadas en los procesos de Moscú?

Leamos lo que dicen las actas que no figuran en ninguna historia rigurosa de la CIA y la Universidad de Stanford. En un momento del interrogatorio de Krestinski, éste niega sus declaraciones anteriores, dice que son falsas y entonces Vichinsky recurre a las cartas que pilló la policía en uno de los registros domiciliarios:

Vychinski: Permítame que le haga una pregunta al acusado Krestinski. Acusado Krestinski, ¿comprendió bien el acusado Rakovski el contenido de su carta?

Krestinski: Sí.

Vychinski: Tengo una petición que formular ante el Tribunal. Acabo de mandar comprobar ahora mismo los documentos recogidos durante el registro efectuado en casa de Krestinski. Entre dichos documentos, figura copia de su carta a Trotski, con fecha del 27 de noviembre de 1927, esa misma carta a la que ayer se refirió Krestinski y de la cual habla Rakovski. Pido que se me permita presentar a Rakovski y a Krestinski la copia de esa carta y preguntarles si es de esa carta a Trotski, en efecto, de la que ambos hablan. Tras de lo cual solicito permiso para hacer algunas preguntas más.

[Presentan a Krestinski, y luego a Rakovski, la copia de la carta de 27 de noviembre de 1927]

Krestinski: De esa carta se trata, desde luego.

Vychinski: Pido que se presente la copia de esa carta al acusado Rakovski.

Rakovski: El autor de esa carta se acuerda de ella mejor que yo.

Vychinski: Nos va a llevar dos minutos, pero el hecho quedará probado.

[Rakovski lee la carta]

Rakovski: Sí, que yo recuerde, de esa carta se trata.

Vychinski: Solicito permiso para mostrar a Rakovski un extracto del diario Ekonomicheskaia Zin del 8 de abril de 1928, donde se dice: Extracto de la carta de Krestinski del 22 de marzo de 1928. ¿No es en eso en lo que él pensaba al hablar de la carta que Krestinski dirigió al Comité Central, tras el envío de su carta a Trotski?

Rakovski: Sí.

Vychinski: Así pues, todos los hechos están probados.

Rakovski: Lo leí en Pravda o en Izvestia, pero eso ha podido publicarse en los periódicos.
Krestinski: Era el 8 de abril.

Vychinski: ¿Y la carta lleva fecha del 22 de marzo?

Krestinski: No recuerdo la fecha de la carta.

Rakovski: Yo recuerdo que había dos cartas expedidas por los embajadores trotskistas: Antonov-Ovseienko y Krestinski.

Vychinski: Así pues, todos los hechos están probados. Acusado Rakovski, ¿recuerda Usted si el comienzo de la carta de que Usted acaba de hablar era idéntico al comienzo de esta copia: Querido Lev Dadidovich [Trotski]?

Rakovski: Esa era la fórmula habitual.

Vychinski: Acusado Rakovski, ¿no se acuerda Usted del párrafo siguiente de la carta personal de Krestinski a Trotski, tal y como se expresa en la copia? Krestinski escribe: "Mi convicción profunda es que la táctica de la oposición, en los seis últimos meses, ha sido profundamente errónea, perniciosa para los objetivos de la propia oposición, trágicamente equivocada, podríamos decir". ¿Permite concluir ese párrafo que en todo ello se encierre la menor condenación del trotskismo?

Rakovski: No. Krestinski razona como un hombre que forma parte de la organización trotskista. Parte de un punto de vista trotskista. Habla en interés de la organización trotskista. Es lo mismo que declaró en Berlín, como ya he dicho.

Vychinski [dirigiéndose a Krestinski]: Ha oído Usted la circunstanciada explicación de Rakovski sobre su presunto abandono del trotskismo. ¿Estima Usted exacta esta explicación de Rakovski?

Krestinski: Lo que él ha dicho es exacto.

Presidente: ¿Confirma Usted lo que ha dicho Rakovski?

Krestinski: Sí, lo confirmo.

Vychinski: Si lo que ha dicho Rakovski es exacto, ¿va Usted a continuar engañando al Tribunal y negando la exactitud de las declaraciones que hizo Usted en la declaración previa?

Krestinski: Confirmo enteramente las declaraciones por mí efectuadas en la instrucción previa.

Hay muchisima informacion sobre este tema, tanto que me seria imposible recopilarlo todo y el post se haria demasiado largo, sino lo es ya. Aparte de que ya se ha hablado largo y tendido sobre este asunto en distintos hilos.

Sobre el tema de la disolucion del komitern el camarada RDC me ha evitado el tener que extender demasiado este post y tambien volveis a basaros en falsedades trotskistas.

Decir que Stalin disolvio el Komitern es falsear a Stalin y a la historia tergiversando el verdadero contenido al que Ted Grant se ha prestado omitiendo los siguientes textos ausentes en su "libro".

Las propias palabras de Stalin demuestra cuales son las verdaderas causas de este asunto y demuestran que el verdadero interes de Stalin no era disolver el Komitern, sino el de camuflarlo para impedir la persecucion de los partidos comunistas en los distintos paises capitalistas:

Stalin escribió:"En casa de Dimitrov, en el Komintern, los partidos se retiran (alusión al
partido americano). No es malo. Al contrario, se debería hacer de los
partidos comunistas, partidos totalmente independientes en lugar de
secciones de la I.C. Deben convertirse en partidos comunistas nacionales
con diferentes nombres: partido obrero, partido marxista, etc. El nombre
no es importante. Lo que es importante es que arraiguen entre su pueblo
y se concentren en sus propias tareas específicas. Deben tener un
programa comunista, deben apoyarse en un análisis marxista, no mirar
siempre hacia Moscú sino resolver independientemente, en cada país
respectivo, las tareas concretas pendientes... Ya que la situación y las
tareas son completamente diferentes en los distintos países... Si los
partidos comunistas se refuerzan de esta manera, entonces podrán
reconstruir su organización internacional.

La Internacional fue fundada en tiempos de Marx con la expectativa de
una revolución internacional por llegar. La Komintern fue creada bajo
Lenin del mismo modo en un periodo parecido. En el presente, las tareas
nacionales pasan, en cada país, al primer plano. Sin embargo, es un
handicap que los partidos comunistas estén subordinados al Comité
Ejecutivo de la I.C. como secciones de una organización internacional...

No os agarréis al pasado. Considerad de manera consecuente las nuevas

condiciones surgidas...

En las circunstancias actuales, la pertenencia de los partidos comunistas
a la Komintern facilita su persecución por la burguesía y favorece su
plan de aislarlos de las masas de sus propio país: los partidos comunistas
estarán impedidos para desarrollarse de manera autónoma y resolver sus
tareas como partidos nacionales’."

Creo que con estas palabras queda demostrada una de las numerosas falsificaciones que se han hecho contra Stalin.
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Mensaje por AsturcOn el Sáb Abr 23, 2011 10:55 am

Espero que esta vez no te escapes y contestes a todo punto a punto.

Saludos.
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Mensaje por ajuan el Sáb Abr 23, 2011 7:37 pm

proleinternacionalista la otra intenta copiar lo que valga la pena.Es mucho lo que has puesto o pon el link.Explica un poco lo que has puesto u otra cosa.
Ya que ocupa muchos argumentos y estorba las discuciones.

Saludos

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Mensaje por proleinternacionalista el Sáb Abr 23, 2011 10:06 pm

"proleinternacionalista la otra intenta copiar lo que valga la pena"

Que lástima que no os guste la lectura corrida sr.Juan, todos aquellos escritos tienen aunque sea una sola linea fructifera y aprovechable. Es el camarada Trotsky ejemplificando, disolviendo una a una las conspiraciones contra su persona. Para ello no se necesitaba ser un agente de la CIA, o un conocedor de los pasillos del GPU, solo era indispensable utilizar un poco la logica, el sentido comun y el corazon revolucionario, y de aquellas minusculas cualidades, el camarada Trotsky era un favorecido.

Lástima también que continuare colgando sus textos puesto que yo no podria defenderlo mejor, sus testimonios en la misma época y con indicios que muchos desconocen pueden abrir los ojos a uno que otro.

disculpeme si aquello os molesta o entorpece, pero me imagino que a alguno le servira... y con ello me basta.

Con ello me basta, puesto que como dije no vengo a dar una batalla retorica sr. Asturcon, hice lo que me pidio e intente debatir con usted, pero ni se acordo de lo que escribi (y lo que dijo Lenin y Stalin en aquellas citas que me costaron ardua busqueda e incluso traduccion) ni recordo que una de los puntos que justamente señale de los argumentos estalinistas sobre los juicios son los rumores, indicios, el que parece, etc.

Paradójicamente Trotsky nunca señala tener pruebas para incriminar a Stalin en aquel asesinato, y toda la elaboracion juiciosa de su parte es basada en los hechos reales y como sucedieron las tramas descritas por el Kremlin y sus lacayos. Mientras que los que ejecutaron a revolucionarios con la miserable acusacion de coalicion con los imperialistas y fascistas para la "Restauracion del capitalismo" no tenían ninguna prueba real para condenarlos a la pena capital... mas que su confesion, que eran tan contradictorias que nadie en su sano juicio las podria aprobar como verdaderas.

Sabe, el tiempo es corto y no pienso gastarlo sino podemos sacar algo productivo de nuestro encuentro sr. Asturcon. Si quieres pruebas sobre lo que dice Grant (es una exageracion de aquel troskista, ya que Stalin se cubrio de aquello), lea los plenarios, congresos y discursos de aquella epoca.

Un texto de Trotsky.

Un nuevo hito en la amalgama stalinista[1]





31 de marzo de 1935







El 18 de enero de 1935 escribí sobre la cuestión del juicio a Zinoviev: "Sería de una ligereza criminal creer que Stalin abandonó el intento de involucrarnos en al­gún nuevo 'caso' cocinado por la GPU y sus agentes extranjeros. Stalin no tiene otro método para comba­tirnos."

Por cierto, sobre las cabezas de nuestros amigos de la URSS pende la amenaza de una nueva amalgama. Su preparación es sucia y abominable. Pero eso no es óbice para que se abra la posibilidad de sangrientas represiones contra los bolcheviques y sus parientes.

El 20 de marzo Pravda informó sobre la expulsión de Leningrado de viejos nobles, grandes industriales, terratenientes, jueces y oficiales de la policía zarista; en total mil setenta y cuatro individuos. El informe añade: "Parte de los exiliados están convictos [...] de actividad contra el estado en interés de naciones ex­tranjeras."

Omitimos aquí completamente la cuestión de cómo dieciocho años después de Octubre todavía se pudo encontrar en Leningrado a más de mil peligrosos repre­sentantes de la vieja Rusia zarista. ¿Significa esto que la GPU, mientras perseguía y exterminaba a los leni­nistas, no había advertido a los enemigos de clase? ¿O que esas mil personas no representaban ya ningún pe­ligro y levantaron cabeza recién ahora, después que el régimen stalinista llevó al terrorismo dentro del parti­do y a sangrientas represiones masivas contra la juven­tud partidaria? De todos modos, la información oficial no deja lugar a dudas en cuanto a las personalidades contra las que se dirigió la purga de Leningrado; los mil setenta y cuatro individuos inequívocamente pertene­cían a sectores de las antiguas clases dominantes y de la burocracia zarista.

Pero cinco días después, en el Pravda del 25 de mar­zo, encontramos ya una nueva versión; dice literalmen­te lo siguiente sobre el problema de los arrestos y deportaciones: "La sucia hez de los trotskistas, los zinovievistas, los viejos príncipes, condes, gendarmes, toda esta basura que actuó de común acuerdo en el in­tento de minar los fundamentos de nuestro estado."

Así, entre los mil setenta y cuatro exiliados y acusa­dos, y al frente de todos ellos, estaban los "trotskistas y los zinovievistas", que actuaron "de común acuerdo" con los ex ministros y oficiales de policía zarista. ¿Pero por qué entonces se omitió totalmente del informe ofi­cial del 20 de marzo, que enumeraba con precisión a todos los expulsados y acusados, al grupo de trotskistas y zinovievistas? Está muy claro: el laboratorio de amalgamas lo descubrió con retraso y "corrigió" el informe oficial unos días más tarde; los ex agentes policiales, declaran, actuaban de acuerdo con los trotskistas y los zinovievistas, de los que se olvidaron, Dios sabe por qué, cinco días antes.

Además de esta inesperada "corrección", hacen otro planteo importante respecto al objetivo del crimen. El informe del 20 de marzo dice que los nobles y los agentes de policía actuaban en "interés (?) de naciones extranjeras". La ambigüedad de esta fórmula se expli­ca por sí misma. El Pravda del 25 de marzo, refiriéndo­se a los trotskistas y a los nobles que "actuaban de común acuerdo", utiliza una expresión mucho más precisa: actuaban, declara, "siguiendo instrucciones de servicios de informaciones extranjeros". Así, en el término de cinco días, estos miserables falsificadores nos permiten ver claramente el comienzo y el final de la nueva intriga, que seguramente no será la última.

Sólo un idiota consumado puede creer que Pravda simplemente manifiesta un exceso de celo polémico contra los "trotskistas" agregando mentiras y calum­nias superfluas. No, Pravda no es l'Humanité. Detrás de Pravda está la GPU. Los redactores de Pravda no escriben lo que les viene a la cabeza, siguen instruc­ciones de determinadas instituciones. El artículo del 25 de marzo constituye una evidencia directa de que en cinco días se decidió preparar nuevas represiones san­grientas contra los oposicionistas, y como no tenían a mano ningún acto terrorista se le ordenó a Pravda ligar esta novísima exterminación de bolcheviques con las medidas tomadas contra los viejos propietarios, nobles y oficiales de policía.

Hablamos de nuevas represiones; ¿ya han ocurrido o se trata solamente de una amenaza? No lo sabemos. Es muy posible que el sangriento artículo del 25 de marzo del Pravda sea, a su manera, una anónima ora­ción fúnebre dedicada a los leninistas ya fusilados; también es posible que sea el prolegómeno de próximos ataques furiosos. De todos modos, está claro que Stalin reconstituye la urdimbre de la GPU de Leningrado; la amalgama con el cónsul letón se hizo humo, por lo tanto Stalin la sustituye por una amalgama con nobles y oficiales de policía. La técnica es diferente, el objetivo es el mismo.

En los próximos días y semanas tendremos noticias más concretas de aquéllos contra quienes se dirigió esta vez la farsa stalinista. Pero si queremos que se reduzca al mínimo el número de nuevas víctimas tene­mos que comenzar una campaña para denunciar la nueva amalgama y a sus autores.

[1] Un nuevo hito en la amalgama stalinista. New Militant, 4 de mayo de 1935, donde llevaba el título Los bolcheviques leninistas de la URSS frente a una nueva farsa.


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Mensaje por azar el Dom Abr 24, 2011 6:30 am

A continuación la parte final del discurso de Stalin en el XV Congreso del PCUS, donde pasa a referirse a Trotski y a sus seguidores. Después, el Partido tomaría la resolución que anticipó la expulsión de Trotski.

No quiero influir a los lectores antes de que se lancen al texto, pero sólo señalar un punto. En mi opinión, este discurso es un claro ejemplo de que las capacidades oratorias de Stalin eran cuanto menos notables, aunque el propio Trotski lo negase e incluso llegase a insinuar que era un burro. Lo cual es gracioso, ya que aún desconociendo la respuesta de Trotski a este discurso, los resultados de la oposicion fueron de 6.000 votos sobre 725.000, con lo cual podemos suponer el resultado de estos debates.

Ojo al punto V. LA PLATAFORMA PRÁCTICA DE LA OPOSICION. LAS EXIGENCIAS DEL PARTIDO porque son es muy revelador, explica consecuentemente lo que sucederá durante los años siguientes.

Da la sensación de que entre la mayoría de círculos marxistas se conoce la versión de Trotski pero no los discursos y resoluciones de la dirección bolchevique, y digo esto porque a pesar de haber leído mucho y de todo he tenido que ir a buscar directamente a un discurso de Stalin en persona para encontrar los motivos reales de las decisiones que se tomaron en su momento, sin intermediarios ni mastica-opiniones.

IV. TROTSKI FALSEA EL LENINISMO

1. LOS TRUCOS DE TROTSKI, O EL PROBLEMA DE LA “REVOLUCION PERMANENTE”

Paso a ocuparme del discurso de Trotski.

Trotski ha declarado que la teoría de la revolución permanente no tiene nada que ver con el problema que examinamos, a saber: el carácter y las perspectivas de nuestra revolución.

La cosa es muy extraña; por no decir más. ¿Cómo puede ser eso? ¿Acaso la teoría de la revolución permanente no es una teoría de las fuerzas motrices de la revolución? ¿Acaso no es cierto que la teoría de la revolución permanente trata, ante topo, de las fuerzas motrices de nuestra revolución? ¿Y qué es la cuestión del carácter y de las perspectivas de nuestra revolución si no la cuestión de las fuerzas motrices de esta revolución? ¿Cómo se puede decir que la teoría de la revolución permanente no tiene nada que ver con el problema que examinamos? Eso no es verdad, camaradas. Eso es un subterfugio, un truco. Eso es un intento de borrar las huellas. Un intento de escabullirse. ¡Vano intento! ¡No intentéis ocultaros, que, de todos modos, se os ve a la legua!

Trotski, en otro lugar de su discurso, se ha esforzado por “insinuar” que hace ya mucho que dejó de atribuir seria importancia a la teoría de la revolución permanente. Y Kámenev “ha dado a entender” en su discurso que Trotski tal vez no esté en contra de renunciar a la teoría de la revolución permanente, si es que no ha renunciado ya a ella.
¡Oh, milagro!

Desentrañemos la cuestión: ¿es verdad que la teoría de la revolución permanente no tiene nada que ver con el problema que examinamos? Y, si no es verdad, ¿Es puede creer lo que dice Kámenev de que Trotski no atribuye importancia a la teoría de la revolución permanente y que casi ha renunciado a ella?

Remitámonos a los documentos. Me refiero, ante todo, a una carta de Trotski, enviada al camarada Olmninski en diciembre de 1921 y publicada en la prensa en 1925, carta de la que Trotski nunca ha intentado retractarse ni se ha retractado hasta ahora, ni directa ni indirectamente, por cuyo motivo continúa íntegramente en pie. ¿Qué se dice de la revolución permanente en esa carta?

Escuchad:
“No considero, ni mucho menos, que en mis discrepancias con los bolcheviques yo nunca tuviera razón. No tuve razón -y no la tuve fundamentalmente- en el enjuiciamiento de la fracción menchevique, atribuyendo excesivo valor a sus posibilidades revolucionarías y esperando que se lograría aislar en ella al ala derecha y reducirla a cero. Este error fundamental dimanaba, sin embargo, de que yo enfocaba ambas fracciones, tanto la bolchevique como la menchevique, desde el punto de vista de las ideas de la revolución permanente y de la dictadura del proletariado, mientras que, en aquel período, tanto los bolcheviques como los mencheviques sustentaban el punto de vista de la revolución burguesa y de la república democrática. Yo consideraba que las divergencias entre ambas fracciones no eran, en principio, tan profundas y esperaba (cosa que expresé más de una vez en cartas y discursos) que la misma marcha de la revolución llevaría a ambas fracciones a la idea de la revolución permanente y de la conquista del Poder por la clase obrera, lo que, en parte, ocurrió en 1905. (El prefacio del camarada Lenin al artículo de Kautsky sobre las fuerzas matrices de la revolución rusa y toda la línea del periódico “Nachalo”.)

Entiendo que mi apreciación de las fuerzas motrices de la revolución era absolutamente cierta, en tanto que las deducciones que yo hice de ella respecto a ambas fracciones eran absolutamente erróneas. Sólo el bolchevismo concentró en sus filas, gracias a su política intransigente, elementos verdaderamente revolucionarios, tanto de la vieja intelectualidad como del sector avanzado de la clase obrera. Sólo gracias a que el bolchevismo logró crear esta organización revolucionaría cohesionada, fue posible un viraje tan rápido de la posición revolucionaria democrática a la revolucionaria socialista.

Y ahora podría dividir sin esfuerzo mis artículos polémicos contra los mencheviques y los bolcheviques en dos categorías: unos, dedicados al análisis de las fuerzas interiores de la revolución, a sus perspectivas (el órgano teórico polaco de Rosa Luxemburgo, “Neue Zeit”), y otros, a la apreciación de las fracciones de los socialdemócratas rusos, a su lucha, etc. Los artículos de la primera categoría los podría publicar ahora mismo sin modificaciones, ya que coinciden total e íntegramente con la posición mantenida por nuestro Partido desde 1917. Los artículos de la segunda categoría son evidentemente erróneos, y no, valdría la pena reeditarlos” (v. “Trotski visto por Lenin”, 1925, con un prólogo del camarada Olminski).

¿Qué resulta de esto?

Resulta que Trotski se equivocaba en las cuestiones de organización, pero en las de enfoque de nuestra revolución, en la relativa a la revolución permanente tenía y tiene razón.

Cierto, Trotski no puede ignorar que Lenin luchó contra la teoría de la revolución permanente hasta el fin de sus días. Pero eso no inmuta a Trotski.

Resulta, además, que ambas fracciones, tanto los mencheviques como los bolcheviques, debían llegar a la teoría de la revolución permanente, pero, en realidad, llegaron sólo los bolcheviques, debido a que tuvieron una organización revolucionaria cohesionada de obreros y de viejos intelectuales, aunque no llegaron en seguida, sino “desde 1917”.

Resulta, por último, que la teoría de la revolución permanente “coincidía total e íntegramente con la posición mantenida por nuestro Partido desde 1917”.

Juzgad ahora vosotros mismos: ¿puede deducirse de esto que Trotski no atribuye gran importancia a la teoría de la revolución permanente? No, no se puede. Por el contrario: si la teoría de la revolución permanente coincidió, en efecto, “desde 1917” con la actitud del Partido, de esto sólo cabe hacer una deducción: que Trotski atribuía y continúa atribuyendo a esta teoría alcance decisivo para todo nuestro Partido.

Ahora bien, ¿qué significa “coincidía”? ¿Cómo pudo coincidir la teoría de la revolución permanente de Trotski con la posición mantenida por nuestro Partido, si está demostrado que, nuestro Partido, en la persona de Lenin, luchó siempre contra esa teoría?

Una de dos: o nuestro Partido no tenía una teoría propia y hubo de adoptar después, por la marcha de las cosas, la teoría de la revolución permanente de Trotski; o tenía su teoría, pero ésta fue desplazada de modo imperceptible “desde 1917” por la teoría de la revolución permanente de Trotski.

Este “enigma” nos lo aclaró después Trotski en su “Prefacio” al libro “1905”, escrito en 1922. Al exponer la esencia de la teoría de la revolución permanente y analizar el enfoque de nuestra revolución desde el punto de vista de la teoría de la revolución permanente, Trotski llega a esta conclusión:

“Aunque con un intervalo de doce años, este enfoque ha sido plenamente confirmado” (Trolski, “1905”,
Obras Tomo VIII 125
“Prefacio”).

En otras palabras: la teoría de la revolución permanente, “construida” por Trotski en 1905, quedó “plenamente confirmada” en 1917, doce años después.

Ahora bien, ¿cómo pudo confirmarse? ¿Y qué se hizo de los bolcheviques? ¿Es posible que fueran a la revolución sin ninguna teoría propia?, ¿es posible que sólo fueran capaces de agrupar a los intelectuales revolucionarios y a los obreros revolucionarios? Por otra parte, ¿sobre qué base agruparon a los obreros, sobre la base de qué principios? ¿Acaso no tenían los bolcheviques una teoría, un criterio sobre la revolución, sobre las fuerzas motrices de la revolución? ¿Es posible que en nuestro Partido no hubiera ninguna otra teoría que no fuese la teoría de la revolución permanente?

Juzgad vosotros mismos: los bolcheviques vivíamos y nos desarrollábamos sin perspectivas y sin teoría revolucionaria; así fuimos viviendo desde 1903 hasta 1917; y luego, “desde 1917”, nos engullimos, sin caer en la cuenta, la teoría de la revolución permanente y así cobramos vigor. El cuento es, sin duda, muy interesante. Pero ¿cómo pudo ocurrir esto imperceptiblemente, sin lucha, sin conmociones en el Partido? ¿Cómo pudo ocurrir tan sencillamente, sin más ni más? Sabido es que Lenin y su Partido lucharon contra la teoría de la revolución permanente desde los primeros días de su aparición.

Por cierto, Trotski nos aclara este “enigma” en otro documento. Me refiero a la “Nota” al artículo de Trotski “Nuestras discrepancias”, escrita en 1922.

He aquí el lugar correspondiente de este artículo de Trotski:

“Mientras los mencheviques, partiendo de la abstracción: “nuestra revolución es burguesa”, llegan a la idea de adaptar toda la táctica del proletariado a la conducta de la burguesía liberal, incluida la conquista por ella del poder del Estado, los bolcheviques, partiendo de una abstracción tan absoluta como la otra: “dictadura democrática, y no socialista”, llegan a la idea de la autolimitación democrático-burguesa del proletariado, en cuyas manos se encuentra el Poder del Estado. Bien es verdad que la diferencia entre ellos en esta cuestión es muy considerable, pues mientras que los aspectos antirrevolucionarios del menchevismo resaltan con toda fuerza ya ahora, los rasgos-antirrevolucionarios del bolchevismo amenazan como un inmenso peligro sólo en caso de un triunfo revolucionario” (Trotski, “1905”, pág. 28,5).

Resulta que no sólo el menchevismo tenía sus aspectos antirrevolucionarios, sino que tampoco el bolchevismo estaba exento de “rasgos antirrevolucionarios”, que amenazaban “como un inmenso peligro sólo en caso de un triunfo revolucionario”.

¿Se desprendieron después los bolcheviques de los “rasgos antirrevolucionarios” del bolchevismo y, en caso afirmativo, de qué modo?

Trotski nos aclara este “enigma” en la “Nota” al artículo “Nuestras discrepancias”.

Escuchad:
“Esto no ocurrió, como se sabe, ya que el bolchevismo, bajo la direcci6n del camarada Lenin, llevó a cabo (no sin lucha interior) su rearme ideológico en esta importantísima cuestión en la primavera de 1917, es decir, antes de tomar el Poder” (Trotski, “1905!, pág. 285).

Así, pues, el “rearme” de los bolcheviques “desde 1917” sobre la base de la teoría de la revolución permanente; la salvación de los bolcheviques, gracias a ello, de los “rasgos antirrevolucionarios del bolchevismo”; en fin, el echo de que la teoría de la revolución permanente se vio “confirmada” así “plenamente”: tal es la deducción de Trotski.

¿Y dónde fue a parar el leninismo, la teoría del bolchevismo, el enfoque bolchevique de nuestra revolución, de sus fuerzas motrices, etc.? O no “se vieron confirmados plenamente”, o no, “se vieron confirmados” en absoluto, o se disiparon, cediendo lugar a la teoría de la revolución permanente, a fin de llevar a cabo el “rearme” del Partido.
Así, pues, vivían en éste mundo los bolcheviques; mal que bien fueron “integrando” el Partido “desde” 1903; pero no tenían una teoría revolucionaria y, andando a tientas “desde” 1903, llegaron mal que bien hasta 1917; luego, viendo a Trotski con la teoría de la revolución permanente en brazos, decidieron “rearmarse” y, una vez “rearmados”, acabaron de perder los últimos restos del leninismo, de la teoría leninista de la revolución, llegando así a hacer “coincidir por completo” la teoría de la revolución permanente con la “posición” de nuestro Partido.

El cuento es muy interesante, camaradas. Si queréis, es uno de esos estupendos trucos que se pueden ver en el circo. Pero esto no es un circo, sino una conferencia de nuestro Partido. Y nosotros no hemos contratado a Trotski como artista de circo. ¿A qué vienen esos trucos?

¿Cómo enjuiciaba el camarada Lenin la teoría de la revolución permanente de Trotski? He aquí lo que dice de esa teoría en uno de sus artículos, calificándola irónicamente de “original” y “espléndida”:
“La tarea principal de un partido revolucionario es poner en claro la correlación de las clases en la futura revolución... Este problema lo resuelve erróneamente en “Nashe Slovo” Trotski, que repite su “original” teoría de 1905 y no quiere pensar en virtud de qué causas la vida ha hecho caso omiso, durante diez años enteros, de esa espléndida teoría.

La original teoría de Trotski toma de los bolcheviques el llamamiento invitando al proletariado a una resuelta lucha revolucionaria y a la conquista del Poder político, y de los mencheviques la “negación” del papel del campesinado”... De este modo, “Trotski ayuda de hecho a los políticos obreros liberales de Rusia, quienes por “negación” del papel de los campesinos entienden el no querer levantarlos a la revolución” (v. t. XVIII, págs. 317-318).

Resulta que, según Lenin, la teoría de la revolución permanente es una teoría semimenchevique, que pasa por alto el papel revolucionario del campesinado en la revolución rusa.
Lo que no se comprende es cómo pudo “coincidir total e íntegramente” esta teoría semimenchevique con la posición mantenida por nuestro Partido, aunque fuese “desde 1917”.

¿Y cómo enjuicia nuestro Partido la teoría de la revolución permanente? He aquí lo que dice de ella la conocida resolución de la X IV Conferencia del Partido:

“Parte integrante de la teoría trotskista de la revolución permanente es la afirmación de que “el verdadero auge de la economía socialista en Rusia no será posible más que después de la victoria del proletariado en los países más importantes de Europa” (Trotski, 1922), afirmación que condena al proletariado de la U.R.S.S., en el período actual, a una pasividad fatalista. Contra semejantes “teorías”, el camarada Lenin escribió: “No puede ser más vulgar la argumentación empleada por ellos, aprendida de memoria en la época del desarrollo de la socialdemocracia de la Europa Occidental, de que nosotros no hemos madurado para el socialismo, de que no hay en nuestro país, según la expresión de distintos “eruditos” señores que militan en sus filas, las premisas económicas objetivas para el socialismo” (Notas sobre Sujánov)”. (Resolución de la XIV Conferencia del Partido99.)
Resulta que la teoría de la revolución permanente es el mismo sujanovismo que el camarada Lenin estigmatiza como socialdemocratismo en sus notas sobre “Nuestra revolución”.

Lo que no se comprende es cómo ha podido “rearmar” tal teoría a nuestro Partido Bolchevique.
Kámenev “ha dado a entender” en su discurso que Trotski abandona su teoría de la revolución permanente, y en confirmación de ello ha leído la siguiente cita, más que ambigua, de la última carta de Trotski a los oposicionistas, de septiembre de 1926:

“Partimos del criterio de que, como ha confirmado irrefutablemente la experiencia, en todas las cuestiones un tanto de principio en las que alguno de nosotros discrepara de Lenin, la razón estaba absolutamente de parte de Vladímir Ilich”.

Pero Kámenev ha silenciado que, a renglón seguido, en esta misma carta, Trotski hace la siguiente declaración, que echa por tierra las anteriores palabras:

“La oposición de Leningrado se ha pronunciado enérgicamente contra la teoría del socialismo en un solo país, como justificación teórica de la estrechez nacional” (v. la carta de Trotski, septiembre de 1926, anexos a las actas taquigráficas de las reuniones del Buró Político del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. del 8 y el 11 de octubre de 1926).

¿Qué valor puede tener la primera declaración de Trotski, ambigua y que a nada compromete, ante su segunda declaración; que echa por tierra la primera?

¿Qué es la teoría de la revolución permanente? La negación de la “teoría del socialismo, en un solo país” de Lenin.
¿Qué es la “teoría del socialismo en un solo país” de Lenin? La negación de la teoría de la revolución permanente de Trotski.

¿No está claro que Kámenev, al citar el primer fragmento de la carta de Trotski y silenciar el segundo fragmento, ha intentado confundir y engañar a nuestro Partido?
Ahora bien, no es tan fácil engañar a nuestro Partido.

2. JUEGOS MALABARES CON LAS CITAS, O TROTSKI FALSEA EL LENINISMO

¿Habéis reparado, camaradas, en que todo el discurso de Trotski está saturado de las más diversas citas de las obras de Lenin? Al leer estas citas, arrancadas de distintos artículos de Lenin, no se comprende bien lo que más interesa a Trotski: si respaldar con ellas su actitud o “cazar” al camarada Lenin en “contradicción”. Trotski ha aducido un grupo de citas de los trabajos de Lenin acerca de que sólo el triunfo de la revolución en unos cuantos países puede ser garantía contra el peligro de intervención, creyendo, por lo visto, que así “desenmascaraba” al Partido. Pero no ha comprendido, o no quiere comprender, que esas citas no hablan contra la posición mantenida por el Partido, sino en su favor y contra la posición mantenida por Trotski, ya que el Partido calibra el peso relativo del peligro exterior de pleno acuerdo con la línea de Lenin. Trotski ha aducido otro grupo de citas acerca de que el socialismo no puede triunfar plenamente sin la victoria de la revolución en unos cuantos países, esforzándose por hacer todo género de juegos malabares con estas citas. Pero no ha comprendido, o no quiere comprender que no se puede meter en un mismo costal el triunfo completo del socialismo (la. garantía contra la intervención) y el triunfo del socialismo en general (la edificación de la sociedad socialista), no comprendiendo, o no queriendo comprender, que estas citas de las obras de Lenin no hablan contra el Partido, sino en favor del Partido y contra la posición mantenida por Trotski.

Ahora bien, al aportar un montón de citas de todo género que no hacen al caso, Trotski no ha querido, sin embarga; detenerse en el artículo fundamental de Lenin sobre la posibilidad del triunfo del socialismo en un solo país (1915), suponiendo, por lo visto, que el discurso de Kámenev le había liberado felizmente de este artículo. Sin embargo, ahora puede considerarse demostrado definitivamente que Kámenev no ha logrado desempeñar su papel, y que el artículo del camarada Lenin continúa en vigor en todos sus puntos.

Trotski ha citado, además, un fragmento del conocido artículo del camarada Lenin sobre la inexistencia de discrepancias entre ellos respecto a la cuestión campesina en la esfera de la política en curso. Pero ha olvidado decir que este artículo de Lenin, lejos de resolver, ni siquiera trata el problema de las discrepancias entre Trotski y Lenin en la cuestión del campesinado, en cuanto a la posibilidad de la edificación de la sociedad socialista completa en nuestro país.

Esto explica, en rigor, que las manipulaciones Trotski con las citas se hayan de convertido en simples juegos malabares con ellas.

Trotski ha intentado demostrar que existe “coincidencia” entre su actitud y la de Lenin respecto a la posibilidad de llevar a cabo la edificación de la sociedad socialista en nuestro país sobre la base de las fuerzas interiores de nuestra, revolución. Pero ¿cómo puede demostrarse lo que no tiene demostración posible?
¿Cómo se puede compaginar la tesis de Lenin de que “es posible que la victoria del socialismo empiece por unos cuantos países capitalistas, o incluso por un solo país capitalista”l00, con la tesis de Trotski de que “no hay ningún fundamento para suponer... que la Rusia revolucionaria, por ejemplo, podría sostenerse frente a la Europa conservadora”?

¿Cómo se puede compaginar, además, la tesis de Lenin de que “el proletariado triunfante de este país (de un solo país. J. St.), después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, se enfrentaría con el resto del mundo, con el mundo capitalista”101, con la tesis de Trotski de que “sin un apoyo estatal* directo del proletariado europeo, la clase obrera de Rusia no podrá mantenerse en el Poder y transformar su dominación temporal en una dictadura socialista duradera”?

¿Cómo se puede compaginar, en fin, la tesis de Lenin de que “sólo el acuerdo con el campesinado puede salvar a la revolución socialista en Rusia, en tanto que no estalle la revolución en otros países”l02, con la tesis de Trotski de que “las contradicciones en la situación del gobierno obrero en un país atrasado, en el que la mayoría aplastante de la población está compuesta de campesinos, podrán ser solucionadas sólo en el plano internacional, en la palestra de la revolución mundial del proletariado”?

Y luego: ¿en qué se diferencia, en rigor, la posición mantenida por Trotski en la cuestión del triunfo del socialismo en nuestro país de la posición del menchevique O. Bauer, quien sostiene que:

“En Rusia, donde el proletariado constituye sólo una parte insignificante de la nación, éste únicamente puede afianzar su dominio con carácter temporal”, que “debe perderlo inevitablemente en cuanto la masa campesina de la nación adquiera la suficiente madurez cultural para tomar ella misma el Poder”, que “sólo la conquista del Poder político por el proletariado del Occidente industrial puede asegurar un dominio duradero del socialismo industrial” en Rusia?

¿No es evidente, acaso, que Trotski está más cerca de Bauer que de Lenin? ¿No es cierto, acaso, que la posición mantenida por Trotski es la de la desviación socialdemócrata?, ¿no es cierto que Trotski niega, en el fondo, el carácter socialista de nuestra revolución?

Trotski ha intentado fundamentar su tesis sobre la imposibilidad de que el proletariado se mantenga en el Poder frente a la Europa conservadora con disquisiciones acerca de que la Europa actual no es conservadora, que es más o menos liberal y que, si Europa fuera verdaderamente conservadora, el proletariado de nuestro país no hubiera podido mantenerse en el Poder. Pero ¿cuesta trabajo comprender, acaso, que Trotski se ha embrollado aquí totalmente y sin remedio? Por ejemplo, Italia, o Inglaterra, o Francia, en la actualidad, ¿deben ser llamadas conservadoras o liberales? ¿Norteamérica es hoy un país conservador o liberal? ¿Y qué importancia puede tener para la integridad y la conservación de nuestra República esa ridícula “sutileza” de subrayar la diferencia entre la Europa conservadora y la Europa “liberal”? ¿Acaso la Francia republicana y la Norteamérica democrática no recurrieron a la intervención contra nuestro país en el período de Kolchak y de Denikin lo mismo que la Inglaterra monárquica y conservadora?

Trotski ha dedicado gran parte de su discurso a la cuestión del campesino medio. Ha citado un pasaje de las obras de Lenin del período de 1906, donde Lenin prevé la posibilidad de que, después del triunfo de la revolución burguesa, una parte de los campesinos medios se pase al bando de la contrarrevolución, tratando de demostrar, por lo visto, que esta cita “coincide” con la actitud de Trotski en el problema del campesinado después del triunfo de la revolución socialista. No es difícil comprender que Trotski equipara aquí lo que no puede equipararse. Trotski tiende a ver en el campesinado medio una “cosa en sí”, algo permanente e inmutable. Pero los bolcheviques jamás vieron de ese modo al campesinado medio.

Trotski ha olvidado, a parecer, que los bolcheviques tienen tres planes respecto a la masa fundamental del campesinado: un plan pa ra el período de la revolución burguesa, otro para período de la revolución proletaria y el tercero para período que sucede al afianzamiento del Poder Soviético.

En el primer período, los bolcheviques decían: con todo el campesinado, contra el zar y los terratenientes, neutralización de la burguesía liberal, por la revolución democrático- burguesa.

En el segundo período, los bolcheviques decían: con el campesinado pobre, contra la burguesía y los kulaks, neutralización del campesinado medio, por la revolución socialista. Y ¿qué significa la neutralización del campesinado medio? Significa mantenerlo bajo la vigilancia política del proletariado, no confiar en él y adoptar todas las medidas necesarias para que no se nos vaya de las manos.

En el tercer período, en el período que vivimos ahora, los bolcheviques dicen: con el campesino pobre, en firme alianza con el campesino medio, contra los elementos capitalistas de nuestra economía en la ciudad y en el campo, por el triunfo de la edificación del socialismo.

El que confunde estos tres planes, estas tres líneas distintas, que reflejan tres períodos diferentes de nuestra revolución, no comprende nada del bolchevismo.

Lenin tenía absoluta razón cuando decía que, después de la victoria de la revolución burguesa, una parte de los campesinos medios se pasaría a la contrarrevolución. Así ocurrió, por ejemplo, en el período del “gobierno de Ufá”103, cuando una parte de los campesinos medios de la región del Volga se pasó a la contrarrevolución, a los kulaks, y en su mayoría, los campesinos medios vacilaban entre la revolución y la contrarrevolución. Y no podía ser de otro modo. El campesino medio lleva en su naturaleza precisamente el esperar y vacilar: “vaya usted a saber quién ganará; más vale aguardar”. Sólo después de las primeras victorias de importancia sobre la contrarrevolución interior y, sobre, todo, una vez afianzado el Poder Soviético, comenzó el campesino medio a volverse claramente hacia el Poder Soviético, decidiendo, por lo visto, que no se podía vivir sin Poder, que el Poder bolchevique era fuerte y que trabajar con él era la única salida. Precisamente en aquel período dijo el camarada Lenin sus proféticas palabras: “Hemos entrado en una fase de la edificación socialista en la que hay que elaborar concretamente y con todo detalle las reglas e indicaciones fundamentales, comprobadas por la experiencia del trabajo en el campo, por las que debemos guiamos para llegar a establecer una alianza sólida con el campesino medio” (discurso en el VIII Congreso del Partido, t. XXIV, pág. 114).

Así están las cosas en cuanto al campesino medio.

El error de Trotski consiste en que enfoca metafísicamente el problema del campesinado medio, ve en éste una “cosa en sí” y embrolla, en consecuencia, el problema, tergiversando y falseando el leninismo.
Por último, no se trata en absoluto de que el proletariado pueda tener y tenga todavía en el futuro contradicciones y conflictos con cierta parte del campesinado medio. No estriban en eso, ni mucho menos, las discrepancias entre el Partido y la oposición. Las discrepancias en esta cuestión estriban en que el Partido considera que estas contradicciones y estos posibles conflictos son plenamente superables sobre la base de las fuerzas propias de nuestra revolución, en tanto que Trotski y la oposición entienden que estas contradicciones y estos conflictos pueden ser superados “sólo en el plano internacional, en la palestra de la revolución mundial del proletariado”.

Haciendo juegos malabares con las citas, Trotski intenta esconder en un rincón estas discrepancias. Pero ya he dicho que no se logrará engañar a nuestro Partido.

¿Cuál es la conclusión? La conclusión es que hay que ser dialéctico, y no malabarista. Más valiera, honorables oposicionistas, que estudiasen dialéctica en el camarada Lenin, que leyesen sus obras. Les sería de provecho. (Aplausos, risas.)

3. “PEQUEÑECES” Y CURIOSIDADES

Trotski me ha reprochado, como autor que soy de las tesis, que en ellas se hable de la revolución “por sí misma” como de una revolución socialista. A Trotski le parece que tratar así a la revolución es metafísica. Yo no puedo estar en modo alguno de acuerdo con eso.

¿Por qué se habla en las tesis de la revolución “por sí misma” como de una revolución socialista? Porque de este modo se subraya toda la diferencia que existe en el enfoque de nuestra revolución entre las opiniones de nuestro Partido y las opiniones de la oposición.

¿En qué consiste esta diferencia? En que el Partido considera que nuestra revolución es una revolución socialista, una revolución que constituye una fuerza independiente, capaz de ir a la lucha contra el mundo capitalista, mientras que la oposición considera que nuestra revolución es un suplemento de la futura revolución proletaria en el Occidente, todavía por triunfar, un “suplemento anejo” a la futura revolución en el Occidente, algo que no tiene ninguna fuerza independiente. Basta comparar la opinión de Lenin sobre la dictadura del proletariado en nuestro país con la opinión del bloque de oposición, para comprender todo el abismo que media entre ellas. En tanto que Lenin juzga la dictadura del proletariado como una fuerza con el máximo espíritu de iniciativa, que, después de organizar la economía socialista, debe acudir en ayuda directa del proletariado mundial, debe ir a la lucha contra el mundo capitalista, la oposición, por el contrario, juzga la dictadura del proletariado en nuestro país como una fuerza pasiva, que vive con el temor de perder de un momento a otro el Poder “frente a la Europa conservadora”.

¿No está claro, acaso, que la palabra “metafísica” ha sido puesta en juego por la oposición para encubrir con ella la desnudez de su enfoque socialdemócrata de nuestra revolución?

Trotski ha dicho, además, que yo he sustituido una fórmula inexacta y errónea del problema del triunfo del socialismo en un solo país, trazada en mi libro “Los fundamentos del leninismo” en 1924, por otra fórmula más exacta y acertada. Por lo visto, eso disgusta a Trotski. Pero no ha dicho por qué ni en razón de qué. ¿Qué puede haber de malo en que yo haya enmendado una fórmula inexacta, sustituyéndola por otra exacta? No me considero en absoluto infalible. Creo que el Partido sólo saldrá ganando si el error cometido por uno u otro camarada es reconocido y rectificado por el camarada en cuestión. ¿Qué quiere decir, en rigor, Trotski, al subrayar este hecho? ¿Tal vez quiera seguir un buen ejemplo y dedicarse, por fin, a enmendar sus múltiples errores? (Aplausos, risas.) Pues bien, yo estoy dispuesto a ayudarle si se necesita mi ayuda, estoy dispuesto a impulsarle y ayudarle. (Aplausos, risa .) Pero Trotski persigue, por lo visto, otro fin, si así es, debo decir que su intento es un intento realizado con medios improcedentes.

Trotski afirmaba en su discurso que no es tan mal comunista como lo pintan los representantes de la mayoría del Partido. Ha citado toda una serie de fragmentos de sus artículos, demostrativos de que él, Trolski, ha reconocido y sigue reconociendo el “carácter socialista” de nuestro trabajo, de que no niega el “carácter socialista” de nuestra industria estatal, etc., etc. ¡Vaya novedad! Lo único que faltaba es que negase el carácter socialista de nuestro trabajo, de nuestra industria estatal, etc. Estos hechos los reconocen ahora todos, hasta la Bolsa neoyorkina, hasta nuestros nepmanes, sin hablar ya de O. Bauer. Ahora todos ven, los amigos y los enemigos, que nosotros no construimos la industria como la construyen los capitalistas, que llevamos al desarrollo de nuestra vida económica y política ciertos elementos nuevos, que no guardan ninguna relación con el capitalismo,
No, honorables oposicionistas, no se trata ahora de eso:

Se trata ahora de algo más serio de lo que pueda parecerle al bloque de oposición.
Ahora no se trata del carácter socialista de nuestra industria, sino de llevar a cabo la edificación de la economía socialista en su conjunto, a pesar del cerco capitalista, a pesar de los enemigos interiores y exteriores, que esperan el hundimiento de la dictadura del proletariado. Se trata de conseguir el triunfo completo del leninismo en nuestro Partido.

Ahora no se trata de pequeñeces ni de curiosidades. Con pequeñeces y curiosidades no cabe ahora excusarse ante el Partido. El Partido exige ahora más de la oposición.

O manifestáis valentía y sabéis renunciar pública y honradamente a vuestros errores de principio, o no lo hacéis, en cuyo caso el Partido dará a vuestra actitud el calificativo que se merece: de desviación socialdemócrata.
Una de dos.

A los oposicionistas les toca elegir. (Voces: “¡Muy Bien!”. Aplausos.)

V. LA PLATAFORMA PRÁCTICA DE LA OPOSICION. LAS EXIGENCIAS DEL PARTIDO
Los líderes de la oposición han intentado pasar de los juegos malabares con las citas a las discrepancias de carácter práctico: Trotski y Kámenev, lo mismo que Zinóviev, han tratado de exponer estas discrepancias, afirmando, al propio tiempo, que lo que importa no son las divergencias teóricas, sino las divergencias prácticas. Sin embargo, debo decir que ninguna, exposición de nuestras discrepancias hecha por la oposición en esta Conferencia se distingue por ser objetiva ni completa.

¿Queréis saber en qué consisten nuestras discrepancias prácticas?, ¿queréis saber qué exige de vosotros el Partido?
Escuchad:

1) El Partido no puede tolerar más, y no lo tolerará, que siempre que quedáis en minoría, salgáis a la calle, anunciéis una crisis en el Partido y alborotéis el Partido. El Partido no lo tolerará más. (Voces: “¡Muy bien!”. Aplausos.)

2) El Partido no puede tolerar, y no lo tolerará, que vosotros, al perder la esperanza de conseguir la mayoría en nuestro Partido, recojáis y acumuléis a todo género de elementos descontentos como material para formar un nuevo partido. El Partido no puede tolerarlo, y no lo tolerará. (Aplausos.)

3) El Partido no puede tolerar, y no lo tolerará, que vosotros, al denigrar al aparato dirigente del Partido y quebrantar el régimen en el Partido, al quebrantar la disciplina de hierro en el Partido, agrupéis y forméis en un nuevo partido, bajo la bandera de la libertad de fracciones, todo género de corrientes condenadas por el Partido. El Partido no lo tolerará. (Aplausos.)

4) Sabemos que tropezamos con grandes dificultades en la edificación del socialismo. Vemos esas dificultades y tenemos posibilidad de vencerlas. Aplaudiríamos toda ayuda de la oposición para vencer esas dificultades. Pero el Partido no puede tolerar, y no lo tolerará, que intentéis utilizar estas dificultades en perjuicio de nuestra situación, para atacar al Partido, para agredir al Partido. (Aplausos.)

5) El Partido comprende mejor que todas las oposiciones juntas que hacer avanzar la industrialización y llevar a cabo la edificación del socialismo es cosa que sólo se puede lograr mediante la elevación continua de la situación material y cultural de la clase obrera. El Partido adopta todas las medidas precisas, y seguirá adoptándolas, para que la situación material y cultural de la clase obrera mejore sin cesar. Pero el Partido no puede tolerar, y no lo tolerará, que la oposición salga a la calle y haga declaraciones demagógicas sobre la elevación inmediata de los salarios en un 30 ó 40%, sabiendo a ciencia cierta que la industria no puede resistir tal aumento del salario en este momento, sabiendo a ciencia cierta que tales declaraciones demagógicas no se proponen mejorar la situación de la clase obrera, sino fomentar el descontento entre los sectores atrasados de los trabajadores y dirigido contra el Partido, contra la vanguardia de la clase obrera. El Partido no puede tolerado, y no lo tolerará. (Voces: “¡Muy bien!”. Aplausos.)

6) El Partido no puede tolerar, y no lo tolerará, que la oposición continúe socavando las bases de la ligazón entre los obreros y los campesinos, las bases de la alianza entre los obreros y los campesinos, haciendo la propaganda a la idea de que se eleven los precios de fábrica y se intensifique la presión fiscal sobre el campesinado, intentando “estructurar” las relaciones entre el proletariado y el campesinado no como relaciones de colaboración económica, sino como relaciones de explotación del campesinado por el Estado proletario. El Partido no puede tolerarlo, y no lo tolerará. (Aplausos.)

7) El Partido no puede tolerar, y no lo tolerará, que los oposicionistas continúen sembrando la confusión ideológica en el Partido, exagerando nuestras dificultades, fomentando el derrotismo, predicando la idea de la imposibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en nuestro país y socavando, de tal modo, las bases del leninismo. El Partido no puede tolerado, y no lo tolerará. (Voces: “¡Muy bien!”. Aplausos.)
Cool El Partido no puede tolerar, y no lo tolerará -aunque esto no sea sólo asunto de su exclusiva incumbencia, sino de todas las secciones de la Internacional Comunista-, que vosotros continuéis alborotando la Internacional Comunista, descomponiendo sus secciones y desacreditando la dirección de la Internacional Comunista. El Partido no puede tolerarlo, y no lo tolerará. (Aplausos.)

En esto consisten: nuestras discrepancias prácticas. En esto consiste la esencia de la plataforma política y práctica del bloque de oposición, y contra eso lucha ahora nuestro Partido.
Trotski, al exponer en su discurso algunos puntos de esta plataforma y ocultar cuidadosamente otros, preguntaba: ¿qué hay aquí de socialdemócrata? ¡Extraña cuestión! Yo pregunto: ¿qué hay ahí de comunista, en esa plataforma del bloque de oposición? ¿Qué hay ahí que no sea social democrático? ¿No está claro, acaso, que la plataforma práctica del bloque de oposición va por la línea del apartamiento del leninismo, por la línea de la aproximación a la socialdemocracia?

Queríais saber, honorables oposicionistas, lo que el Partido exige de vosotros. Ahora ya lo sabéis.
O cumplís estas condiciones, que, al propio tiempo, son las condiciones de la unidad completa en nuestro Partido, o no lo hacéis, en cuyo caso el Partido, que os venció ayer, comenzará mañana a ajustar cuentas definitivas con vosotros. (Aplausos.)


VI. BALANCE

¿Cuál es el balance, cuáles son los resultados de nuestra lucha en el seno del Partido?

Tengo un documento de septiembre de 1926, firmado por Trotski. Este documento es significativo en el sentido de que hay en él cierto intento de anticiparse al balance de la lucha en el seno del Partido, hay cierto pronóstico y cierto bosquejo de las perspectivas de nuestra lucha en el seno del Partido. En este documento se dice:
“La oposición unificada ha demostrado en abril y en julio, y demostrará en octubre, que la unidad de sus opiniones sólo se fortalece bajo la influencia de la persecución brutal y desleal, y el Partido comprenderá que sólo sobre la base de las opiniones de la oposición unificada se puede hallar la salida a esa dura crisis” (v. la carta de Trotski a los oposicionistas, septiembre de 1926, anejos a las actas taquigráficas de las reuniones del Buró Político del 8 y el 11 de octubre de 1926).

Como veis, es casi una profecía. (Voces: “Casi, precisamente”.) Es casi una predicción de tipo puramente marxista, una previsión con dos meses enteros de adelanto. (Risas.)

Naturalmente, aquí hay cierta, exageración. (Risas.) Aquí se habla, por ejemplo, de la dura crisis actual en nuestro Partido. Pero nosotros, gracias a Dios, estamos vivos y sanos y ni siquiera hemos reparado en la crisis. Hay, naturalmente, cierta crisis, pero no es una crisis en el Partido, sino una crisis en cierta fracción llamada fracción del bloque de oposición. Pero no se puede presentar la crisis de una pequeña fracción como la crisis del Partido, con su millón de afiliados.

En el documento de Trotski se dice, además, que el bloque de oposición se fortalece y se fortalecerá todavía más en el futuro. Yo creo que también en esto hay cierta exageración. (Risas.) No se puede negar que el bloque de oposición se descompone, que lo abandonan los mejores elementos de la oposición, que se ahoga en sus contradicciones interiores. ¿No es un hecho, acaso, que la camarada Krúpskaia, por ejemplo, se aparta del bloque de oposición? (Atronadores aplausos.) ¿Es esto casual?

En el documento de Trotski se dice, por último, que únicamente sobre la base de las opiniones de la oposición unificada se puede hallar la salida a la presente crisis. Yo creo que también aquí Trotski exagera un poco. (Risas.) Los oposicionistas no pueden dejar de saber que el Partido se ha unido y agrupado estrechamente, no sobre la base de las opiniones del bloque de oposición, sino en la lucha contra esas opiniones, sobre la base de las perspectivas socialistas de nuestra edificación. Está claro que el documento de Trotski exagera.

Ahora bien, si prescindimos de todas estas exageraciones en que incurre Trotski en su documento, parece ser que del pronóstico no queda nada en pie, camaradas. (Hilaridad general.)

Como veis, el balance es todo lo contrario del que nos bosquejaba Trotski en su pronóstico.

Termino, camaradas.

Zinóviev se jactaba en otros tiempos de que sabía pegar el oído al suelo (Risas) y que, cuando pegaba el oído al suelo, oía el paso de la historia. Muy bien puede ser así. Pero, pese a todo, hay que reconocer que Zinóviev, que sabe pegar el oído al suelo y oír el paso de la historia, no oye en ocasiones ciertas “pequeñeces”. Quizá la oposición sepa, en efecto, pegar el oído al suelo y oír cosas tan soberbias como los pasos de la historia. Pero no se puede por menos de reconocer que, sabiendo oír cosas soberbias, no ha sabido oír la “pequeñez” de que el Partido hace mucho que volvió la espalda a la oposición y que la oposición ha encallado. Eso no lo han oído. (Voces: “¡Muy bien!”.)

¿Qué se deduce de esto? Pues, que la oposición, por lo visto, anda mal de los oídos. (Risas.)
De ahí mi consejo: honorables oposicionistas, ¡curaos los oídos! (Clamorosos y prolongados aplausos. La Conferencia, en pie, aplaude al camarada Stalin.)

Publicado el 12 de noviembre de 1926 en el núm. 262 de “Pravda”.
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Mensaje por gazte el Dom Abr 24, 2011 10:56 am

los resultados de la oposicion fueron de 6.000 votos sobre 725.000, con lo cual podemos suponer el resultado de estos debates.



“Los burócratas del partido ruso han organizado por todo el país bandas de reventadores.
Cada vez que un trabajador del partido que pertenece a la Oposición sube a
la tarima, éstos se sitúan por toda la sala formando un verdadero cerco humano,
armados con silbatos de policía. En cuanto el orador de la Oposición pronuncia las
primeras palabras, comienzan los pitidos. La algarabía continúa hasta que éste cede
la tarima a otro” (The real situation in Russia, nota al pie de la página 14).
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 12:22 pm

Camarada Azar, muy bueno este discurso de Stalin. Yo tambien creo que en el se puede apreciar lo minusculos e insignificantes que eran los opositores y tambien creo que a partir de este discurso la oposicion se pierde en una unica opcion, que es la de endurecer su estrategia conspirativa contra Stalin y en su defecto contra esa inmensa mayoria bolchevique que barrio ideologicamente a la oposicion del mapa politico sovietico y mundial.

A Trotsky ya no le quedaba ningun cartucho para mantenerse en pie con sus absurdas teorias y con este ya tenemos un detalle mas del como y el porque de su agresiva actitud reaccionaria.

En cuanto a las capacidades de Stalin como teorico, no hay duda de que supera a Trotsky y el resultado de esos 6.000 votos de la oposicion frente a los 725.000 partidarios de Stalin, lo demuestra.

Desde la muerte de Lenin, el egocentrico de Trotsky ha tenido muchas oportunidades de integrarse dentro del partido bolchevique como un camarada mas y lejos de eso, cualquiera puede apreciar que prefirio seguir exactamente con la misma actitud hipocrita que siempre demostro contra Lenin, enfocando todos sus inutiles esfuerzos en esta ocasion contra Stalin. Trotsky ha tenido muchas oportunidades de convencer al partido para desplazar a Stalin, ha tenido la oportunidad de convencer al Comite Central con sus teorias, pero ninguno de sus intentos le ha servido para nada, solo para reducir su insignificante talla intelectual demostrando cual era su verdadero fondo.

Con la dialectica, con la oratoria y con los hechos en la mano, Stalin derroto a Trotsky y a todos aquellos que se consideraban a si mismos como opositores. Los datos lo demuestran y la historia lo confirma.

Nadie duda que la camacidad intelectual de Trotsky fue realmente notable, pero todos hemos sido embaucados por el mito que el mismo ha contruido y del que se ha servido la burguesia mundial para ensombrecer a Stalin por representar el mayor peligro para los intereses del capitalismo. Stalin es aun hoy el mas grande enemigo del capitalismo de todos los tiempos. La incesante lucha del capitalismo contra su figura lo demuestra.

No pretendo hacer culto de la talla intelectual de Stalin, pero las evidencias demuestran que el mito negro del capitalismo sobre la figura de Stalin se cae por su propio peso.

El "falso intelectual" como denomino peyorativamente Trotsky a Stalin, le ha vencido en todos los frentes.
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Mensaje por proleinternacionalista el Dom Abr 24, 2011 3:02 pm

En las columnas de Pravda[1]


Publicado en mayo de 1936


Con sus nuevos balances del llamado "control de credenciales partidarias", Pravda está convencida de que la purga de trastienda es superior a la purga abier­ta. Resulta que "muchos de los enemigos disfrazados pudieron engañar al comité de purga, e inclusive colarse con todo éxito". Esto significa, con otras palabras, que muchos de los sospechosos contaban con la simpatía de sus organizaciones y que los comités, elegidos desde arriba, no encontraron pretexto para expulsarlos. Pero en el control de trastienda "el estudio del personal partidario resultó mucho más profundo y multila­teral que en las purgas" (Pravda, 22 de marzo). No nos extrañemos; en este caso, la tarea fue tomada por la GPU.

Pravda nos dice al pasar que en una fábrica de Cheliabinsk "hay 103 comunistas contra 318 expulsa­dos en alguno u otro momento". En otras palabras, el número de expulsados triplica el de los que quedan. La fábrica de Cheliabinsk no es una excepción. ¡Ilustra perfectamente la situación de este desgraciado "parti­do" gobernante!

Pravda denuncia al secretario del Comité Distrital de Uspensk, de la región Azov-Mar Negro. "En las se­siones del comité distrital, sus mociones -presenta va­rias sobre cada problema- no encuentran objeción por­que no tolera las objeciones." ¡Qué horrible! ¡Qué es­candalosa violación de la democracia! Saltikov escribió una historia de la ciudad de Glupov (la Ciudad de los Tontos), donde retrató las costumbres de la autocra­cia zarista. El artículo sobre el Comité Distrital de Us­pensk parece una sátira involuntaria al régimen. El se­cretario de Uspensk se llama Saut. Pero si uno pusiera URSS en lugar de Uspensk y Stalin en lugar de Saut, el resto del artículo podría ser igual.

Molotov ha logrado arreglar su situación. Todos sa­ben que, desde que se declaró finalizado el "tercer período", Molotov estaba en semidesgracia. Es cierto que su nombre aparecía entre los de los dirigentes por de­recho divino, pero no siempre. Solía aparecer después de Kaganovich y Voroshilov, muchas veces sin inicia­les. En el ritual soviético éstas poseen una importan­cia suprema. Cada vez que una delegación visitaba a Molotov, sólo se le permitía recibirla teniendo a Rudzu­tak a su izquierda y a Chubar a su derecha[2]. Molotov, por su parte, aunque cantaba las loas al Líder, sólo lo hacía en dos o tres ocasiones a lo largo de todo un discurso lo cual, en la atmósfera del Kremlin, debía parecer poco menos que un llamado al derrocamiento de Stalin. Pero, con ayuda de Dios, desde fines del año pasado se observa una notable mejoría. Molotov arre­gló su situación. En las últimas semanas pronunció una serie de panegíricos sobre Stalin, tan buenos que el propio Mikoian se puso verde de envidia. Ahora Mo­lotov se ha hecho acreedor a sus iníciales. Figura en segundo lugar con el título, "entrañable camarada de armas".

No hay mal que por bien no venga. Pero debemos reconocer que no le resultó fácil. Al fin y al cabo, Molotov conoce a Stalin desde hace demasiado tiempo como para ubicarlo en el mismo plano con Lenin, como lo hizo en su denigrante discurso ante los delegados de la Georgia Soviética. Pero, después de todo, no nos corresponde preocuparnos por la dignidad humana de Molotov. Tenemos otras preocupaciones.

En el programa escolar de Kremenchug, a iniciativa de un propagandista llamado Poteliako, se realizó una discusión acerca de la "posibilidad de construir el comunismo en un solo país", durante la cual el tal Poteliako "presentó argumentos trotskistas". A pesar de las protestas de varios comunistas (y evidentemente del corresponsal de Pravda) "Poteliako permanece en su puesto y sigue dictando clase"

Sin embargo, después de la nota del corresponsal de Pravda, podemos pensar con fundamento que Poteliako no solo perdió su puesto de profesor, sino que recibió toda la inspiración necesaria del conocido teórico Iagoda.

Novoseletski, ganador del premio al "mejor periodista" en el Instituto Comunista del Periodismo de Ucrania, al ocupar su nuevo puesto publicó un "ar­tículo trotskista contrarrevolucionario". Fue expulsado del partido (y arrestado, claro está). Este episodio es un claro testimonio del resurgimiento de la audacia de la Oposición. Lo comprobamos con satisfacción.

Pravda explica la necesidad de mantener en alto la vigilancia respecto de los "trotskistas", y pinta una imagen que vale la pena reproducir: "el enemigo de clase en la agonía de su lecho de muerte (parecería que hay agonías que no son de lecho de muerte), se niega a rendirse. Recurre a toda suerte de trampas y ardides sucios, sobre todo cuando se relaja la vigilancia." Ve­mos, pues, que el enemigo de clase no era de temer cuando defendía sus privilegios con las armas en la mano y en la plenitud de sus fuerzas. ¡No! Es más de temer ahora, "en la agonía de su lecho de muerte". En una ocasión similar, Su Serenísima Excelencia el príncipe Potemkin le dijo al plumífero Fonvizin: "Más vale que te mueras ahora, Denis, jamás escribi­rás nada mejor."

El 30 de diciembre de 1935 Pravda informó con in­dignación que los revolucionarios son torturados en las cárceles yugoslavas. Pravda se olvida de informar que los revolucionarios yugoslavos también son torturados en las cárceles de Stalin.

De una conversación con un dignatario soviético (no de Pravda [La Verdad] pero, sin embargo, es ver­dad):

¿Por qué lo adula usted tan desvergonzadamente?

¿Qué otra cosa se puede hacer? ¡Le gusta tanto!

[1] En las columnas de Pravda. New Militant, 16 de mayo de 1936. Firmado "A".

[2] Jan E. Rudzutak (1887-l938): uno de los primeros partidarios de Stalin, fue presidente de la comisión de Control del PCUS desde 1932 hasta que el tercer juicio de Moscú lo condenó a muerte. V.B. Chubar (1891-1941), presidente del consejo de Comisarios del Pueblo de Ucrania, integró el Comité Central en los años veinte y desapareció en 1938.
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Mensaje por proleinternacionalista el Dom Abr 24, 2011 3:09 pm

Persecución política en la URSS[1]

22 de mayo de 1936



Ultimamente la prensa norteamericana y la prensa mundial en general vienen difundiendo ampliamente los preparativos para la nueva constitución de la Unión Soviética. Los dirigentes soviéticos sostienen que la misma será "la constitución más democrática del mun­do" y que de ahora en adelante las elecciones se reali­zarán por sufragio universal, igualitario, directo y se­creto. Es cierto que algunos cronistas preguntan si las elecciones pueden ser verdaderamente libres, en vista de la existencia de un solo partido.

Aquí no quiero responder a ese argumento; pero es necesario plantear otra pregunta: ¿cómo prepara la reforma constitucional el único partido existente? La respuesta: mediante una represión ininterrumpida sin precedentes que no va dirigida contra los enemigos de la Unión Soviética, sino principalmente contra aquellos que, permaneciendo absolutamente fieles al sistema [soviético], se oponen a una dirección a la que resulta imposible remover y ni siquiera controlar. Podemos afirmar sin el menor temor a equivocarnos que las nueve décimas partes de la represión política no sirven para la defensa del estado soviético, sino para la defensa del gobierno autocrático y de los privilegios del sector burocrático dentro del estado. Así, el único partido político existente se convierte en herramienta exclusiva del grupo gobernante.

Hasta hace poco se consideraba que el "aislador", es decir, la cárcel, era el castigo más severo después de la pena de muerte. Los internados en los aisladores políticos a partir de 1928 son en su mayoría ex mili­tantes del partido gobernante que, sin haber violado la disciplina, mantienen una posición critica respecto del grupo gobernante o de la persona de Stalin. Sin embargo, los últimos acontecimientos revelan que debido a la capacidad limitada y al elevado costo de mantenimiento de los aisladores, están siendo rempla­zados por campos de concentración, donde los presos viven en condiciones físicas y morales infrahumanas. Actualmente hay campos de concentración diseminados por toda la periferia del país, y su estructura imita la de los campos de la Alemania hitlerista. Para los presos, el traslado del aislador al campo de concentración equivale a una condena a muerte lenta. Por con­siguiente, en los últimos meses, los presos políticos de la Unión Soviética han realizado numerosas huelgas de hambre para exigir el retorno a la prisión. La huelga de hambre, considerada universalmente como el últi­mo acto de desesperación, se ha vuelto el método más corriente entre los presos políticos.

Con base en las noticias publicadas por la prensa so­viética oficial, en los últimos nueve meses han sido ex­pulsados más de trescientos mil, quizás medio millón, de militantes del PC, y este tipo de "purga partidaria" se desarrolla constantemente. La mayoría de los expul­sados son luego arrestados: algunos van a los campos de concentración y otros al exilio. Pravda, el órgano de Stalin, publica en su edición del 15 de marzo una direc­tiva que prohibe a las autoridades locales dar trabajo a los opositores políticos. Dado que el único empleador es el estado, este decreto condena a las víctimas a la muerte por hambre. Cientos de miserables aldeas re­motas de Siberia y de Asia Central están pobladas por decenas de miles de ex miembros del Partido Bol­chevique, que viven como los parias de la India. Una sola palabra de protesta, un pedido de trabajo basta para enviarlos a los campos de concentración y a los peores trabajos forzados. Además, los que sobreviven a la cárcel o al exilio reciben el llamado "pasaporte del lobo", un documento de identidad en virtud del cual el poseedor queda fuera de la ley. Nadie puede alojarlo, está condenado a vivir como un vagabundo sin hogar. El objeto de tales medidas es quebrar la moral de esta gente, obligarlas a aceptar las posiciones oficiales o, por lo menos, obligarlas a fingir, mediante declaracio­nes públicas, que concuerdan con la política del poder dominante. La burocracia emplea estos métodos con la esperanza de que, tras la introducción del "sufragio universal y secreto", podrá ahogar hasta la ultima chispa de pensamiento crítico en el país y asegurar así la imposición de ese tipo de plebiscitos que nos muestra la historia contemporánea de Alemania.

Si se quiere ilustrar este cuadro general mediante ejemplos individuales, la única dificultad reside en escoger algunos casos entre los muchísimos que exis­ten. Los siguientes ejemplos son recientes y provienen de fuentes dignas de toda confianza.

En enero pasado murió en Siberia E.B. Solntsev, a la edad de treinta y seis años. Era uno de los exponen­tes más brillantes de la joven generación soviética, un economista de gran erudición. Trabajó durante dos años con la Amtorg [Organización Comercial Soviética] en Estados Unidos, pero al volver en 1928 fue acusa­do de "trotskista" y arrestado. Cumplida su sentencia de tres años en la cárcel de Verjne-Uralsk, se le agre­garon dos años de condena, sin que se presentaran nuevos cargos. Después de cinco años en el aislador fue enviado al exilio en Siberia, mientras su esposa y su familia eran exiliados a otro lugar. Este procedi­miento es de aplicación común para los presos políticos, a pesar de la línea oficial de "defensa de la familia". Aunque Solntsev no tenía la menor posibilidad de hacer trabajo político en el yermo siberiano, fue arrestado nuevamente en 1935 y condenado, sin cargos, a cinco años adicionales de cárcel. Solntsev se declaró en huelga de hambre a muerte, señalando así su intención de suicidarse. Después de dieciocho días de huelga, las autoridades le comunicaron que no lo trasladarían a la cárcel, sino a otro lugar de exilio. Pero en el cami­no, en una de las estaciones intermedias, contrajo una enfermedad infecciosa leve y, debido a su de­bilidad, falleció.

Otros dos destacados representantes de la joven generación, Dingelstedt y Iakovin, están sufriendo la misma suerte[2]. Ya han cumplido siete años de cárcel y es difícil que las actuales autoridades los pongan en libertad.

Lado Dumbadze es uno de los bolcheviques más viejos; a principios de siglo montó la imprenta clandes­tina en el Cáucaso; luego participo en la Revolución de Octubre, gozando de la estima de Lenin. Era un hombre extremadamente modesto y sacrificado. Desde 1928 pasó de la cárcel al exilio y del exilio a la cárcel. Los sufrimientos y privaciones le han provocado pará­lisis de ambos brazos. El viejo no puede vestirse ni escribir. No obstante, la venganza burocrática decre­tó su traslado al exilio desde el hospital de la prisión, condenándolo a una muerte segura.

La señora A.L. Bronstein, de más de sesenta años de edad, tras cuarenta años de militancia en el partido, ha sido separada de sus nietos, a quienes cuidaba, y trasladada desde Leningrado a una aldea de Siberia, donde no encuentra trabajo ni alimentos[3].

Si contara con suficiente espacio podría relatar la trágica suerte de la familia Eltsin, del anciano padre y sus dos hijos, enviados a la prisión y luego al exilio, donde uno de los hijos acaba de morir; la trágica suerte del marinero Pankratov, cuya esposa fue enviada re­cientemente a Siberia porque se negó a divorciarse de su marido, encarcelado en un aislador; el caso Mijail Bodrov, heroico obrero moscovita, trasladado recientemente del aislador a un campo de concentra­ción; y decenas y centenares de otros casos.

Permítaseme mencionar la persecución al sastre Lajovitski, cuyos parientes viven en Estados Unidos. Tras negársele toda oportunidad de trabajar, este obrero ha sido trasladado de un lugar a otro y se en­cuentra en la miseria más absoluta. Su esposa, obrera, fue despedida de la fábrica por negarse al divorcio.

Los exiliados no pueden mantener correspondencia entre sí, ni con su familia. A su vez, las familias que se mantienen en contacto con parientes exiliados son per­seguidas. Los envíos de dinero o mercancías del exte­rior no son entregados a los miembros de la Oposición. La GPU los confisca sin dar aviso al remitente ni al destinatario. El exiliado es trasladado a otro lugar aun más remoto para que los que están en el extranje­ro pierdan todo rastro de él.

Incluso la ayuda mutua entre exiliados es conside­rada criminal. Un ejemplo reciente, la señora M. M. Joffe, viuda del famoso diplomático soviético, falle­cido embajador en Roma, Tokio, etcétera, tras muchos años de exilio ha sido trasladada al extremo norte de Siberia por querer ayudar a sus amigos aliviando sus sufrimientos. Se la acusa de crear la Cruz Roja de la oposición. Su hijo murió como resultado de las privaciones físicas del exilio. Para completar el trágico cua­dro del destino de esta familia, recordemos que, ante la persecución implacable, A. Joffe se suicidó en 1928[4].

Hace un par de semanas, Victor Serge salió al ex­tranjero con su familia[5]. Es mitad ruso, mitad belga, un talentoso escritor francés que a partir de 1928, como militante de la Oposición en la Unión Soviética, fue sometido a persecuciones y calumnias tan inconce­bibles que su esposa sufrió un profundo desequilibrio mental. El gobierno de Moscú se vio obligado a depor­tarlo, sólo porque la prensa europea difundió ampliamente la suerte terrible de esta familia y porque Victor Serge es muy conocido en el mundo literario francés y belga.

Debo agregar que en el aislador de Solovietski (quizás también en otros) están encarcelados numero­sos comunistas extranjeros de Oposición: húngaros, búlgaros, rumanos, polacos y, en general, de aquellas nacionalidades cuyos gobiernos difícilmente puedan protestar. La GPU simplemente condena a los militan­tes extranjeros de la Oposición como "espías". Con este método, la dirección moscovita de la Comintern elimina a los elementos que caen en desgracia por plan­tear criticas o quejas.

Es evidente que soy plenamente consciente de la gravedad de mis afirmaciones, y que asumo plena res­ponsabilidad política y moral por las mismas. Sugiero que se forme una comisión internacional imparcial in­tegradas por personas que gocen de la confianza gene­ral, particularmente la de las organizaciones obreras, para investigar estos casos in situ y aclarar el proble­ma de una vez por todas. En todos los países existen sociedades de "Amigos de la Unión Soviética". Si son verdaderamente amigos del pueblo soviético, y no de la camarilla burocrática gobernante, tienen el deber de elevar su voz junto con la nuestra, para exigir la forma­ción de esa comisión y poner fin a estos horribles actos de persecución y de revanchismo político.

[1] Persecución política en la URSS. Documentos y Análisis: I,"Acerca del poder estatal soviético, 1934-38. Obras escogidas del exilio", por León Trotsky; lleva el rótulo "reproducido de Controversy".

[2] F.N. Dingelstedt: dirigente de la Oposición de Izquierda en Leningrado. Fue arrestado y exiliado a Siberia en 1927.

[3] Alexandra Sokolovskaia Bronstein: primera esposa de Trotsky y madre de sus dos hijas, militaba en la Oposición de Izquierda. Fue arrestada en 1935 y exiliada a Siberia.

[4] Adolf Joffe (1883-1927): uno de los mejores diplomáticos soviéticos después de la Revolución de Octubre. Fue militante de la Oposición de Izquierda. Enfermo, se le negó el tratamiento médico necesario y se sui­cidó. Dejó una carta para Trotsky que se hizo famosa. Se reproducen algunos pasajes en Leon Trotsky, the Man and his Work (Merit Pu­blishers, 1969). Maria Joffe, su viuda, pudo salir de la URSS en 1975, después de veintisiete años en los campos de concentración y en el exilio.

[5] Victor Serge (1890-1947): anarquista en su juventud. Después de la Revolución Bolchevique se radicó en la Unión Soviética y trabajó para la Comintern. Militante de la Oposición, fue arrestado, puesto en libertad en 1928 y arrestado nuevamente en 1933. Una campaña de intelectuales franceses obtuvo su libertad y pudo salir de la URSS en 1936. Rompió con el MCI por diferencias políticas. Escribió varias obras históricas importantes, entre ellas The Year One of the Russian Revolution (Holt, Rine­hart & Winston, 1972) y From Lenin to Stalin (Pathfinder Press, 1973).
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Mensaje por proleinternacionalista el Dom Abr 24, 2011 3:16 pm

Un revolucionario, no un terrorista[1]

21 de agosto de 1936


Ahora están en juego las vidas de muchas personas que viven en la URSS y mi honor como hombre que participa en asuntos políticos. Tengo mis opiniones y siempre las he defendido. Tengo las mismas posiciones que antes. Soy un revolucionario, no un terrorista. Cuando Friedrich Adler asesinó al primer ministro aus­tríaco Stuergkh en 1916, declaré que mi política no era la de Adler, sino la de Karl Liebknecht. Karl Liebknecht salió a las calles de Berlin a distribuir un manifiesto contra la guerra.

Si hubiera querido ocultar mis posiciones no hubiera salido al exilio por tercera vez. Pero soy un revolucionario. Si pudiera ir hoy a España, lo haría. Combatiría por la revolución contra los rebeldes fascistas -lo digo abierta y francamente- pero no puedo ir a España y es absurdo afirmar que tengo participación en los sucesos de allí.

En lo que diré a continuación la cronología es impor­tante. Por eso pido que se preste mucha atención a la sucesión de acontecimientos. La GPU tiene mucho talento, pero no conoce el arte de la cronología científica. Expulsado de la URSS, llegué a Turquía en febrero de 1929. El 4 de marzo terminé un artículo que apareció en la revista rusa Biulleten Oppozitsii, publicada en París en julio de 1929: "A Stalin sólo le queda un solo recurso: tratar de trazar una línea de sangre entre el partido oficial y la Oposición. Le es imperioso implicar a la Oposición en crímenes terroristas, preparación de la insurrección armada, etcétera. Pero ése es precisamente el camino que la dirección de la Oposición le ha cerrado... De ahí el plan de Stalin... exiliar a [direc­ción de la] Oposición" (en esta época se preparaba la expulsión de numerosas personas) "y así tener las manos libres para atacar criminalmente a las bases juveniles de la Oposición, cuyos nombres son todavía desconocidos para las masas, principalmente en el ex­tranjero... Es por eso que, tras el exilio de los dirigen­tes de la Oposición, debemos tener la plena seguridad de que la camarilla de Stalin tratará, de alguna manera, de provocar a tal o cual supuesto grupo de oposición para arrastrarlo a alguna aventura, y en caso de que fracase... fabricar y atribuir a la Oposición algún 'acto terrorista' o 'complot militar'." ["¿Qué objetivo in­mediato persigue el exilio de Trotsky?", en Escritos 1929][2]

Cualquier individuo, sea del partido que sea, reco­nocerá la gran importancia de esta cita. Quien sepa leer ruso comprobará en el Biulleten -donde desde hace siete años y medio aparecen mis artículos- que siempre he sido adversario del terror individual, y que en esa época ya vaticiné lo que sucedería.

El primer ataque fue el asesinato de Kirov en di­ciembre de 1934. Kirov era un administrador capaz; su importancia política, en mi opinión, era nula. Des­pués del asesinato el gobierno dio dos explicaciones. Primero culparon del asesinato a un grupo de terroristas blancos que operarían desde Polonia, Rumania y otros países lindantes con la Unión Soviética. Repenti­namente, el 17 de diciembre, se anunció que Nikolaev, el asesino, era miembro de la Oposición leningradense. Quizás Nikolaev haya sido miembro de la Oposición le­ningradense, pero eso fue en 1926, no en 1934. El capí­tulo de la Oposición de Leningrado se cerró en 1926.

Dos semanas más tarde implicaron a Zinoviev y lo acusaron, junto con sus partidarios, de asesino. En 1926 Zinoviev colaboraba conmigo dentro del partido y se le consideraba militante de la Oposición. En 1928, ante el fortalecimiento de la burocracia, Zinoviev ca­pituló. Entre 1929 y 1934 la Oposición tachó a Zinoviev y a Kamenev de traidores: el Biulleten Oppozitsii lo señaló con la claridad necesaria.

Cuando supe que se los había involucrado en el ataque, dije que habría sucedido algo fuera de lo común. No sabía que habían vuelto a la Oposición. Ni por un instante dudé de que no tendrían nada que ver con el asesinato. Comparecieron ante el tribunal en enero de 1935 y hasta entonces mi nombre no había aparecido en relación con el caso. Eso sólo apareció en la acusación.

Mirad. Aquí están mis libros. Algunos están levemente chamuscados. Eso se debe a un incendio que tuvimos en Constantinopla. Estos libros son el resultado de cuarenta años de actividad literaria y en todos ellos comprobaréis que siempre he sido adversario del terror individual, tanto en la Unión Soviética como en el resto del mundo.

En 1935 me mencionaron pero no me acusaron. Se dijo que Nikolaev había declarado mantener relaciones, antes del atentado con el cónsul de un país extranjero. El cónsul le dio cinco mil rublos para que realizara el atentado. A cambio de ello Nikolaev debía prestarle un servicio al cónsul: conseguirle una carta de Trotsky.

Caballeros, eso es lo único que se dijo sobre mí en la acusación. ¡Pero el juez se olvidó de preguntarle a Nikolaev sobre la carta!

Cuando se mencionó al cónsul, los demás cónsules protestaron y exigieron que se diera a conocer el nombre del miserable colega. Tras larga demora se supo que su nombre era Skujeneck y su país Letonia[3]. Se le exigió al gobierno soviético que enviara 'una nota diplomática a Letonia, pero éste respondió: "No, el cónsul huyó y se encuentra a salvo en Finlandia." No cabe duda de que en ese momento actuó como un par­ticular, no como cónsul. Muchas veces pregunté:

"¿Por qué no lo arrestaron? ¿Por qué no lo arrastran ante el tribunal? No será porque es agente de la GPU?"

En mi opinión, el atentado contra Kirov fue monta­do para aplastar a la Oposición, aunque no tenían intenciones de matar a Kirov; el ataque debía imponerse a último momento. Cuando la cosa salió mal, el jefe de la GPU leningradense, Medved, debió rendir cuentas. ¡Fue el tercer juicio relacionado con el atentado.

Acusaron a Medved y a otros funcionarios de la GPU de tener conocimiento del atentado y de no haber hecho nada por impedirlo. Medved confesó y se le sentenció a tres años de cárcel.

Conozco a Medved. Políticamente no es un hombre independiente: el propio Stalin dirigió el asunto para golpear a la Oposición. Todavía no sé si Nikolaev era agente de la GPU. El hecho de que tuviera acceso a la oficina de Kirov -que ocupaba un cargo elevado y no todos tenían acceso a su persona- parece demostrarlo. Sea como fuere, Medved consiguió a Nikolaev a través de sus agentes de la GPU. Nikolaev era un joven buró­crata desesperado. No conozco los factores sicológicos que lo impulsaron a cometer el asesinato.

Pero comenzó la persecución a la Oposición. No me equivoqué al vaticinar que éste sería el giro de los acon­tecimientos. El juicio actual es una reedición del de enero de 1935. Ese fue un ensayo general. Este es el estreno.

Este asunto se viene preparando desde hace un año y medio. Ahora, caballeros, además del cerebro del atentado, soy el hombre de la Gestapo. Y mi nombre sólo fue mencionado al pasar en la acusación de 1935.

¿Estoy ligado a la Gestapo? ¿Y con un aliado tan poderoso lo único que pude lograr es el asesinato de Kirov?

Hoy comparecen nuevos testigos. Es la primera vez que escucho muchos de estos nombres No conozco a esta gente. Y no se habla más del cónsul desaparecido. Los testigos fueron hallados en el transcurso del año y medio pasado. Si ahora estuviera en la URSS, sería mi fin. Sin embargo, estoy en el extranjero y citaré a cientos de testigos para demostrar que no tuve nada que ver con el asesinato de Kirov.

P: Se dice que usted se reunió con Berman-Yurin en Copenhague y Oslo para planificar el asesinato de Kirov.[4]

R: Viajé de Constantinopla a Copenhague para pronunciar una conferencia a pedido de una organización estudiantil. Durante mi estadía en Copenhague vinieron a visitarme unas cuarenta personas. Las recuerdo a todas, y no había entre ellas nadie que se llamara Berman -a menos que en esa época tuviera otro nombre-, ni ningún ciudadano soviético. Hablé con un li­tuano que sabía ruso.

He encontrado entre mis papeles una serie de hechos esclarecedores. En 1930 un individuo llamado Olberg quiso ser mi secretario. En una carta fechada el 1° de abril de 1930, Franz Pfemfert, a la sazón director de Die Aktion, me advirtió en los términos más inequívocos que Olberg resultaba un tipo sospechoso, probablemente fuera agente de la GPU. Cuando Olberg fundamentó la acusación, presenté un artículo a la prensa ["¿Quién es V. Olberg?"]. Es absurdo acusarme de encomendarle misiones terroristas a un hombre a quien no conozco y del cual un buen amigo tenía tan mala opinión.

Durante mi estadía en Noruega no recibí a ningún visitante de la URSS. Tampoco me he comunicado con la URSS directa ni indirectamente. Hasta hace dos años mi esposa se mantenía en contacto con nuestro hijo. En esa época era profesor en la Escuela Superior Téc­nica. Hoy desconozco su paradero. Supimos por ca­sualidad que se encuentra exiliado en Siberia. Jamás tuvo nada que ver con la política, pero es hijo de Trotsky y basta. Las cartas que recibíamos hasta hace veinte meses eran, como las de mi esposa, breves saludos. Ella ha tratado de averiguar su paradero a través de un banco de Oslo, pero las autoridades soviéticas siempre responden "dirección desconocida".

En cambio, nuestro otro hijo ha participado en la vida política. En 1928 nos siguió a Asia por propia voluntad y luego a Turquía. Acaba de terminar sus estudios en la Sorbona.

En un despacho enviado por Moscú, referente al proceso, se habla de una carta que envié a Smirnov por intermedio de mi hijo[5]. Allí pedí tres cosas: 1) el asesinato de Stalin y Voroshilov; 2) la organización de células en el ejército; 3) en caso de guerra, que se aprovechen todos los errores para tomar el poder. ¡La carta tiene apenas cinco líneas! Cinco líneas para estas tres tareas. Es un exceso de síntesis.

Todo no es sino una falsificación grosera, una men­tira; una mentira infame en mi contra. Pero en la URSS no existe la posibilidad de elevar la voz para criticar. La crítica está ahogada y las acusaciones absurdas no suscitan protestas por el momento. Caballeros, aquí tengo la oportunidad de criticar, ¡y critico!

[1] Un revolucionario, no un terrorista. Vanguard (Canadá) octubre de 1936. La entrevista fue concedida al periódico liberal noruego Dagbladet, que la publicó el 21 de agosto de 1936.

[2] Véase León Trotsky, Escritos 1929-30, Tomo 1, volumen 1, página 79, Bogotá, Editorial Pluma 1977. (Nota del editor colombiano)

[3] En otros artículos el cónsul se llama Bisseniecks.

[4] Konon B. Bernan-Yurin (1901-1936): fue acusado de reunirse con Trotsky en Copenhague en 1932 para recibir instrucciones con el fin de realizar atentados terroristas. Había sido corresponsal de la prensa en Alemania. El primer juicio de Moscú lo condenó a muerte.

[5] Iván N. Smirnov (1881-1936): miembro de la Oposición de Izquierda, fue expulsado del PC en 1927. Capituló en 1929 y pudo reingresar. Fue arrestado en 1933 y ejecutado después del primer juicio de Moscú.
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Mensaje por proleinternacionalista el Dom Abr 24, 2011 4:24 pm

Juicios interminables[1]


27 de agosto de 1936


Estoy leyendo, enfermo de asco, las crónicas del juicio en Pravda. No es fácil, ni siquiera para un político, imaginar tamaña desvergüenza, estupidez, perfi­dia. Cualquiera que considerara este asunto como metal de buena ley sería, para mí, un cadáver político.

Sin embargo, este juicio no será el último. Cuando finalizó el juicio a Zinoviev y Kamenev en enero de 1935, yo escribí: "Puesto que la amalgama, sobre todo en lo que a mí respecta, culminó en un lamentable fra­caso, es inevitable que Stalin intente montar un nuevo juicio, mejor preparado." Después del juicio reciente este vaticinio adquiere un sentido todavía más amplio. Han fusilado a dieciséis hombres para identificar a la palabra "trotskismo" con "terrorismo". Ese fue el sig­nificado del juicio. Ahora se reunirán nuevos tribunales secretos, donde cualquier persona acusada de "trots­kista" podría ser fusilada sumariamente por terrorista. Stalin aplastó a los dieciséis infelices -algunos ya es­taban agotados, vacíos, anonadados- y a los jóvenes informantes que esperaban hacer carrera hasta conver­tirlos en masa sanguinolienta, para mejor llegar hasta mi persona.

Los acusados se empeñaron en ayudar a Stalin. Se decía que todos los testimonios, todos los hilos, todas las denuncias conducían directamente al autor de estas líneas. Al profundizar en la lectura de las denuncias aumenta la sensación de vacío. Se pudo montar el juicio público cuando se hubo logrado un acuerdo entre la GPU y los acusados. Pero Stalin no cumplió su parte del compromiso. Cerró el caso mediante las ejecuciones sumarias.

En marzo de 1923, cuando Lenin preparaba un ataque decisivo contra Stalin para el Duodécimo Con­greso del Partido, al enviarme una serie de cartas y do­cumentos desde su lecho de enfermo, me dijo por intermedio de su secretaria Fotieva: "Pero no negocie con Stalin, porque hará un compromiso podrido y luego lo traicionará."[2] Es una cualidad que Stalin ha desarrollado mucho desde entonces. Hizo un "compromiso po­drido" (en mi contra) con los acusados indefensos y luego traicionó a sus socios, atados de pies y manos. ¡Y cómo los traicionó!

Como decía antes, hubo sólo dieciséis hombres en el banquillo. Pero éstos, que a la vez eran autoacusadores y acusadores, mencionaron decenas de nombres al pasar. Safonova, la ex esposa de Smirnov, fue traída desde la cárcel como testigo de cargo en el juicio a su esposo. Se decía que era oficial del Ejército Rojo y que instigó una conspiración "trotskista" entre los oficiales rojos. Al igual que Reingold en el juicio de los dieciséis, en el próximo juicio Safonova tendrá que desempeñar un papel como principal agente de la GPU. Pero lo pagará como Reingold, es decir, con su vida.

El testimonio de Reingold contiene un pasaje que me resulta extraño. Dice que su tarea sería la de borrar las huellas de los atentados terroristas una vez que los conspiradores hubiesen tomado el poder. ¿De qué manera? "Eliminando físicamente a los funcionarios del Comisariado del Interior (GPU), tanto a los que tuvieran conocimiento de la preparación de los atenta­dos terroristas como a los que hubieran perpetrado dichos atentados en la práctica." En otras palabras: estos canallas infames les dieron a los acusados la idea de la misma obra sangrienta que la GPU realizará ma­ñana contra los propios acusados.

Otro hecho que arroja una luz horrible sobre la camarilla bonapartista: el autor de los comentarios de Pravda sobre el juicio es Zaslavski, quien línea por línea da por sentado que mis vínculos y los de los demás acu­sados con la Gestapo son cosa demostrada. En 1917 el mismo Zaslavski, periodista de Dyen (El Día) -un pe­riódico financiero- era el enemigo más furibundo de los bolcheviques. Nos acusó a Lenin, a mi y a otros de sirvientes del estado mayor alemán. En una serie de artículos escritos en 1917, Lenin decía: "Zaslavski y los demás canallas...", sin emplear otro calificativo. Ahora el canalla es el defensor del "bolchevismo" stalinista contra nosotros, agentes de la Gestapo. Nin­guna fantasía teórica o poética, sea la de un Marx o la de un Shakespeare, pudo haber inventado semejante acuerdo. Pero la vida sabe hacerlo.

Todavía tengo la esperanza de que se desenmascare este crimen sin precedentes. Con esta carta quiero hacer un modesto aporte a esa obra. El resto vendrá con el tiempo.

[1] Juicios interminables. SIP Nº 14, 1º de diciembre de 1936. Tradu­cido del francés (al inglés) para esta obra por Mary Gordon. Al día si­guiente de redactar esta carta Trotsky fue sometido a arresto domicilia­rio y sus secretarios expulsados del país.

[2] Lidia Fotieva (1881-1975). secretaria de Lenin desde 1918 hasta la muerte de éste en 1924.
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Mensaje por azar el Dom Abr 24, 2011 6:00 pm

Puf, no puedes resumir tus textos? Teniendo en cuenta que lo que me molesté en leer antes era una pérdida de tiempo resulta pesado semejante carga de "información".

Por otro lado, podrías contestar por ti mismo y dejar de insistir machaconamente en pegar textos y textos infinitos.
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Mensaje por azar el Dom Abr 24, 2011 6:04 pm

gazte escribió: los resultados de la oposicion fueron de 6.000 votos sobre 725.000, con lo cual podemos suponer el resultado de estos debates.



“Los burócratas del partido ruso han organizado por todo el país bandas de reventadores.
Cada vez que un trabajador del partido que pertenece a la Oposición sube a
la tarima, éstos se sitúan por toda la sala formando un verdadero cerco humano,
armados con silbatos de policía. En cuanto el orador de la Oposición pronuncia las
primeras palabras, comienzan los pitidos. La algarabía continúa hasta que éste cede
la tarima a otro” (The real situation in Russia, nota al pie de la página 14).

Ya, también dijo que Stalin había asesinado a Lenin, que Stalin era un tontolava y demás perlitas. En el discurso de Stalin también podemos ver diversas incongruencias de Trotsky, que nunca fue capaz de asumir sus errores.

Si esta es la forma ridícula en la que justifica su derrota, que triste. De verdad conociendo el perfil del Partido se iba a permitir esa actitud de los representantes del Partido? No me lo creo ni de coña.

Cuanto más leo las teorías extravagantes de Trotsky, más credibilidad pierde para mí.
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Mensaje por proleinternacionalista el Dom Abr 24, 2011 6:42 pm

¿Porque aquel sumo alboroto?. Los textos estan allí, es Trotsky mismo defendiendose, ud. o cualquier otro puede pasar de ellos y hacer como que no existiesen, simplemente ignorarlo. ¿Pero sabe?, capaz a alguien por allí les interese, los lea con atención y eso es suficiente.

Me halaga que os guste mi forma de debatir personal, ya que me lo van pidiendo a cada paso, pero luego cuando lo hago simplemente me ignoran, no se profundiza nada, se sale por la tangente.

¿Alguien ha sido capaz de desbaratar aquellos "limitados" textos y argumentos que he colgado?. Las citas de Lenin, las citas de Stalin allí estan pero nadie ha dicho aquello es verdad, aquello es mentira, o se justifican así.

Pero lo que mas me han recriminado es que me guste copiar textos con mucho mas capacidad de analisis y profundidad de lo que yo podria hacer. Cuando lo hace un texto estalinista es un gran aporte, pero cuando es un texto de la oposicion es un texto sin valor, una pérdida de tiempo.

Lo siento, y lo siento, yo seguiré colgando los textos que crea que favorecen en algo al hilo del tiempo, y defenestran las calumnias y falsificaciones de la contrarevolucion.

Me gustaría comenzar una critica con el texto que ud. ha colgado ,sr. Azar, del georgiano en pleno debate con la oposicion que es un ejemplo claro de lo que es la tergiversación en el debate, y la falsificacion de la teoria marxista.

A ello me dedicare, un poco de paciencia, la mayoría del material que dispongo no esta en nuestro idioma y entonces es un trabajo importante el que necesito hacer.

Salu2 internacionalistas.
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:08 pm

Proleinternacionalista lo que quieres es que todos abandonemos nuestros propios comentarios porque tu no eres capaz de defender lo que piensas y lo que opinas y lo haces para que solo hable Trotsky en tu lugar en lo que se supone es un foro de debate.

Ya te hemos advertido muchas veces que sino eres capaz de defender tus ideas te mantengas a un lado y evites entrar con inserciones basadas unica y exclusivamente en copy/paste. Por ello y para que aprendas la leccion en esta ocasion yo tambien evitare el debate para que Stalin se explique por mi y veas en que se puede convertir esto.

que disfrutes del camarada Stalin

Saludos.


Última edición por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:41 pm, editado 1 vez
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:09 pm

Sobre el Comité anglo-soviético de unidad20.
La cuestión del Comité Anglo-Soviético. La oposición asegura que nosotros habíamos depositado nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético. Eso no es cierto, camaradas. Este es uno de los chismes a los cuales recurre con tanta frecuencia la fracasada oposición. Todo el mundo sabe, y, por lo tanto, debe saberlo también la oposición, que nosotros no ciframos nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético, sino en el movimiento revolucionario mundial y en los éxitos de nuestra edificación socialista. La oposición engaña al Partido al decir que nosotros cifrábamos o ciframos nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético.
¿Qué es, en tal caso, el Comité Anglo-Soviético? El Comité Anglo-Soviético es una forma de enlace de nuestros sindicatos con los sindicatos ingleses, con los sindicatos reformistas, con los sindicatos reaccionarios. Actualmente realizamos por tres conductos nuestra labor para revolucionarizar a la clase obrera de Europa:
por conducto de la Internacional Comunista, a través de las secciones comunistas, que tienen como tarea inmediata acabar con la dirección política reformista en el movimiento obrero;
por conducto de la Internacional Sindical Roja, a través de las minorías sindicales revolucionarias, que tienen como tarea inmediata vencer a la reaccionaria aristocracia obrera en los sindicatos;
c) a través del Comité Anglo-Soviético de Unidad, como uno de los medios que pueden facilitar a la Internacional Sindical Roja y a sus secciones la lucha para aislar a la aristocracia obrera en los sindicatos.
Los dos primeros conductos son fundamentales y permanentes, obligatorios para los comunistas mientras existan las clases y la sociedad de clases. El tercer conducto es únicamente transitorio, auxiliar, episódico y, por eso, endeble, no siempre seguro y a veces completamente inseguro. Poner en un mismo plano el tercer conducto y los dos primeros significa ir contra los intereses de la clase obrera, contra el comunismo. Después de todo esto, ¿cómo se puede hablar tan a la ligera, diciendo que nosotros habíamos depositado nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético?
Al acceder a la formación del Comité Anglo-Soviético, nos proponíamos establecer abiertamente contacto con las masas obreras de Inglaterra organizadas en los sindicatos.
¿Para qué?
En primer lugar, para facilitar la creación de un frente único de los obreros contra el capital o, por lo menos, dificultar la lucha de los líderes reaccionarios
del movimiento sindical contra la creación de este frente.
En segundo lugar, para facilitar la creación de un frente único de los obreros contra los peligros de la guerra imperialista en general, contra los peligros de la intervención en particular, o, por lo menos, dificultar la lucha de los líderes reaccionarios de los sindicatos contra la formación de este frente.
¿Puede admitirse, en general, que los comunistas trabajen en los sindicatos reaccionarios?
No sólo puede admitirse, sino que a veces es francamente obligatorio, pues en los sindicatos reaccionarios hay millones de obreros, y los comunistas no tienen derecho a negarse a entrar en estos sindicatos, a encontrar el camino que lleva hasta las masas y ganarlas para el comunismo.
Repasad el libro de Lenin "La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo"21 y veréis que la táctica leninista obliga a los comunistas a no negarse a trabajar en los sindicatos reaccionarios.
¿.Pueden admitirse, en general, los acuerdos temporales con los sindicatos reaccionarios, acuerdos de carácter sindical o político?
No sólo pueden admitirse, sino que a veces son francamente obligatorios. Que los sindicatos del Occidente son, en la mayoría de los casos, reaccionarios, lo sabe cualquiera. Pero no se trata de eso. Se trata de que estos sindicatos son organizaciones de masas. Se trata de que a través de estos sindicatos puede llegarse hasta las masas. La cuestión consiste en que tales acuerdos no coarten, no limiten la libertad de agitación y propaganda revolucionarias de los comunistas, que tales acuerdos contribuyan a disgregar a los reformistas y a revolucionarizar a las masas obreras, que siguen, por ahora, a los líderes reaccionarios. En estas condiciones, los acuerdos temporales con los sindicatos reaccionarios de masas no sólo son admisibles, sino que a veces son francamente obligatorios.
He aquí lo que dice Lenin a este respecto:
"El capitalismo dejaría de ser capitalismo, si el proletariado "puro" no estuviese rodeado de una masa abigarradísima de elementos que señalan la transición del proletario al semiproletario (el que obtiene una buena parte de sus medios de existencia vendiendo su fuerza de trabajo), del semiproletario al pequeño campesino (y al pequeño artesano, al obrero a domicilio, al pequeño patrono en general), del pequeño campesino al campesino medio, etc., y si en el seno mismo del proletariado no hubiera sectores de un desarrollo mayor o menor, divisiones según el origen territorial, la profesión, la religión a veces, etc. De todo esto se desprende imperiosamente la necesidad -una necesidad absoluta- para la vanguardia del proletariado, para su parte consciente, para el Partido
Comunista, de recurrir a la maniobra, a los acuerdos, a los compromisos con los diversos grupos proletarios, con los diversos partidos de los obreros y de los pequeños patronos*. Toda la cuestión consiste en saber aplicar esta táctica para elevar, y no para rebajar, el nivel general de conciencia, de espíritu revolucionario, de capacidad de lucha y de victoria del proletariado" (t. XXV, pág. 213).
Y más adelante:
"Es cierto que los Henderson, los Clynes, los MacDonald y los Snowden son unos reaccionarios incurables. Y no lo es menos que quieren tomar el Poder (aunque prefieren la coalición con la burguesía), que quieren "gobernar" de acuerdo con las rancias normas burguesas y que, una vez en el Poder, se conducirán inevitablemente como los Scheidemann y los Noske. Todo ello es verdad, pero de esto no se deduce, ni mucho menos, que apoyarles equivalga a traicionar la revolución, sino que, en interés de ésta, los revolucionarios de la clase obrera deben conceder a estos señores cierto apoyo parlamentario"* (lugar citado. págs. 218-219).
La desgracia de la oposición consiste,
precisamente, en que no comprende ni reconoce estas
indicaciones de Lenin, prefiriendo a la política
leninista la baraúnda "ultraizquierdista" sobre el
carácter reaccionario de los sindicatos.
¿Coarta, puede coartar el Comité Anglo-Soviético nuestra agitación y nuestra propaganda? No, no puede. Siempre hemos criticado y criticaremos el espíritu reaccionario de los líderes del movimiento obrero inglés, descubriendo a las masas de la clase obrera de Inglaterra la felonía y la traición de estos líderes. Que pruebe la oposición a desmentir el hecho de que siempre hemos sometido a una crítica franca e implacable la labor reaccionaria del Consejo General.
Se nos dice que esta crítica puede conducir a que los ingleses hagan saltar el Comité Anglo-Soviético. ¿Y qué? Que lo hagan saltar. No se trata en absoluto de si va a haber ruptura o no. Se trata de la cuestión que producirá la ruptura, de la idea que pondrá de manifiesto la ruptura. Ahora se trata de la amenaza de guerra en general y de la intervención en particular. Si los ingleses van a la ruptura, la clase obrera sabrá que los líderes reaccionarios del movimiento obrero inglés han roto porque no desean oponerse a su gobierno imperialista en la organización de la guerra. Apenas cabe dudar de que la ruptura en tales condiciones, efectuada por los ingleses, facilitaría la labor de los comunistas para desprestigiar al Consejo General, pues la cuestión de la guerra es actualmente la cuestión fundamental de nuestros días.
Es posible que no se decidan a romper. ¿Y qué significará eso? Eso significará que nos hemos
* Subrayado por mí. J. St.
asegurado la libertad de crítica, la libertad de continuar criticando a los líderes reaccionarios del movimiento obrero inglés, denunciando su traición y su social-imperialismo entre las vastas masas. ¿Será eso bueno para el movimiento obrero? Yo creo que no estará mal.
Esta es, camaradas, nuestra actitud por lo que se refiere al Comité Anglo-Soviético.
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:10 pm

La amenaza de guerra y la defensa de la U.R.S.S.
La cuestión de la guerra. Ante todo, debo desmentir la afirmación de Zinóviev y Trotski, que no corresponde a la realidad y es inexacta en absoluto, de que yo pertenecí a la llamada "oposición militar" en el VIII Congreso de nuestro Partido. Eso es totalmente falso, camaradas. Eso es una calumnia, que han ideado Zinóviev y Trotski por hacer algo. Tengo en las manos el acta taquigráfica por la que se ve claramente que yo intervine entonces al lado de Lenin contra la llamada "oposición militar". Finalmente, aquí hay delegados al VIII Congreso del Partido, que confirmarán que yo me manifesté entonces, en el VIII Congreso, contra la "oposición militar". No lo hice tan ásperamente como habría convenido, tal vez, a Trotski, porque consideraba que en la "oposición militar" había excelentes militantes, imprescindibles en el frente; pero que intervine contra la "oposición militar" es un hecho indudable que sólo pueden discutir gentes tan incorregibles como Zinóviev y Trotski.
¿De qué trató la discusión en el VIII Congreso? De la necesidad de terminar con el voluntariado y el guerrillerismo; de la necesidad de formar un verdadero ejército regular obrero y campesino con una disciplina férrea; de la necesidad de atraer a esta obra a los especialistas militares.
Había un proyecto de resolución, presentado por los partidarios del ejército regular con una disciplina férrea. Lo defendían Lenin, Sokólnikov, Stalin y otros. Había un segundo proyecto, el proyecto de V. Smirnov, presentado por los partidarios de conservar los elementos de guerrillerismo en el ejército. Lo defendían V. Smirnov, Safárov, Vorochílov, Piatakov y otros.
Citaré unos pasajes de mi discurso:
"Todas las cuestiones tocadas aquí se reducen a una: ¿debe haber o no en Rusia un ejército regular con una severa disciplina?
Hace medio año, después de desmoronarse el viejo ejército zarista, teníamos un ejército nuevo, voluntario, mal organizado, con una dirección colectiva, un ejército que no siempre acataba las órdenes. Fue el período en que se hizo visible la ofensiva de la Entente. La composición del ejército era principalmente obrera, si no exclusivamente obrera. Debido a la falta de disciplina en este ejército voluntario, debido a que
las órdenes no siempre se cumplían, debido a la desorganización en el mando del ejército, sufrimos derrotas, entregamos Kazán al enemigo, mientras Krasnoy avanzaba victorioso desde el Sur... Los hechos demuestran que el ejército voluntario no resiste la crítica, que no podremos defender nuestra República si no creamos otro ejército: un ejército regular, penetrado del espíritu de la disciplina, con una sección política bien organizada, un ejército que a la primera orden sepa y pueda ponerse en pie y lanzarse contra el enemigo.
Debo decir que los elementos no obreros -los campesinos-, que forman la mayoría de nuestro ejército, no van a luchar voluntariamente por el socialismo. Así lo acreditan numerosos hechos. Una serie de motines en la retaguardia y en los frentes y una serie de excesos en los frentes muestran que los elementos no proletarios, que forman la mayoría de nuestro ejército, no quieren batirse voluntariamente por el comunismo. De aquí que nuestra tarea consista en reeducar a esos elementos en el espíritu de una férrea disciplina, lograr que sigan al proletariado, no sólo en la retaguardia sino también en los frentes, obligarles a combatir por nuestra causa socialista común, y en el curso de la guerra llevar a término la creación de un verdadero ejército regular, el único capaz de defender el país.
La cuestión está planteada así.
...O creamos un verdadero ejército regular, obrero y campesino, con una severa disciplina, y defendemos la República; o no hacemos esto, y entonces nuestra causa estará perdida.
... El proyecto presentado por Smirnov es inaceptable, ya que sólo contribuiría a minar la disciplina en el ejército y excluye la posibilidad de formar un ejército regulan"22.
Tales son, camaradas, los hechos.
Como veis, Trotski y Zinóviev han vuelto a calumniar.
Prosigamos. Kámenev ha afirmado aquí que durante el último período, en estos dos años, hemos despilfarrado el capital moral que teníamos antes en el campo internacional. ¿Es esto cierto? ¡Claro que no! ¡Es completamente falso!
¿A qué sectores de la población se refiero Kámenev?, ¿entre qué sectores de la población del Oriente y del Occidente hemos perdido o hemos ganado influencia? Eso no lo ha dicho Kámenev. Pero para nosotros, marxistas, esta cuestión es, precisamente, la decisiva. 'Tomemos, por ejemplo, China. ¿Se puede afirmar que hemos perdido nuestro capital moral entre los obreros y los campesinos chinos? Es claro que no. Hasta bien recientemente, las masas de millones de obreros y campesinos de China nos conocían poco. Hasta bien recientemente, la U.R.S.S. sólo tenía prestigio entre un pequeño
grupo de las altas esferas de la sociedad china, entre un pequeño grupo de intelectuales liberales del Kuomintang, entre personalidades como Feng Yu­siang, los generales de Cantón, etc. Ahora, la situación ha cambiado radicalmente. Ahora, a los ojos de millones y millones de obreros y campesinos de China, la U.R.S.S. goza de un prestigio que puede envidiar cualquier fuerza, cualquier partido político del mundo. Pero, en cambio, el prestigio de la U.R.S.S. ha disminuido considerablemente a los ojos de la intelectualidad liberal de China, de toda clase de generales, etc., y muchos de estos últimos comienzan incluso a luchar contra la U.R.S.S. Pero ¿qué hay de asombroso y de malo en ello? ¿Acaso se puede exigir de la U.R.S.S., del Poder Soviético, de nuestro Partido que nuestro país tenga autoridad moral en todos los sectores de la sociedad china? ¿Quién, si se exceptúa a vacuos liberales, puede exigir tal cosa de nuestro Partido, del Poder Soviético? ¿Qué es mejor para nosotros: el prestigio entre la intelectualidad liberal y toda clase de generales reaccionarios de China o el prestigio entre las masas de millones de obreros y campesinos de China? ¿Qué es lo decisivo desde el punto de vista de nuestra situación internacional, desde el punto de vista del desarrollo de la revolución en todo el mundo: el crecimiento del prestigio de la U.R.S.S. entre las masas de millones de trabajadores, con el descenso indudable del prestigio de la U.R.S.S. en los medios liberal-reaccionarios de la sociedad china, o el prestigio en estos últimos medios liberal-reaccionarios, con el descenso del peso moral en las vastas masas de la población? Basta sólo plantear esta pregunta para comprender que Kámenev se ha equivocado de medio a medio...
¿Y en el Occidente? ¿Puede decirse que hemos despilfarrado el capital moral que teníamos en los sectores proletarios del Occidente? Está claro que no. ¿Qué evidencian, por ejemplo, las últimas acciones del proletariado en Viena, la huelga general y la huelga del carbón en Inglaterra, las manifestaciones de miles y miles de obreros en defensa de la U.R.S.S. en Alemania y en Francia? ¿Evidencian que el peso moral de la dictadura proletaria desciende a los ojos de las grandes masas de la clase obrera? ¡Claro que no! Al contrario, evidencian que el peso moral de la U.R.S.S. se eleva y se fortalece entre los obreros del Occidente, que los obreros del Occidente comienzan a pelear con su burguesía "al modo ruso".
Es indudable que en ciertos sectores de la burguesía pacifista y liberal-reaccionaria cunde la animosidad contra la U.R.S.S., sobre todo con motivo del fusilamiento de los "excelentísimos" veinte terroristas e incendiarios23. ¿.Pero es que Kámenev estima más la opinión de los círculos pacifistas liberal-reaccionarios de la burguesía que la opinión de las masas de millones y millones de proletarios del Occidente? ¿Quién osará negar que elfusilamiento de los veinte "excelentísimos señores" ha sido acogido con la más honda satisfacción por las masas de millones de obreros, tanto de la U.R.S.S. como del Occidente? "¡Es lo que se merecían esos canallas!", con esta exclamación han recibido los barrios obreros el fusilamiento de los veinte "excelentísimos señores".
Sé que entre nosotros hay ciertos elementos que afirman que cuanto más quietos estemos, tanto mejor será para nosotros. Esa gente nos dice: "Los asuntos de la U.R.S.S. iban bien cuando Inglaterra rompió con ella; los asuntos de la U.R.S.S. mejoraron cuando asesinaron a Vóikov; pero los asuntos de la U.R.S.S. empeoraron cuando enseñamos los dientes y fusilamos, como respuesta al asesinato de Vóikov, a los "excelentísimos" veinte contrarrevolucionarios; antes del fusilamiento de los veinte, en Europa se compadecían de nosotros y nos tenían simpatía;
después del fusilamiento, por el contrario, ha
desaparecido la simpatía y han comenzado a acusamos de que no somos tan buenos chicos como quisiera la opinión pública de Europa".
¿Qué puede decirse de esta filosofía liberal‑
reaccionaria? Puede decirse únicamente que sus
autores quisieran ver a la U.R.S.S. desdentada, desarmada y añoj ada ante sus enemigos, capitulando ante ellos. Existía la Bélgica "ensangrentada", cuya imagen adornaba en tiempos las etiquetas de los paquetes de cigarrillos. ¿.Por qué no ha de haber una
U.R.S.S. "ensangrentada"? Entonces todos simpatizarían con ella y le tendrían compasión. ¡No, camaradas, no estamos de acuerdo! Vale más que se vayan al quinto infierno todos esos filósofos liberal-pacifistas con su "simpatía" por la U.R.S.S. Lo que hace falta es que tengamos la simpatía de las masas de millones de trabajadores; lo demás ya vendrá. Y si
fuera necesario que alguien quedase
"ensangrentado", empeñaríamos todas nuestras
fuerzas para que el bañado en sangre, el "ensangrentado" fuese cualquier país burgués, y no la U.R.S.S.
La cuestión de la inevitabilidad de la guerra. Zinóviev se ha salido aquí de sus casillas, afirmando que en las tesis de Bujarin se habla de la "probabilidad" y de la "inevitabilidad" de la guerra, y no de su absoluta inevitabilidad, y ha asegurado que
tal expresión puede desorientar al Partido. He repasado el artículo de Zinóviev "Los perfiles de la guerra futura". ¿Y qué ha resultado? Ha resultado que en el artículo de Zinóviev no hay ni una palabra, lo que se dice ni una palabra, acerca de que la guerra se haya hecho inevitable. En el artículo de Zinóviev se habla de la posibilidad de una nueva guerra. Hay un capítulo entero demostrando que la guerra es posible. Este capítulo termina con la siguiente frase:
"Por eso, es legítimo y necesario que los
bolcheviques leninistas mediten ahora en la
posibilidad de una nueva guerra". (Hilaridad
general.) Fijaos bien, camaradas: "meditar" en la posibilidad de una nueva guerra. En el artículo de Zinóviev se dice en un pasaje que la guerra "se está haciendo" inevitable, pero no hay ni una palabra, lo que se dice ni una palabra, acerca de que la guerra es ya inevitable. Y este hombre tiene -¿cómo decirlo más suavemente?- la audacia de lanzar una acusación contra las tesis de Bujarin, que dicen que la guerra es probable e inevitable.
¿Qué significa hablar ahora de la "posibilidad" de la guerra? Significa retrotraernos, por lo menos, a la situación de hace siete años, pues hace siete años Lenin decía ya que la guerra entre la U.R.S.S. y el mundo capitalista era posible. ¿Valía la pena que Zinóviev repitiera cosas ya dichas, presentando su retroceso como algo nuevo?
¿Qué significa decir ahora que la guerra se hace inevitable? Significa retrotraernos, por lo menos, a la situación de hace unos cuatro años, pues ya en el período del ultimátum de Curzon24 decíamos que la guerra se hacía inevitable.
¿Cómo ha podido ocurrir que Zinóviev, que apenas ayer escribió un artículo tan embrollado e incongruente sobre la guerra, donde no hay ni una palabra de que la guerra se ha hecho inevitable, cómo ha podido ocurrir que este hombre se haya decidido a atacar las tesis claras y precisas de Bujarin sobre la inevitabilidad de la guerra? Esto ha sucedido porque Zinóviev ha olvidado lo que escribió ayer. Lo que ocurre es que Zinóviev pertenece a esa categoría de hombres felices que escriben para olvidarse al día siguiente de lo escrito. (Risas.)
Zinóviev ha afirmado aquí que el camarada Chicherin fue quien "empujó" a Bujarin a escribir sus tesis sobre la probabilidad y la inevitabilidad de la guerra. Pero yo pregunto: ¿quién ha "empujado" a Zinóviev a escribir un artículo sobre la posibilidad de la guerra, ahora que la guerra se ha hecho ya inevitable? (Risas.).
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:11 pm

El problema de la estabilización del capitalismo. Zinóviev ha atacado aquí las tesis de Bujarin, asegurando que, en el problema de la estabilización, las tesis se apartan de la posición mantenida por la Internacional Comunista. Eso, naturalmente, es una necedad. De esta manera, Zinóviev ha mostrado tan sólo su ignorancia en el problema de la estabilización, en el problema del capitalismo mundial. Zinóviev cree que, si hay estabilización, eso quiere decir que la causa de la revolución está perdida. No comprende que la estabilización origina la crisis del capitalismo y prepara su hundimiento. ¿Acaso no es un hecho que el capitalismo ha perfeccionado y racionalizado su equipamiento técnico en los últimos tiempos, creando masas inmensas de mercancías, a las que no hay posibilidad de dar salida? ¿Acaso no es un hecho que los gobiernos capitalistas se fascistizan cada vez más, atacando a la clase obrera y apuntalandotransitoriamente sus propias posiciones? ¿Hay que deducir de estos hechos que la estabilización es firme? ¡Claro que no! Por el contrario, precisamente estos hechos conducen a la agudización de la crisis del capitalismo mundial, incomparablemente más profunda que la crisis que precedió a la última guerra imperialista.
Precisamente el hecho de que los gobiernos capitalistas se fascisticen, precisamente este hecho conduce a la agudización de la situación interior en los países capitalistas y a las acciones revolucionarias de los obreros (Viena, Inglaterra).
Precisamente el hecho de que el capitalismo racionalice su equipa miento técnico y produzca una masa enorme de mercancías que no puede absorber el mercado, precisamente este hecho conduce en el campo de los imperialistas a la agudización de la lucha por los mercados de venta y por los mercados de exportación de capitales y crea las condiciones para una nueva guerra, para un nuevo reparto del mundo.
¿Acaso es difícil comprender que el desmedido crecimiento de las posibilidades de producción del capitalismo, existiendo cierta limitación del mercado mundial y la estabilización de las "esferas de influencia", fomenta la lucha por los mercados y ahonda la crisis del capitalismo?
El capitalismo podría resolver esta crisis si pudiese hacer varias veces mayor el salario de los obreros, si pudiese mejorar a fondo la situación material del campesinado, si pudiese, de esta manera, elevar de un modo apreciable la capacidad adquisitiva de millones de trabajadores y ampliar la capacidad del mercado interior. Pero entonces el capitalismo no sería capitalismo. Precisamente porque el capitalismo no puede hacer esto, precisamente porque el capitalismo no invierte sus "ingresos" en elevar el bienestar de la mayoría de los trabajadores, sino en redoblar su explotación y en exportar capitales a países menos desarrollados para obtener "ingresos" aun mayores, precisamente por eso la lucha por los mercados de venta, la lucha por los mercados para la exportación de capitales engendra una lucha desesperada por un nuevo reparto del mundo y de las esferas de influencia, una lucha que ha hecho ya inevitable una nueva guerra imperialista.
¿Por qué determinados círculos imperialistas miran de reojo a la U.R.S.S., organizando un frente único contra ella? Porque la U.R.S.S. constituye un riquísimo mercado para dar salida a las mercancías y exportar capitales. ¿Por qué esos mismos círculos imperialistas intervienen en China? Porque China constituye un importantísimo mercado para dar salida a las mercancías y exportar capitales. Etcétera, etcétera.
Ahí es donde está la causa y el origen de la inevitabilidad de una nueva guerra, lo mismo si
estalla entre distintas coaliciones imperialistas que contra la U.R.S.S.
La desgracia de la oposición consiste en que no comprende estas cosas sencillas, elementales.
La cuestión de la defensa de nuestro país. Y ahora permitidme que me detenga en la última cuestión, en la cuestión de cómo piensa nuestra oposición defender la U.R.S.S.
Camaradas: El carácter revolucionario de tal o cual grupo, de tal o cual tendencia, de tal o cual partido, no se comprueba por las manifestaciones o declaraciones que haga. El carácter revolucionario se comprueba en los hechos, en la práctica, en los planes prácticos de tal o cual grupo, de tal o cual tendencia, de tal o cual partido. No se puede dar crédito a las manifestaciones y declaraciones de los hombres, por impresionantes que sean, si no están respaldadas por los hechos, si no se llevan a la práctica.
Hay una cuestión que establece una divisoria entre todos los grupos, tendencias y partidos posibles y que prueba su carácter revolucionario o antirrevolucionario, Esta cuestión es ahora la defensa de la U.R.S.S., la defensa incondicional y sin reservas de la U.R.S.S., frente a los ataques del imperialismo.
Es revolucionario el que está dispuesto a defender la U.R.S.S. sin reservas, incondicional, franca y honradamente, sin conferencias militares secretas, pues la U.R.S.S. es el primer Estado revolucionario proletario del mundo, un Estado que edifica el
socialismo. Es internacionalista, el que está dispuesto a defender la U.R.S.S. sin reservas, sin vacilaciones y sin condiciones, porque la U.R.S.S. es la base del movimiento revolucionario mundial, y no se puede defender e impulsar este movimiento revolucionario sin defender la U.R.S.S. Pues quien piensa defender el movimiento revolucionario mundial al margen y en contra de la U.R.S.S., va contra la revolución, rueda obligatoriamente al campo de los enemigos de la revolución.
Ante la amenaza de guerra, se han formado ahora dos campos y, por tanto, dos posiciones: la posición de defensa incondicional de la U.R.S.S. y la posición de lucha contra la U.R.S.S. Entre ellas hay que elegir, pues no existe ni puede existir una tercera posición. La neutralidad en este asunto, las vacilaciones, las salvedades, la búsqueda de una tercera posición son un intento de eludir la responsabilidad, de rehuir la lucha incondicional en defensa de la U.R.S.S., de escabullirse en un momento de tanta responsabilidad para la defensa de la U.R.S.S. ¿Y qué significa eludir
la responsabilidad? Significa deslizarse inadvertidamente al campo de los enemigos de la U.R.S.S.
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:12 pm

Así está planteada ahora la cuestión.
¿Cuál es la actitud de la oposición en lo tocante a la defensa de la U.R.S.S.?
Permitidme que me remita -puestas ya las cosas en este plano- a la conocida carta de Trotski a la Comisión Central de Control, para mostraros la "teoría" de la defensa, la consigna de la defensa que Trotski guarda de reserva, para el caso de una guerra contra la U.R.S.S. El camarada Mólotov ha citado ya en su discurso un pasaje de esta carta, pero no lo ha citado completo. Permitidme que lo haga yo.
He aquí cómo entiende Trotski el derrotismo y el defensismo:
"¿Qué es el derrotismo? Una política encaminada a contribuir a la derrota del "propio" Estado, que se encuentra en manos de la clase enemiga. Cualquier otra manera de comprender e interpretar el derrotismo será una falsificación. Por ejemplo, si alguien dice que la línea política de unos dogmáticos ignorantes y sin escrúpulos debe ser barrida como basura, precisamente en nombre de la victoria del Estado obrero, no se convierte por ello, de ningún modo, en "derrotista". Al contrario, en esas condiciones concretas es un auténtico exponente del defensismo revolucionario: ¡la basura ideológica no da la victoria!
Se podrían encontrar ejemplos, y muy aleccionadores, en la historia de otras clases. Mencionaremos sólo uno. Al comienzo de la guerra imperialista, la burguesía francesa tenía a su frente un gobierno sin brújula ni timón. El grupo de Clemenceau se hallaba en la oposición. No obstante la guerra y la censura militar, y aunque los alemanes se encontraban a ochenta kilómetros de París (él decía que "precisamente por eso"), Clemenceau sostuvo una lucha frenética contra la flaccidez y la indecisión pequeñoburguesas, por la ferocidad y la implacabilidad imperialistas. Clemenceau no hizo traición a su clase, a la burguesía, sino que, por el contrario, le sirvió más fielmente, con más firmeza, con más decisión y con más inteligencia que Viviani, Painlevé y Cía. El curso posterior de los acontecimientos se encargó de demostrarlo. El grupo de Clemenceau llegó al Poder, y con una política imperialista más consecuente, más rapaz, aseguró la victoria de la burguesía francesa. ¿Hubo gacetilleros franceses que llamaron derrotista al grupo de Clemenceau? Seguramente los hubo: los necios y los calumniadores figuran en el bagaje de todas las clases. Pero no siempre tienen la posibilidad de desempeñar un papel igualmente considerable" (de la carta de Trotski al camarada Ordzhonikidze del 11 de julio de 1927). Ahí tenéis la "teoría", si se puede llamar así, de la
defensa de la U.R.S.S. que propone Trotski.
Resulta que lo de "la flaccidez y la indecisión pequeñoburguesas" se refiere a la mayoría de nuestro Partido, a la mayoría de nuestro C.C., a la mayoría de nuestro gobierno. El Clemenceau es Trotski con su
grupo. (Risas.) Resulta que, si el enemigo se acercara a unos ochenta kilómetros de las murallas del Kremlin, este Clemenceau de nuevo cuño, este Clemenceau de opereta se esforzaría primero por derrotar a la actual mayoría, precisamente por encontrarse el enemigo a ochenta kilómetros del Kremlin, y después se ocuparía de la defensa. Y si nuestro Clemenceau de opereta se saliera con la suya, eso sería, según él, la verdadera e incondicional defensa de la U.R.S.S.
Y para hacer esto, Trotski, es decir, Clemenceau, tratará previamente de "barrer" esta "basura" "en nombre de la victoria del Estado obrero". ¿Y qué "basura" es ésa? Pues resulta que es la mayoría del Partido, la mayoría del C.C., la mayoría del gobierno.
Resulta, pues, que cuando el enemigo se acerque a ochenta kilómetros del Kremlin, este Clemenceau de opereta no se dedicará a defender la U.R.S.S., sino a derrocar a la actual mayoría del Partido. ¡Y a eso lo llama defensa!
Es un poco ridículo, naturalmente, que ese grupito quijotesco, que en cuatro meses ha reunido a duras penas unos mil votos, amenace a un partido de un millón de militantes, diciéndole: "Te voy a barrer". Podéis juzgar de la deplorable situación en que se encuentra el grupo de Trotski, si en cuatro meses de penas y fatigas no ha conseguido reunir más que unas mil firmas. Yo creo que cualquier grupo de oposicionistas, si supiera trabajar, podría reunir varios miles de firmas. Repito: es ridículo que este grupito, con más líderes que ejército (Risas), y que después de trabajar cuatro meses enteros apenas ha reunido unas mil firmas, se ponga a amenazar a un partido de un millón de militantes, diciéndole: "Te voy a barrer". (Risas.)
¿Cómo se las va a arreglar el pequeño grupo fraccionalista para "barrer" a un partido de un millón de militantes? ¿Creen los camaradas de la oposición que la actual mayoría del Partido, que la mayoría del C.C. es producto de la casualidad, que no tiene raíces en el Partido, que no tiene raíces en la clase obrera, que se dejará "barrer" de buen grado por un Clemenceau de opereta? No, esta mayoría no es producto de la casualidad. Se ha ido seleccionando año tras año, en el curso del desarrollo de nuestro Partido; ha sido contrastada en el fuego de la lucha, durante Octubre, después de Octubre, en la guerra civil, en la edificación del socialismo.
Para "barrer" a esta mayoría, hay que desatar la guerra civil en el Partido. Y Trotski piensa desencadenar la guerra civil en el Partido en el momento en que el enemigo se encuentre a ochenta kilómetros del Kremlin. Parece que no se puede llegar más lejos...
¿Y los actuales líderes de la oposición? ¿Acaso no han sido probados? ¿Acaso es fortuito que, habiendo ocupado en otros tiempos cargos importantísimos en nuestro Partido, hayan resultado después unosapostatas? ¿Acaso es necesario demostrar que esta circunstancia no puede considerarse fortuita? Pues bien, Trotski quiere, valiéndose del grupito que ha firmado la plataforma de la oposición, volver hacia atrás la rueda de la historia de nuestro Partido en el momento en que el enemigo se encuentre a ochenta kilómetros del Kremlin. Y se dice que algunos camaradas han suscrito la plataforma de la oposición porque creían que bastaba firmar para que no los llevasen a la guerra. (Risas.)
No, dilectísimo Trotski, valdría más que no hablara usted de "barrer la basura". Valdría más no hablar de ello, porque son palabras contagiosas. Si la mayoría se "contagia" de su método de barrer la basura, no sé si eso será bueno para la oposición. Y no está excluido que la mayoría del C.C. pueda "contagiarse" de ese método y "barra" a alguien.
No siempre es conveniente ni inocuo hablar de barrer, pues esas palabras pueden "contagiar" a la mayoría de nuestro C.C. y hacerle que "barra" a alguien. Y si Trotski piensa dirigir la escoba contra el Partido y su mayoría, ¿qué puede tener de sorprendente que el Partido vuelva esta escoba contra la oposición?
Ahora sabemos cómo piensa la oposición defender la U.R.S.S. La teoría de Trotski sobre Clemenceau, apoyada por toda la oposición, teoría derrotista por esencia, nos lo dice con suficiente claridad.
Resulta, por lo tanto, que, para asegurar la defensa de la U.R.S.S., es necesario, ante todo, efectuar el experimento de Clemenceau.
Este es, por decirlo así, el primer paso de la oposición para la defensa "incondicional" de la U.R.S.S.
El segundo paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en declarar que nuestro Partido es un partido centrista. Resulta que nuestra ignorante oposición interpreta como centrismo la lucha que sostiene nuestro Partido tanto contra los que se desvían del comunismo hacia la izquierda (Trotski-Zinóviev) como contra los que se desvían hacia la derecha (Smirnov-Saprónov).
Resulta que estos extravagantes han olvidado que al combatir ambas desviaciones, no hacemos más que cumplir los legados de Lenin, quien insistía absolutamente en que se luchase sin vacilaciones tanto contra el "doctrinarismo de izquierda", como contra el "oportunismo de derecha".
Los líderes de la oposición han roto con el leninismo, echando en olvido los legados de Lenin. Los líderes de la oposición no quieren reconocer que su bloque, el bloque oposicionista, es el bloque de los elementos que se han desviado a la izquierda y a la derecha del comunismo. No quieren reconocer que su bloque actual es la reconstitución, sobre una nueva base, del conocido Bloque de Agosto de Trotski, de triste memoria. No quieren comprender que es
precisamente este bloque el que encierra el peligro de la degeneración. No quieren reconocer que la
unificación, en un mismo campo, de los
"ultraizquierdistas", como los aventureros y contrarrevolucionarios Maslow y Ruth Fischer, y los desviacionistas nacionalistas georgianos, es la peor copia del Bloque liquidacionista de Agosto.
Así, pues, resulta que, para organizar la defensa, hay que declarar centrista a nuestro Partido e intentar hacerle perder el cariño que le tienen los obreros.
Este es, por decirlo así, el segundo paso de la oposición para la defensa "incondicional" de la U.R.S.S.
El tercer paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en declarar inexistente nuestro Partido y presentarlo como la "fracción de Stalin". ¿Qué quieren decir los oposicionistas con eso? Quieren decir que no existe el Partido, sino la "fracción de Stalin". Quieren decir que los acuerdos del Partido no son obligatorios para ellos y que pueden faltar a estos acuerdos siempre y en todas las situaciones. Quieren facilitarse así la lucha contra nuestro Partido. Bien es verdad que han tomado este arma del arsenal del "Sotsialistícheski Véstnik"25 menchevique y del "Rul"26 burgués. Bien es verdad que utilizar armas de los mencheviques y de los contrarrevolucionarios burgueses es impropio de comunistas. Pero ¿qué les importa a ellos eso? Para la oposición, todos los medios son buenos, con tal de que se luche contra el Partido.
Así, pues, resulta que, para preparar la defensa de la U.R.S.S., hay que declarar inexistente el Partido, ese mismo Partido sin el cual es inconcebible toda defensa.
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:13 pm

Este es, por decirlo así, el tercer paso de la oposición para la defensa "incondicional" de la U.R.S.S.
El cuarto paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en escindir la Internacional Comunista, en organizar un nuevo partido en
Alemania con los aventureros y contrarrevolucionarios Ruth Fischer y Maslow al frente y dificultar así el apoyo del proletariado de la Europa Occidental a la U.R.S.S.
Así, pues, resulta que, para preparar la defensa de la U.R.S.S., hay que escindir la Internacional Comunista.
Este es, por decirlo así, el cuarto paso de la oposición para la defensa "incondicional" de la U.R.S.S.
El quinto paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en atribuir a nuestro Partido tendencias termidorianas, escindirlo y comenzar a organizar un nuevo partido. Pues si no tenemos Partido, si sólo existe la "fracción stalinista", cuyos acuerdos no son obligatorios para los militantes del Partido, si esta fracción es termidoriana -aunque es una necedad y una ignorancia hablar del caráctertermidoriano de nuestro Partido-, ¿qué queda entonces?
Así, pues, resulta que, para organizar la defensa de la U.R.S.S., es necesario escindir nuestro Partido y dedicarse a organizar un nuevo partido.
Este es, por decirlo así, el quinto paso de la oposición para la defensa "incondicional" de la U.R.S.S.
Ahí tenéis las cinco importantísimas medidas que propone la oposición para la defensa de la U.R.S.S.
¿Será preciso seguir demostrando que todas estas medidas de la oposición no tienen nada que ver con la defensa de nuestro país, con la defensa del hogar de la revolución mundial?
¡Y esta gente quiere que publiquemos sus artículos derrotistas y semimencheviques en la prensa de nuestro Partido! ¿Por quién nos toman? ¿Acaso en nuestro país hay ya "libertad" de prensa para todos, "desde los anarquistas hasta los monárquicos"? No la hay ni la habrá. ¿Por qué no publicamos los artículos mencheviques? Porque en nuestro país no hay "libertad" de prensa para las tendencias antileninistas y antisoviéticas, "desde los anarquistas hasta los monárquicos".
¡Qué quieren los oposicionistas cuando insisten en que sean publicados sus artículos semimencheviques y derrotistas? Quieren abrir un portillo para la "libertad" burguesa de prensa; y no ven, al propio tiempo, que de esta manera reaniman a los elementos antisoviéticos, refuerzan su presión sobre la dictadura del proletariado y despejan el camino para la "democracia" burguesa. Llaman a una puerta, pero abren otra.
He aquí lo que escribe el señor Dan, refiriéndose a la oposición:
"Los socialdemócratas rusos aplaudirían calurosamente semej ante legalización de la oposición, aunque no tienen nada de común con su programa positivo. Aplaudirían la legalidad de la lucha política, la franca autoliquidación de la dictadura y el paso a nuevas formas políticas que abren campo para un amplio movimiento obrero" ("Sots. Véstnik", núm. 13, julio de 1927).
Una "franca autoliquidación de la dictadura": eso es lo que esperan de vosotros los enemigos de la U.R.S.S. y a eso conduce vuestra política, camaradas de la oposición.
Camaradas: Tenemos ante nosotros dos peligros: el peligro de la guerra, que se ha convertido en amenaza de guerra, y el peligro de la degeneración de ciertos eslabones de nuestro Partido. Para preparar la defensa, debemos implantar una disciplina férrea en nuestro Partido. Sin esta disciplina, la defensa es imposible. Debemos robustecer la disciplina del Partido, debemos reprimir a todos los que desorganizan nuestro Partido. Debemos reprimir a todos los que escinden a nuestros Partidos hermanos en el Occidente y en el Oriente. (Aplausos.) Debemos
reprimir a todos los que escinden a nuestros Partidos hermanos en el Occidente, valiéndose para ello del concurso de los aventureros Souvarine, Ruth Fischer y Maslow y del confusionista Treint.
Así, y sólo así, podremos hacer frente a la guerra debidamente preparados, esforzándonos
simultáneamente por hacer ciertos sacrificios materiales para demorar la guerra, para ganar tiempo, para rescatamos del capitalismo.
Eso es lo que debemos hacer y eso es lo que haremos.
El segundo peligro es el peligro de la degeneración. ¿De dónde procede? De ahí (señala a la oposición). Este peligro hay que liquidarlo. (Prolongados Aplausos.)
Discurso del 5 de agosto.
Camaradas: Zinóviev ha cometido una deslealtad manifiesta con el presente Pleno, al volver a plantear en su discurso el problema ya resuelto de la situación internacional.
Estamos debatiendo ahora el cuarto punto del orden del día: "Violación de la disciplina del Partido por Trotski y Zinóviev". Sin embargo, Zinóviev, soslayando el punto que se discute, vuelve al problema de la situación internacional e intenta discutir de nuevo un asunto ya resuelto. Además, en su discurso centra el fuego contra Stalin, olvidando que el asunto que discutimos no se refiere a Stalin, sino a la violación de la disciplina del Partido por Zinóviev y Trotski.
Por eso me veo obligado a insistir, en mi discurso, en ciertos aspectos de un asunto ya resuelto para demostrar la falta de fundamento de las palabras de Zinóviev.
Perdonadme, camaradas, pero tendré que decir también unas palabras sobre los ataques de Zinóviev a Stalin. (Voces: "iDe acuerdo!".)
Primero. En su discurso, Zinóviev ha recordado, no se sabe por qué, las vacilaciones de Stalin en marzo de 1917, acumulando, al propio tiempo, un montón de fábulas. No he negado nunca que en el mes de marzo de 1917 tuviera algunas vacilaciones, pero estas vacilaciones duraron sólo una o dos semanas, desaparecieron con la llegada de Lenin en abril de 1917, y en la Conferencia de Abril de 1917 estuve en las mismas filas que el camarada Lenin contra Kámenev y su grupo de oposición. De todo esto he hablado varias veces en la prensa de nuestro Partido (v. "Camino de Octubre", "¿Trotskismo o leninismo?", etc.).
Nunca me he considerado ni me considero libre de pecados. Jamás he ocultado, no ya mis errores, sino ni siquiera mis vacilaciones fugaces. Pero tampoco se puede ocultar que nunca he insistido en mis errores y que nunca me he dejado llevar de mis vacilaciones fugaces para elaborar una plataforma, organizar un grupo especial, etc.
Pero ¿qué tiene que ver este asunto con la violación de la disciplina del Partido por Zinóviev y Trotski, que estamos examinando? ¿Para qué vuelve Zinóviev a los recuerdos de marzo de 1917, dando de lado la cuestión que se examina? ¿Es que se ha olvidado de sus propios errores, de su lucha contra Lenin y de su plataforma especial contra el Partido de Lenin en agosto, en septiembre, en octubre y en noviembre de 1917? ¿O acaso es que Zinóviev piensa, tal vez, valerse de los recuerdos del pasado para relegar a segundo plano la violación de la disciplina del Partido por Zinóviev y Trotski, que es lo que se está examinando? No, este ardid no le dará resultado a Zinóviev.
Segundo. Zinóviev ha citado, además, un párrafo de la carta que le dirigí en el verano de 1923, unos meses antes de la revolución alemana de 1923. No recuerdo la historia de esta carta. No tengo copia de ella y, por eso, no puedo decir con seguridad que Zinóviev la haya citado exactamente. Creo que la escribí a fines de julio o primeros de agosto de 1923. Pero debo decir que esta carta es absolutamente justa desde la primera hasta la última línea. Al citar esta carta, Zinóviev quiere decir, por lo visto, que, en general, yo manifestaba escepticismo ante la revolución alemana de 1923. Eso, naturalmente, es una tontería.
En la carta se tocaba, ante todo, el problema de la toma inmediata del Poder por los comunistas. En julio o a comienzos de agosto de 1923 no existía aún en Alemania la honda crisis revolucionaria que pone en pie a las grandes masas, que desenmascara el espíritu de conciliación de la socialdemocracia, que desorganiza por completo a la burguesía y plantea el problema de la toma inmediata del Poder por los comunistas. Como es natural, en la situación de julio y agosto no podía hablarse de la toma inmediata del Poder en Alemania por los comunistas, que, además, contaban sólo con una minoría de la clase obrera.
¿Era justa esta posición? Creo que sí. Era la misma posición que mantenía entonces el Buró Político.
La segunda cuestión que se toca en la carta se refiere a la manifestación de los obreros comunistas en el momento en que los fascistas armados trataban de provocar una acción prematura de los comunistas. Yo era partidario entonces de que los comunistas no se dejasen llevar de la provocación. Y no sólo yo: todo el Buró Político compartía este criterio.
Pero, dos meses después, la situación en Alemania cambia radicalmente, agudizándose la crisis revolucionaria. Poincaré emprende una ofensiva militar contra Alemania; la crisis financiera en Alemania adquiere proporciones catastróficas; en el gobierno alemán comienza el desmoronamiento y se inicia un verdadero carrusel ministerial; la ola de la revolución va en ascenso, desbaratando a la socialdemocracia; los obreros comienzan a pasarse
en masa de la socialdemocracia a los comunistas; la cuestión de la toma del Poder por los comunistas ya está a la orden del día. En esta situación, yo, lo mismo que otros miembros de la Comisión de la Internacional Comunista, me pronunciaba resuelta y claramente a favor de la toma inmediata del Poder por los comunistas.
Es sabido que la Comisión Alemana de la Internacional Comunista, creada entonces y formada por Zinóviev, Bujarin, Stalin, Trotski, Rádek y varios camaradas alemanes, había tomado decisiones concretas de ayuda directa a los camaradas alemanes en la toma del Poder.
¿Existía unanimidad entonces entre los componentes de la Comisión en todos los problemas? No. Entonces las discrepancias giraban en torno a la organización de los Soviets en Alemania. Bujarin y yo afirmábamos que los comités de fábrica no podían sustituir a los Soviets y proponíamos organizar inmediatamente Soviets proletarios en Alemania. Trotski y Rádek, así como varios camaradas alemanes, eran contrarios a la organización de los Soviets, considerando que con los comités de fábrica bastaba para la toma del Poder. Zinóviev vacilaba entre estos dos grupos.
Observad, camaradas, que entonces no se trataba de China, donde sólo hay unos pocos millones de proletarios, sino de Alemania, país muy industrial, que contaba entonces con cerca de 15 millones de proletarios.
¿En qué terminaron en aquella ocasión esas discrepancias? En que Zinóviev se pasó al bando de Trotski y Rádek y la cuestión de los Soviets fue resuelta negativamente.
Es cierto que Zinóviev reconoció luego esos pecados. Pero esto no elimina el hecho de que Zinóviev estuviese entonces en el flanco derecho, en el flanco oportunista, en uno de los problemas fundamentales de la revolución alemana, y de que Buj arin y Stalin se encontraran en el flanco revolucionario, en el flanco comunista.
He aquí lo que dijo después Zinóviev a este respecto:
"En la cuestión de los Soviets (en Alemania. J. St.), nosotros cometimos el error de ceder ante Trotski y Rádek. Cada vez que se hacen concesiones en estos problemas, uno se convence de que comete un error. Entonces no se podían crear Soviets obreros, pero esto era la piedra de toque para descubrir si la orientación era socialdemócrata o comunista. No debíamos haber cedido en esta cuestión. La concesión fue un error por nuestra parte. Esto es lo que hay, camaradas, en cuanto a este asunto" (acta taquigráfica de la Sa reunión del Presídium del C.E. de la I.C. con representantes del P.C. de Alemania, celebrada el 19 de enero de 1924, pág. 70).
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:14 pm

Zinóviev dice en esta cita que "nosotros
cometimos un error". ¿Quiénes son esos "nosotros"? Entonces no había ni podía haber "nosotros" de ninguna clase. El que se equivocó, propiamente hablando, fue Zinóviev, que se pasó al lado de Trotski y Rádek y adoptó la posición errónea de éstos.
Tales son los hechos.
Más valdría que Zinóviev no recordase la revolución alemana de 1923 y que no se pusiera en vergüenza ante el Pleno, con tanta mayor razón por cuanto que el problema de la revolución alemana, que él ha planteado, no tiene, como veis, ninguna relación con el punto cuarto del orden del día del Pleno, con el punto que estamos discutiendo.
La cuestión de China. Según Zinóviev, resulta que Stalin, en su informe ante el XIV Congreso del Partido, identificaba a China con Norteamérica. Eso, naturalmente, es una tontería. En mi informe no hubo ni podía haber ninguna identificación de China con Norteamérica. En realidad, en mi informe únicamente se hablaba del derecho del pueblo chino a la unificación nacional y a la liberación nacional del yugo extranjero. Enfilando los tiros contra la prensa imperialista, yo decía que si los señores imperialistas consideran justa, por lo menos de palabra, la guerra nacional en Italia, la guerra nacional en Norteamérica y la guerra nacional en Alemania por la unificación y por liberarse del yugó extranjero, ¿por qué China ha de ser peor que estos países y por qué el pueblo chino no ha de tener derecho a la unificación y a la liberación nacional?
Esto era lo que yo decía en mi informe, sin tocar para nada las perspectivas y las tareas de la revolución china desde el punto de vista del comunismo.
¿Es legítimo este planteamiento del problema en la lucha contra la prensa burguesa? Claro que sí. Zinóviev no comprende esta cosa tan sencilla, pero la culpa la tiene su incomprensión y nadie más.
Resulta que Zinóviev considera desacertada la política de convertir el entonces revolucionario Kuomintang de Wu-han en el núcleo de la futura dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado. Cabe preguntar: ¿qué hay en esto de desacertado? ¿No es un hecho, acaso, que, al comienzo de este año, el Kuomintang de Wu-han era revolucionario? ¿Por qué, pues, gritaba Zinóviev que había que "apoyar por todos los medios" al Kuomintang de Wu-han, si éste no era revolucionario? ¿Por qué juraba entonces la oposición que era partidaria de que el Partido Comunista continuara formando parte del Kuomintang de Wu-han, si éste no era entonces revolucionario? ¿Qué valdrían los comunistas que, formando parte del Kuomintang de Wu-han y gozando de influencia en él, no hubiesen intentado arrastrar tras de sí a los compañeros de viaje kuomintanistas y convertir el Kuomintang de Wu‑
han en el núcleo de la dictadura democrática revolucionaria? Yo diría que tales comunistas no valían un comino.
Es cierto que esta tentativa no ha tenido éxito, pues los imperialistas y los señores feudales de China han sido, en la presente etapa, más fuertes que la revolución y, por eso, la revolución china ha sufrido una derrota transitoria. Pero ¿acaso hay que deducir de esto que la política del Partido Comunista no fue acertada?
En 1905, los comunistas rusos también intentaron transformar los Soviets de entonces en el núcleo de la futura dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado. Pero esa tentativa tampoco tuvo éxito, debido a la desfavorable correlación de las fuerzas de clase, debido a que el zarismo y los señores feudales resultaron ser más fuertes que la revolución. ¿Hay que deducir de esto que la política de los bolcheviques no fue acertada? Claro que no.
Zinóviev asegura más adelante que Lenin era partidario de la organización inmediata de Soviets de diputados obreros en China. Para ello, Zinóviev se remite a las tesis de Lenin sobre la cuestión colonial, aprobadas en el II Congreso de la Internacional Comunista. Pero lo que Zinóviev hace en este raso es simplemente desorientar al Partido.
Se ha dicho varias veces en la prensa, y hay que repetirlo aquí, que en las tesis de Lenin no se dice ni una palabra de los Soviets de diputados obreros en China.
Se ha dicho varias veces en la prensa, y hay que repetirlo aquí, que, en sus tesis, Lenin no se refería a los Soviets de diputados obreros, sino a los "Soviets de campesinos", a los "Soviets populares", a los "Soviets de trabajadores", haciendo, además, la salvedad de que se trata de países "donde no hay o casi no hay proletariado industrial".
¿Puede incluirse a China en la categoría de los países donde "no hay o casi no hay proletariado industrial"? Es evidente que no. ¿Pueden crearse en China Soviets campesinos, Soviets de trabajadores, Soviets populares sin crear previamente Soviets clasistas de la clase obrera? Es evidente que no. Entonces, ¿por qué engaña la oposición al Partido citando las tesis de Lenin?
La cuestión de la tregua. Decía Lenin en 1921, cuando terminó la guerra civil, que teníamos entonces cierta tregua en la guerra, una tregua que había que aprovechar para edificar el socialismo. Zinóviev la toma ahora con Stalin y afirma que éste ha convertido la tregua en un período de tregua, cosa que, según él, contradice la tesis sobre la amenaza de guerra entre la U.R.S.S. y los imperialistas.
Ni que decir tiene que esta ocurrencia de Zinóviev es una necedad y una ridiculez. ¿Acaso no es un hecho que no hay conflictos militares entre los imperialistas y la U.R.S.S. desde hace siete años?¿Puede llamarse este período de siete años período de tregua? Claro que se puede y que hay que llamarlo así. Lenin habló más de una vez del período de la paz de Brest-Litovsk, aunque todo el mundo sabe que este período no duró más de un año. ¿Por qué se puede llamar período al período de un año de la paz de Brest-Litovsk y no se puede llamar período de tregua a un período de tregua de siete años? ¿Cómo se puede entretener al Pleno conjunto del C.C. y de la C.C.C. con una cicatería tan ridícula y tan necia?
Sobre la dictadura del Partido. Se ha dicho varias veces en la prensa de nuestro Partido que Zinóviev tergiversa el concepto leninista de la "dictadura" del Partido, identificando la dictadura del proletariado con la dictadura del Partido. Se ha dicho varias veces en la prensa de nuestro Partido que Lenin entendía por "dictadura" del Partido la dirección del Partido respecto a la clase obrera, o sea, no la violencia del Partido sobre la clase obrera, sino la dirección por el convencimiento, por la educación política de la clase obrera, y, concretamente, la dirección por un solo partido, que no comparte ni quiere compartir esa dirección con otros partidos.
Esto no lo comprende Zinóviev, que tergiversa el concepto leninista. Y al tergiversar el concepto leninista de la "dictadura" del Partido, Zinóviev, quizá sin él mismo darse cuenta, abre el camino para implantar en el Partido el "arakcheevismo", para justificar la calumnia de Kautsky contra Lenin acusándole de aplicar "la dictadura del Partido sobre la clase obrera". ¿Está bien esto? Claro que no está bien. ¿Quién tiene la culpa de que Zinóviev no comprenda estas cosas tan sencillas?
Sobre la cultura nacional. Las disquisiciones que se ha permitido aquí Zinóviev acerca de la cultura nacional habría que perpetuarlas para que el Partido sepa que Zinóviev es adversario del desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S. sobre la base soviética, que es, en la práctica, partidario del colonialismo.
Nosotros considerábamos y seguimos considerando que la consigna de la cultura nacional en la época de la dominación de la burguesía en un Estado multinacional es una consigna de la burguesía. ¿Por qué? Porque la consigna de la cultura nacional durante el período de la dominación de la
burguesía en semejante Estado significa el sometimiento moral de las masas trabajadoras de todas las nacionalidades a la dirección de la burguesía, a su dominio, a su dictadura.
Después de la toma del Poder por el proletariado, nosotros hemos proclamado la consigna de desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S. sobre la base de los Soviets. ¿Qué significa esto? Esto significa que nosotros adaptamos el desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S. a los intereses y a las exigencias del socialismo, a los intereses y a las exigencias de la dictadura proletaria,
a los intereses y a las exigencias de los trabajadores de todas las nacionalidades de la U.R.S.S.
¿Significa esto que ahora somos contrarios a la cultura nacional en general? No. Esto significa únicamente que ahora somos partidarios del desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S., de la lengua, de la escuela, de la prensa nacionales, etc. sobre la base de los Soviets. ¿Y qué significa la salvedad: "sobre la base de los Soviets"? Significa que, por su contenido, la cultura de los pueblos de la U.R.S.S., fomentada por el Poder Soviético, debe ser una cultura común para todos los trabajadores, una cultura socialista, pero, por su forma, no es ni será una cultura igual para todos los pueblos de la U.R.S.S., sino una cultura nacional, una
cultura distinta para los diversos pueblos de la U.R.S.S., de acuerdo con las diferencias de idioma y con las peculiaridades nacionales. Ya hablé de esto en mi discurso en la U.C.T.O. hace unos tres años27. En este sentido ha venido actuando siempre nuestro Partido, estimulando el desarrollo de las escuelas soviéticas nacionales, de la prensa soviética nacional
y de otras instituciones culturales, la
"nacionalización" del aparato del Partido, la "nacionalización" del aparato de los Soviets, etc., etc.
Por eso, precisamente, en sus cartas a los camaradas que trabajan en las regiones y repúblicas nacionales, Lenin exhortaba a desarrollar la cultura nacional de estas regiones y repúblicas sobre la base de los Soviets.
Precisamente porque después de la toma del Poder por el proletariado hemos seguido siempre este camino, precisamente por eso hemos logrado levantar este edificio internacional, sin precedente en el mundo, que se llama Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Y Zinóviev piensa ahora poner boca abajo todo esto, borrarlo, enterrarlo, declarando la guerra a la cultura nacional. ¡Y a estas divagaciones colonialistas sobre la cuestión nacional es a lo que él llama leninismo! ¿No es ridículo, camaradas?
Sobre la edificación del socialismo en un solo país. Zinóviev y la oposición en general (Trotski, Kámenev), no obstante la serie de duras derrotas sufridas en esta cuestión, se aferran una y otra vez a ella, haciendo perder el tiempo al Pleno. Presentan las cosas como si la tesis de la posibilidad de la victoria del socialismo en la U. R.S.S. no fuera una teoría de Lenin, sino una "teoría" de Stalin.
No creo que sea preciso demostrar que, con esta afirmación, la oposición intenta engañar al Partido. ¿Acaso no es un hecho que fue precisamente Lenin, y nadie más que Lenin, quien declaró ya en 1915 que la victoria del socialismo era posible en un solo país28? ¿Acaso no es un hecho que fue precisamente Trotski, y nadie más que Trotski, quien hizo precisamente entonces objeciones a lo dicho por
Lenin, calificando la declaración de Lenin de "estrechez nacional"? ¿Qué tiene que ver aquí la "teoría" de Stalin?
¿Acaso no es un hecho que fueron precisamente Kámenev y Zinóviev, y nadie más que ellos, quienes marcharon a la zaga de Trotski en 1925 y tildaron de "estrechez nacional" la doctrina de Lenin sobre la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país? ¿Acaso no es un hecho que nuestro Partido, representado por su XIV Conferencia, adoptó una resolución especial sobre la posibilidad de la edificación victoriosa del socialismo en la U.R.S.S.29, a despecho de la teoría semimenchevique de Trotski?
¿Por qué Trotski, Zinóviev y Kámenev soslayan esta resolución de la XIV Conferencia?
¿Acaso no es un hecho que nuestro Partido, representado por su XIV Congreso, ratificó el acuerdo de la XIV Conferencia, y que esa ratificación estaba enfilada contra Kámenev y Zinóviev30?
¿Acaso no es un hecho que la XV Conferencia de nuestro Partido adoptó un acuerdo fundamentado en detalle sobre la posibilidad de la victoria del socialismo en la U.R.S.S.31 y que ese acuerdo estaba enfilado contra el bloque oposicionista y su jefe, Trotski?
Acaso no es un hecho que el VII Pleno ampliado del C.E. de la I.C. ha aprobado esta resolución de la XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S., denunciando la desviación socialdemócrata de Trotski, Zinóviev y Kámenev32?
Cabe preguntar: ¿qué tiene que ver aquí la "teoría" de Stalin?
¿Acaso Stalin ha exigido alguna vez de la oposición otra cosa que no sea el reconocimiento de la justeza de estos acuerdos de las más altas instancias de nuestro Partido y de la Internacional Comunista?
¿Por qué, si tienen la conciencia limpia, soslayan todos estos hechos los líderes de la oposición? ¿Qué se proponen? ¿Engañar al Partido? Pero ¿acaso es tan difícil comprender que nadie logrará engañar a nuestro Partido Bolchevique?
Estas son, camaradas, las cuestiones que Zinóviev ha sacado a relucir para arrojar tierra a los ojos y para velar la cuestión que se discute, aunque, en rigor, no tienen nada que ver con el punto que discutimos de violación de la disciplina del Partido por Trotski y Zinóviev.
Pido perdón una vez más por haberos entretenido y haberme dedicado al análisis de estas cuestiones. Pero no he podido por menos de hacerlo, pues no hay otra forma de quitarles a nuestros oposicionistas las ganas de engañar al Partido.
Y ahora, camaradas, permitidme que pase de la "defensa" al ataque.
La principal desgracia de la oposición consiste en que no puede comprender hasta ahora por qué "ha
llegado a una vida así".
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:15 pm

En efecto, ¿por qué sus líderes, que ayer todavía figuraban entre los líderes del Partido, se han convertido "de pronto" en apostatas? ¿Cómo se explica eso? La oposición se inclina a explicado por motivos de índole personal: Stalin "no ha ayudado», Buj arin "lo ha estropeado", Rykov "no ha apoyado", Trotski "se ha descuidado", a Zinóviev "se le ha pasado", etc. Pero esta burda "explicación" no es tal explicación ni cosa que se lo parezca. El aislamiento de los actuales líderes de la oposición respecto del Partido no es un hecho de poca importancia. Con mayor razón, no se le puede llamar casualidad. Ese apartamiento de los actuales líderes de la oposición tiene profundas causas. Es evidente que hay algo en que se han descarriado Zinóviev, Trotski y Kámenev, que en algo han pecado gravemente; pues, de lo contrario, el Partido no les habría vuelto la espalda como a unos apostatas. Y yo pregunto: ¿en qué se han descarriado los líderes de la actual oposición?, ¿qué les ha hecho acreedores a "llegar a una vida así"?
La primera cuestión fundamental en que se han descarriado es la cuestión del leninismo, es la cuestión de la ideología leninista de nuestro Partido. Se han descarriado al intentar y seguir intentando completar el leninismo con el trotskismo, sustituir, en esencia, el leninismo por el trotskismo. Pero éste es, camaradas, un gravísimo pecado de los líderes de la oposición, que el Partido no podía ni puede perdonarles. Está claro que el Partido no podía seguirles en esta tentativa de desviarse del leninismo al trotskismo, y, por eso, los líderes de la oposición han quedado aislados del Partido.
¿Qué es el actual bloque de los trotskistas con los ex leninistas de la oposición? Su bloque actual es la expresión material de la tentativa de complot al el leninismo con el trotskismo. La palabra "trotskismo" no la he inventado yo. La empleó por vez primera el camarada Lenin como algo opuesto al leninismo.
¿En qué consiste el principal pecado del trotskismo? El principal pecado del trotskismo consiste en que no tiene fe en las fuerzas ni en la capacidad del proletariado de la U.R.S.S. para conducir tras de sí a los campesinos, a las masas fundamentales del campesinado, tanto en la lucha por la consolidación del Poder del proletariado, como, singularmente, en la lucha por la victoria de la edificación socialista en nuestro país.
El principal pecado del trotskismo consiste en que no comprende y, en el fondo, no reconoce la idea leninista de la hegemonía del proletariado (respecto al campesinado) en la conquista y consolidación de la dictadura del proletariado, en la edificación de la sociedad socialista en uno u otro país.
¿Conocían estos defectos orgánicos del trotskismo los ex leninistas Zinóviev y Kámenev? Sí, los conocían. Ayer todavía gritaban a los cuatro vientosque una cosa es el leninismo y otra el trotskismo. Ayer todavía gritaban que el trotskismo y el leninismo son incompatibles. Pero, en cuanto han entrado en conflicto con el Partido y se han quedado en minoría, han olvidado todo esto y han virado hacia el trotskismo para luchar juntos contra el Partido leninista, contra su ideología, contra el leninismo.
Seguramente, recordaréis nuestras discusiones en el XIV Congreso. ¿Qué discutíamos entonces con la llamada "nueva oposición"? El papel y la importancia del campesino medio, el papel y la importancia de las masas fundamentales del campesinado, la posibilidad de que el proletariado conduzca tras de sí a las masas fundamentales del campesinado en la edificación socialista, pese al atraso técnico de nuestro país.
En otras palabras: discutíamos con ellos lo mismo que hace tiempo viene discutiendo nuestro Partido con el trotskismo. Sabéis que el resultado de las discusiones en el XIV Congreso fue deplorable para la "nueva oposición". Sabéis que, a consecuencia de estas discusiones, la "nueva oposición" se pasó al campo del trotskismo en una cuestión fundamental: la idea leninista de la hegemonía del proletariado en la época de la revolución proletaria. En este terreno surgió, precisamente, el llamado bloque oposicionista de los trotskistas con los ex leninistas de la oposición.
¿Sabía la "nueva oposición" que el y Congreso de la Internacional Comunista había calificado al trotskismo de desviación pequeñoburguesa33? Claro que lo sabía. Más aún: ella misma luchó por que se aprobara la resolución correspondiente en el y Congreso de la Internacional Comunista. ¿Sabía la "nueva oposición" que el leninismo y la desviación pequeñoburguesa son incompatibles? Claro que lo sabía. Más aún: lo proclamaba a los cuatro vientos a la vista de todo el Partido.
Ahora juzgad vosotros mismos: ¿podía el Partido no volver la espalda a líderes que queman hoy lo que adoraron ayer, que niegan hoy lo que ayer pedían a Voces que hiciera el Partido, que intentan completar el leninismo con el trotskismo, aunque ayer todavía calificaban semejante tentativa de traición al leninismo? Está claro que el Partido tenía que volver la espalda a tales líderes.
Llevada de su afán de ponerlo todo boca abajo, la oposición ha llegado incluso a negar que Trotski perteneciera a los mencheviques en el período anterior a la Revolución de Octubre. No os asombréis, camaradas; la oposición dice sin ambages que, desde 1904, Trotski no fue nunca menchevique. ¿Es así en realidad? Remitámonos a Lenin.
He aquí lo que decía Lenin de Trotski en 1914,
tres años y medio antes de la Revolución de Octubre:
"Los viejos participantes del movimiento
marxista en Rusia conocen bien la figura de
Trotski y para ellos no vale la pena hablar de ella.
Pero la joven generación obrera no la conoce, y es preciso hablar de ella, porque es una figura típica para los cinco grupitos que hay en el extranjero y que, de hecho, vacilan también entre los liquidadores y el Partido.
En los tiempos de la vieja "Iskra" (1901-1903) había un mote para esos vacilantes que se pasaban del campo de los "economistas" al de los "iskristas" y viceversa: los "tránsfugas de Túshino" (nombre que en la Época Turbulenta se aplicaba en Rusia a los guerreros que se pasaban de un campo a otro)...
Los "tránsfugas de Túshino" declaran estar por encima de las fracciones por la única razón de que hoy "toman" las ideas de una fracción y mañana las de otra. Trotski era un "Iskrista" furioso en 1901-1903, y Riazánov decía que en el Congreso de 1903 había desempeñado el papel de "garrote de Lenin". A fines de 1903, Trotski era un menchevique furioso*, es decir, que de los iskristas se había pasado a los "economistas", proclamando que "hay un abismo entre la vieja y la nueva "Iskra"". En 1904-1905 se aparta de los mencheviques y ocupa una posición vacilante, ora colaborando con Martínov ("economista"), ora proclamando la "revolución permanente", de un izquierdismo absurdo. En 1906-1907 se acerca a los bolcheviques, y en la primavera de 1907 se declara solidario con Rosa Luxemburgo.
En la época de disgregación, después de largas vacilaciones "no fraccionales", nuevamente se dirige hacia la derecha, y en agosto de 1912 forma bloque con los liquidadores. Ahora vuelve a apartarse de ellos, pero repitiendo, en el fondo, sus mismas ideúchas*.
Semej antes tipos son característicos
fragmentos de las formaciones históricas del pasado, cuando el movimiento obrero de masas dormía aún en Rusia y cualquier grupito podía presentarse "a sus anchas" como corriente, grupo o fracción, en una palabra, como una "potencia" que habla de unirse con otras.
Es preciso que la joven generación obrera sepa bien con quién trata, cuando se presentan con pretensiones inconcebibles personas que no quieren tener en cuenta en absoluto ni las decisiones del Partido, que desde 1908 han definido y fijado la actitud frente al liquidacionismo, ni la experiencia del movimiento obrero contemporáneo en Rusia, que, de hecho, ha creado la unidad de la mayoría sobre la base de un
reconocimiento pleno de las decisiones
mencionadas" (v. t. XVII, págs. 393-39 1). Resulta, por lo tanto, que, en el período que siguió
a 1903, Trotski estuvo siempre fuera del campo
bolchevique, bien pasándose al campo de los
mencheviques, o bien apartándose de ellos, pero sin
adherirse jamás a los bolcheviques, y que, a partir de 1912, organizó un bloque con los liquidadores mencheviques contra Lenin y su Partido, permaneciendo en un mismo campo con los mencheviques.
¿Qué tiene de sorprendente que semejante "figura" no inspire confianza a nuestro Partido Bolchevique?
¿Qué tiene de sorprendente que el bloque oposicionista; encabezado por esta misma "figura", se haya visto aislado y apartado del Partido?
La segunda cuestión fundamental en que se han descarriado los líderes de la oposición es la de la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país en el período del imperialismo. El error de la oposición consiste en que ha intentado escamotear la doctrina de Lenin de la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país.
Ahora no es un secreto para nadie que ya en 1915, dos años antes de la Revolución de Octubre, Lenin, partiendo de la ley de la desigualdad del desarrollo económico y político en las condiciones del imperialismo, proclamó la tesis de que "es posible que la victoria del socialismo empiece por unos cuantos países capitalistas, o incluso por un solo país capitalista" (Lenin, t. XVIII, pág. 232).
Ahora no es un secreto para nadie que precisamente Trotski, y nadie más que Trotski, intervino en la prensa aquel mismo año de 1915 contra esta tesis de Lenin, declarando que reconocer la posibilidad del triunfo del socialismo en uno u otro país "significaría ser víctima de esa estrechez nacional* que constituye la esencia del social-patriotismo" (Trotski, "1917", t. III, parte 1, págs. 89- 90).
Tampoco es un secreto el hecho, público y notorio, de que posteriormente esta polémica entre Lenin y Trotski no cesó, en realidad, ni aun en 1923, cuando apareció el último folleto de Lenin "Sobre la cooperación"34, en el que se afirma una y otra vez la posibilidad de edificar la "sociedad socialista completa" en nuestro país.
¿Qué cambios se han operado, después de la muerte de Lenin, en la historia de nuestro Partido en relación con este asunto? En 1925, en la XIV Conferencia de nuestro Partido, Kámenev y Zinóviev, tras una serie de vacilaciones, reconocieron la doctrina de Lenin de la posibilidad del triunfo del socialismo en un solo país y, lo mismo que todo el Partido, se desolidarizaron del trotskismo en esta cuestión. Y varios meses después, en vísperas del XIV Congreso, cuando quedaron en minoría en la lucha contra el Partido y se vieron obligados a formar un bloque con Trotski, viraron "de repente" hacia el trotskismo, rompiendo con la resolución de la XIV Conferencia de nuestro Partido y apartándose de la doctrina leninista de la posibilidad del triunfo del
socialismo en un solo país. El resultado de ello ha sido que las habladurías semimencheviques de Trotski acerca de la estrechez nacional de la teoría de Lenin se convierten en la cortina con que la oposición trata de ocultar su trabajo de liquidación del leninismo en el problema de la edificación socialista.
Cabe preguntar: ¿qué tiene de sorprendente que el Partido, educado y forjado en el espíritu del leninismo, haya considerado necesario, después de todo esto, volver la espalda a semejantes liquidadores y que los líderes de la oposición se vean aislados del Partido?
La tercera cuestión fundamental en la que se han descarriado los líderes de la oposición es la de nuestro Partido, la cuestión de su carácter monolítico, de su unidad férrea.
El leninismo enseña que el Partido del proletariado debe ser un partido unido y monolítico, sin fracciones, sin centros fraccionales, con un centro único del Partido, con una voluntad única. El leninismo enseña que los intereses del Partido
proletario exigen un examen consciente de las cuestiones de la política del Partido, una actitud consciente de las masas del Partido hacia la línea de dirección del Partido, la crítica de los defectos del Partido, la crítica de sus errores. Pero el leninismo exige, además, que las decisiones del Partido, una vez adoptadas y aprobadas por sus organismos dirigentes, sean cumplidas incondicionalmente por todos los miembros del Partido.
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:16 pm

El trotskismo mira las cosas de otro modo. Para el trotskismo, el Partido es una especie de federación de grupos fraccionales con distintos centros
fraccionales. El trotskismo no transige con la
disciplina proletaria del Partido. El trotskismo no
tolera el régimen proletario en el Partido. El trotskismo no comprende que sin una disciplina férrea en el Partido es imposible ejercer la dictadura del proletariado.
¿Conocían estos defectos orgánicos del trotskismo los ex leninistas de la oposición? Claro que sí. Más aún: gritaban a los cuatro vientos que el "esquema de organización" del trotskismo era incompatible con los principios de organización del leninismo. El hecho de que, en su declaración del 16 de octubre de 1926, la oposición se retractase del concepto del Partido como federación de grupos, confirma una vez más que la oposición cojeaba y sigue cojeando de los dos pies en este terreno. Pero esta retractación era verbal, no era sincera. En la práctica, los trotskistas jamás han abandonado sus intentos de imponer a nuestro Partido la línea de organización trotskista, y Zinóviev y Kámenev les ayudan en esta innoble empresa. Bastó que Zinóviev y Kámenev quedasen en minoría en su lucha contra el Partido, para que se volvieran hacia el plan de organización trotskista, plan semimenchevique, y proclamasen con lostrotskistas la lucha contra el régimen proletario en el Partido como consigna del día.
¿Qué tiene de sorprendente que nuestro Partido no haya estimado posible enterrar los principios de organización del leninismo y haya arrojado lejos de sí a los actuales líderes de la oposición?
Esas son, camaradas, las tres cuestiones fundamentales en las que se han descarriado los actuales líderes de la oposición, rompiendo con el leninismo.
Después de esto, ¿cabe asombrarse de que el Partido leninista haya roto, a su vez, con estos líderes?
Pero, desgraciadamente, la oposición no se ha detenido aquí en su caída. Esta ha continuado, llevando a la oposición a un extremo que no puede rebasar sin correr el riesgo de verse fuera del Partido.
Juzgad vosotros mismos.
Hasta ahora era difícil suponer que la oposición, por muy bajo que hubiese caído, vacilara en la cuestión de la defensa incondicional de nuestro país. Pero ahora no sólo se debe suponer, sino afirmar que la actitud de los actuales líderes de la oposición es una actitud derrotista. ¿De qué otro modo puede comprenderse la tesis estúpida y absurda de Trotski acerca del experimento clemansoniano en caso de una nueva guerra contra la U.R.S.S.? ¿Puede caber duda de que esto es un indicio de que la oposición sigue rodando por la pendiente?
Hasta ahora era difícil suponer que la oposición llegase algún día a lanzar contra nuestro Partido la acusación estúpida y absurda de termidorismo. En 1925, cuando Zalutski habló por primera vez de tendencias termidorianas en nuestro Partido, los actuales líderes de la oposición se desolidarizaron categóricamente de él. Pero ahora, la oposición ha caído hasta el punto de ir más lejos que Zalutski, acusando al Partido de termidorismo. Lo único que no comprendo es cómo pueden permanecer en nuestro Partido hombres que afirman que el Partido se ha hecho termidoriano.
Hasta ahora, la oposición se esforzaba
"únicamente" por organizar agrupaciones fraccionales en las secciones de la Internacional Comunista. Pero ahora ha llegado al extremo de organizar, a la vista de todos, un nuevo partido en
Alemania, el partido de los aventureros contrarrevolucionarios Maslow y Ruth Fischer, en contraposición al Partido Comunista Alemán que existe allí. Pero esta actitud es de franca escisión de la Internacional Comunista. De las agrupaciones fraccionales en las secciones de la Internacional
Comunista a la escisión de la Internacional Comunista: tal es la trayectoria que han seguido en su caída los líderes de la oposición.
Es sintomático que Zinóviev no haya negado en su discurso que existe escisión en Alemania. Y que ese mismo partido anticomunista ha sido organizado
por nuestra oposición, se ve aunque sólo sea por el hecho de que los artículos y discursos antipartido de los líderes de nuestra oposición son impresos y difundidos en folletos por Maslow y Ruth Fischer. (Una voz: "¡Qué vergüenza!".)
¿Y qué significa que el bloque oposicionista haya lanzado a Vuióvich en nuestra prensa para defender políticamente a este segundo partido en Alemania, al partido de Maslow y Ruth Fischer? Esto significa que nuestra oposición apoya públicamente a Maslow y a Ruth Fischer, que los apoya contra la Internacional Comunista, contra sus secciones proletarias. Pero esto ha dejado de ser ya simple fraccionalismo, camaradas. Esta es una política de abierta escisión de la Internacional Comunista. (Voces: "¡Bien dicho!".)
Antes, la oposición quería lograr la libertad de grupos fraccionales en nuestro Partido. Ahora eso le parece poco. Ahora emprende el camino de la escisión directa, creando un nuevo partido en la U.R.S.S., con su C.C. y con sus organizaciones locales. De la política fraccionalista a la política de la escisión directa, a la política de la creación de un nuevo partido, a la política del "ossovskismo"35: hasta ahí han rodado los líderes de nuestra oposición.
Tales son los principales jalones de la caída progresiva de la oposición por la pendiente de su apartamiento del Partido y de la Internacional Comunista, por la pendiente de la política de escisión en la Internacional Comunista y en el P.C.(b) de la U.R.S.S.
¿Se puede seguir tolerando esta situación? Está claro que no. No puede permitirse la política de escisión ni en la Internacional Comunista ni en el P.C.(b) de la U.R.S.S. Este mal hay que extirparlo de raíz inmediatamente, si nos son caros los intereses del Partido y de la Internacional Comunista, los intereses de su unidad.
Estas son las circunstancias que han obligado al C.C. a plantear la expulsión de Trotski y Zinóviev del Comité Central.
Preguntaréis: ¿dónde está la salida?
La oposición se ha metido en un atolladero. La tarea consiste en hacer la última tentativa y ayudar a la oposición a salir de ese atolladero. Lo que ha propuesto aquí el camarada Ordzhonikidze en nombre de la C.C.C. es el procedimiento y, a la vez, el máximo de concesiones a que podría acceder el Partido para facilitar la paz en él.
En primer lugar, la oposición debe abandonar resuelta e irrevocablemente las habladurías acerca del "termidorismo" y la absurda consigna del experimento clemansoniano. La oposición debe comprender que, con semejantes puntos de vista y con semejantes tendencias, no se puede defender nuestro país ahora, cuando la amenaza de guerra se cierne sobre él. La oposición debe comprender que, con semejantes puntos de vista y con semejantes tendencias, no se puede continuar en el Comité
Central de nuestro Partido. (Voces: "¡Muy bien!".)
En segundo lugar, la oposición debe condenar abiertamente y sin reservas al grupo antileninista escisionista de Maslow y Ruth Fischer en Alemania, rompiendo toda ligazón con él. No se puede seguir tolerando el apoyo a la política de escisión en la Internacional Comunista. (Voces: "¡Muy bien!".).
No se puede defender la U.R.S.S. apoyando la escisión en la Internacional Comunista y desorganizando las secciones de la I.C.
En tercer lugar, la oposición debe abandonar resuelta e irrevocablemente todo fraccionalismo y todos los caminos que conducen a la creación de un nuevo partido dentro del P.C.(b) de la U.R.S.S. La política de escisión no debe ser permitida en nuestro Partido ni dos meses ni dos horas antes del Congreso de nuestro Partido. (Voces: "¡Muy bien!".)
Esas son, camaradas, las tres condiciones fundamentales sin cuya aceptación no podemos consentir que Trotski y Zinóviev continúen en el C.C. de nuestro Partido.
Dirán que son represalias. Sí, son represalias. En
el arsenal de nuestro Partido nunca se han
considerado excluidas las represalias. Obramos así
basándonos en la conocida resolución del X
Congreso de nuestro Partido, en la resolución escrita
y defendida en el X Congreso por el camarada
Lenin36. He aquí los puntos 6 y 7 de esta resolución:
Punto 6: "El Congreso prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado sobre la base de una u otra plataforma y encomienda a todas las organizaciones que velen con el mayor rigor para impedir manifestaciones fraccionalistas de cualquier género. El incumplimiento de esta disposición del Congreso acarreará la expulsión incondicional e inmediata del Partido".
Punto 7: "A fin de mantener una rigurosa disciplina en el seno del Partido y en toda la labor de los organismos soviéticos y para conseguir la máxima unidad, eliminando todo fraccionalismo, el Congreso faculta al C.C., en el caso (en los casos) de infracción de la disciplina o de renacimiento o tolerancia del fraccionalismo, a adoptar todas las medidas de sanción de Partido, comprendida la expulsión; en cuanto a los miembros del C.C., éste podrá pasarlos a la categoría de miembros suplentes e incluso, como medida extrema, expulsarlos del Partido. Es condición para aplicar (a los miembros del C.C., a los miembros suplentes del C.C. y a los miembros de la Comisión de Control) esta medida extrema la convocatoria del Pleno del C.C., al que deben ser invitados todos los miembros suplentes del mismo y todos los miembros de la Comisión de Control. Si esta asamblea general de los dirigentes más responsables del Partido estima, por dos tercios de los votos, necesario pasar a un miembro
del C.C. a miembro suplente o expulsarlo del Partido, esa medida debe ser aplicada inmediatamente".
Voces: Eso es lo que hay que hacer ahora mismo.
Stalin: Aguardad, camaradas, no os precipitéis. Esto lo escribió y nos legó Lenin, pues sabía lo que es la férrea disciplina del Partido, lo que es la dictadura del proletariado, sabía que la dictadura del proletariado se ejerce a través del Partido, que sin el Partido, unido y monolítico, es imposible la dictadura del proletariado.
Tales son las condiciones sin cuya aceptación es imposible que Trolski y Zinóviev continúen en el C.C. de nuestro Partido. Si la oposición acepta estas condiciones, bien está. Si no las acepta, tanto peor para ella. (Aplausos.)
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:17 pm

A propósito de la “declaración” de la oposición, del 8 de agosto de 1927, discurso del 9 de agosto.
Camaradas: Lo que nos propone la oposición no puede considerarse como la paz en el Partido. No hay que hacerse ilusiones. Lo que nos propone la oposición es un armisticio temporal. (Una voz: "iNi siquiera temporal!".) Es un armisticio temporal que puede ser, en determinadas condiciones, cierto paso adelante, pero que también puede no serlo. Esto hay que recordarlo de una vez para siempre. Tanto en el caso de que la oposición haga nuevas concesiones como en el caso de que no las haga, hay que recordarlo.
Para el Partido es un paso adelante el que, en las tres cuestiones que hemos planteado, la oposición haya retrocedido en cierto modo. En cierto modo. Pero ha retrocedido con unas reservas que pueden abonar el terreno para una lucha futura más enconada aún. (Voces: "RCierto!". "REso es cierto!".)
La cuestión de la defensa de la U.R.S.S. es lo fundamental para nosotros, teniendo en cuenta que existe una amenaza de guerra. La oposición afirma en su declaración que es partidaria de la defensa incondicional y sin reservas de la U.R.S.S., pero se niega a condenar la conocida fórmula, la conocida consigna de Trotski acerca de Clemenceau. Trotski debe tener la valentía de reconocer las cosas tal como son.
Creo que el Pleno del C.C. y de la C.C.C. es unánime en considerar que un hombre que en su fuero interno, en la práctica, y no sólo de palabra, sea partidario de la defensa incondicional de nuestro país no escribirá lo que ha escrito Trotski en su carta a la C.C.C., dirigida a nombre del camarada Ordzhonikidze.
Creo que todo el Pleno del C.C. y de la C.C.C. está convencido de que esta consigna, esta fórmula sobre Clemenceau dada por Trotski, sólo puede hacer dudar de la sinceridad de Trotski en lo tocante a la defensa de la U.R.S.S. Más aún: esta fórmula da laimpresión de que Trotski mantiene una actitud negativa en las cuestiones de la defensa incondicional de nuestro país. (Voces: "RCierto, absolutamente cierto!".)
Creo que todo el Pleno del C.C. y de la C.C.C. está profundamente convencido de que Trotski, al dar esta consigna, esta fórmula acerca de Clemenceau, ponía como condición para la defensa de la U.R.S.S. el conocido punto que prevé sustituir la dirección de nuestro Partido y la dirección del Poder Soviético. Sólo los ciegos pueden no verlo. Si a Trotski le falta el valor, un valor elemental, para reconocer su error, la culpa sólo será suya.
Si la oposición no condena en su documento este error de Trotski, eso quiere decir que desea guardar en sus manos un arma de reserva para futuros ataques contra el Partido en lo referente a la defensa del país, contra la línea seguida por el Partido. Eso quiere decir que guarda en sus manos cierta reserva de armas para ponerla en juego.
Por eso, en este punto fundamental, la oposición no accede a la paz, sino a un armisticio temporal con una salvedad que puede enconar aun más la lucha en el futuro. (Una voz: "No necesitamos un armisticio, necesitamos la paz".)
No, camaradas, os equivocáis; necesita más un armisticio. Si hacen falta ejemplos, lo mejor será que tomemos el del Osip gogoliano, que decía: "LUna soguita? Pues venga, que también la soguita será útil". Valdrá más que obremos como el Osip gogoliano. No somos tan ricos en recursos ni tan fuertes como para menospreciar la soguita. No debemos despreciar ni siquiera una soguita. Pensadlo bien y comprenderéis que en nuestro arsenal también debe haber una soguita.
En la segunda cuestión, la que se refiere al termidor, es indudable que la oposición ha emprendido cierta retirada en comparación con lo que decía antes; después de una retirada así no se puede seguir haciendo (si se es lógico, claro está) la estúpida agitación acerca de la "degeneración termidoriana" del Partido a que venían entregándose algunos miembros de la oposición y, singularmente, algunos semimencheviques.
Pero la oposición hace esta concesión seguida de una salvedad que puede impedir en el futuro todo armisticio y toda paz. Dicen que ciertos elementos del país tienen tendencias restauradoras, tendencias termidorianas. Pero eso nadie lo ha negado nunca. Mientras existan clases antagónicas, mientras no sean liquidadas las clases, habrá siempre, como es natural, tentativas de restaurar el antiguo régimen. Pero nuestra discusión no ha girado en torno a esta cuestión. Lo que se discute es que la oposición, en sus documentos, lanza ataques contra el C.C, -y, por consiguiente, contra el Partido-, acusándolo de termidorismo. No se puede separar del Partido el C.C. No se puede, y sería absurdo. Sólo gentes
adversas al Partido, sólo gentes que no han comprendido las premisas elementales básicas de la estructuración orgánica realizada por Lenin pueden suponer que es posible separar del Partido el C.C., y menos aún nuestro C.C.
Pero la oposición acompaña sus concesiones de las salvedades que he dicho. Y estas salvedades ponen en manos de la oposición ciertas armas de reserva que, llegada la ocasión, utilizará para nuevos ataques contra el Partido.
Es ridículo, naturalmente, hablar de termidorismo del C.C. Diré más: es estúpido. Creo que la propia oposición no da crédito a esa estupidez, pero la necesita como espantajo; porque si la oposición diera crédito a esa estupidez, tendría, como es natural, que declarar una guerra abierta a nuestro Partido y a nuestro C.C., y, sin embargo, asegura que quiere la paz en el Partido.
Ahí tenéis, pues, por lo que al segundo punto se refiere, otra arma de reserva en manos de la oposición, para llevar a cabo más tarde un nuevo ataque contra el C.C. Esto también hay que tenerlo presente en todas las circunstancias, camaradas. De todos modos, apartemos o no del C.C. a los líderes de la oposición, les quedará en las manos esta arma de reserva en la cuestión fundamental del termidor, y el Partido debe adoptar ahora mismo todas las medidas precisas para liquidar a la oposición si ésta recurre de nuevo a dicha arma antipartido.
La tercera cuestión se refiere a la escisión en el Partido Comunista de Alemania, al grupo antileninista y escisionista de Ruth Fischer y Maslow.
Ayer, en la Comisión, tuvimos una conversación insólita. Con un gran esfuerzo, con un esfuerzo muy grande, después de varios discursos, los oposicionistas tuvieron el valor de decir que, acatando la decisión de la Internacional Comunista - no por convicción, sino acatando la decisión de la Internacional Comunista-, están de acuerdo en reconocer que es inadmisible la ligazón orgánica con ese grupo antipartido. Yo propuse: "...la ligazón orgánica y el apoyo a ese grupo". Trotski dijo: "Eso no, eso no lo podemos aceptar; la Internacional Comunista tomó una decisión injusta cuando los expulsó; yo trataré de que sean readmitidos en el Partido Ruth Fischer y Maslow".
¿Qué quiere decir esto? Juzgad vosotros mismos. ¡Hasta qué punto han perdido algunos la noción más elemental de lo que es el Partido!
Hoy, por ejemplo, el P.C.(b) de la U.R.S.S. expulsa del Partido a Miásnikov, cuya conducta antipartido todos conocéis. Mañana llega Trotski y dice: "No puedo dejar de apoyar a Miásnikov, porque la decisión del C.C. es injusta; pero estoy dispuesto a romper el contacto orgánico con él, como me habéis ordenado".
Mañana se expulsa al grupo de la "verdad
obrera"37, cuya actitud antipartido también conocéis. Trotski llega y declara: "Yo no puedo dejar de apoyar a este grupo antipartido, porque lo habéis expulsado injustamente".
Pasado mañana el C.C. expulsa a Ossovski, porque es un enemigo del Partido, como sabéis perfectamente. Trotski nos declara que no es justa esta expulsión y que no puede dejar de apoyar a Ossovski.
Pero si el Partido, si la Internacional Comunista, después de examinar detalladamente el asunto de ciertas personas, incluyendo a Ruth Fischer y a Maslow, si estas altas instancias del proletariado resuelven que hay que expulsar a tales individuos, y Trotski, a pesar de ello, no desiste de seguir apoyando a los expulsados, ¿qué resulta entonces? ¿Dónde está nuestro Partido? ¿Dónde está la Internacional Comunista? ¿Existen o no? Resulta que para Trotski no existe el Partido ni la Internacional Comunista; existe únicamente la opinión personal de Trotski.
¿Pero qué sucederá si los demás miembros del Partido comienzan a querer obrar como Trotski? Está claro que este guerrillerismo, este caudillaje sólo puede conducir a la destrucción del Partido como tal. El Partido dejará de existir, pero existirán las opiniones personales de distintos cabecillas. Eso es lo que no quiere comprender Trotski.
¿Por qué la oposición no ha accedido a dejar de apoyar al grupo anticomunista de Maslow y Ruth Fischer? ¿Por qué los líderes de la oposición no han aceptado nuestra enmienda a este respecto? Porque quieren conservar en su poder la tercera arma de reserva para atacar a la Internacional Comunista. Esto también hay que tenerlo en cuenta.
De todos modos, lo mismo si llegamos a un acuerdo con ellos o no, lo mismo si son apartados del C.C. que si no lo son, conservan en su poder esta arma de reserva para atacar en el futuro a la Internacional Comunista.
La cuarta cuestión atañe a la disolución de las fracciones. Nosotros proponemos que se diga honrada y francamente: "se declara disuelta incondicionalmente la fracción". Los líderes de la oposición se niegan a decir esto. Y, en su lugar, dicen: "liquidar los elementos de fraccionalismo", pero añaden: "los elementos de fraccionalismo formados sobre la base del régimen interior del Partido".
Ahí tenéis la cuarta salvedad. Es también un arma de reserva contra nuestro Partido y su unidad.
¿Qué han querido decir los oposicionistas al no aceptar la fórmula que propone la disolución inmediata de la fracción que tienen formada, de esa fracción que en estos días se dispone a convocar su propia conferencia ilegal, aquí, en Moscú? Eso significa que quieren reservarse el derecho a seguir organizando manifestaciones en la estación,
pretextando que el régimen tiene la culpa, que ellos se han visto obligados a organizar otra manifestación. Eso significa que quieren reservarse el derecho a seguir atacando al Partido, pretextando que el régimen los obliga a atacar. Ahí tenéis otra arma más que se reservan.
El Pleno conjunto del C.C. y de la C.C.C. debe saber y tener presente todo esto.
J. Stalin. “Sobre la oposición”. Artículos y discursos de los años 1921 a 1927. Moscú-Leningrado, 1928.
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Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 24, 2011 7:18 pm

ENTREVISTA CON LA PRIMERA DELEGACIÓN DE OBREROS NORTEAMERICANOS.
9 de septiembre de 1927
I. Preguntas de la delegación y respuestas del camarada Stalin.
1a PREGUNTA. ¿Qué' principios nuevos han sido prácticamente añadidos al marxismo por Lenin y el Partido Comunista? ¿Sería acertado afirmar que Lenin creía en la “revolución creadora”, mientras que Marx se inclinaba más bien a esperar que el desarrollo de las fuerzas económicas hubiese alcanzado su punto culminante?
RESPUESTA. Creo que Lenin no "añadió" ningún "principio nuevo" al marxismo ni suprimió ninguno de los "viejos" principios del marxismo. Lenin fue y sigue siendo el discípulo más fiel y más consecuente de Marx y de Engels, y se apoyó enteramente en los principios del marxismo.
Pero Lenin no sólo fue el realizador de la doctrina de Marx y Engels; fue, al mismo tiempo, el continuador de la doctrina de Marx y Engels.
¿Qué quiere decir eso?
Eso quiere decir que impulsó la doctrina de Marx y Engels teniendo en cuenta las nuevas condiciones del desarrollo, teniendo en cuenta la nueva fase del capitalismo, teniendo en cuenta el imperialismo. Eso quiere decir que, al impulsar la doctrina de Marx en las nuevas condiciones de la lucha de clases, Lenin aportó al tesoro general del marxismo elementos nuevos en comparación con lo que le dieron Marx y Engels, en comparación con lo que se le pudo dar en el período del capitalismo preimperialista. Por cierto, los elementos nuevos que Lenin aportó al tesoro del marxismo se basan plena y enteramente en los principios sentados por Marx y Engels.
En este sentido, precisamente, decimos nosotros que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias.
He aquí algunas cuestiones en las cuales Lenin aportó elementos nuevos, desarrollando la doctrina de Marx.
En primer lugar, la cuestión del capitalismo monopolista, del imperialismo, como fase nueva del capitalismo.
En "El Capital", Marx y Engels hicieron un análisis de las bases del capitalismo. Pero Marx y Engels vivieron en la época en que dominaba el capitalismo premonopolista, en la época de la evolución sin altibajos del capitalismo y de su
extensión "pacífica" por todo el mundo.
Esa vieja fase terminó a fines del siglo X[X y principios del XX, cuando Marx y Engels ya no vivían. Se comprende que Marx y Engels no pudieran más que conjeturar las nuevas condiciones del desarrollo del capitalismo, condiciones que advinieron con la nueva fase del capitalismo, que reemplazó a la vieja fase, con la fase imperialista, monopolista, de desarrollo, en la que la evolución sin altibajos del capitalismo dejó paso a un desenvolvimiento a saltos del capitalismo, a un desenvolvimiento preñado de catástrofes; en la que la desigualdad del desarrollo y las contradicciones del capitalismo se manifiestan con fuerza particular; en la que la lucha por los mercados de venta y de exportación de capitales hizo inevitables, en las condiciones de una desigualdad extrema del desarrollo, guerras imperialistas periódicas con objeto de realizar repartos periódicos del mundo y de las esferas de influencia.
El mérito de Lenin, es decir, lo que Lenin aportó de nuevo en este problema, consiste en que, basándose en los principios fundamentales de "El Capital", hizo un profundo análisis marxista del imperialismo como última fase del capitalismo, poniendo al desnudo sus lacras y las condiciones de su hundimiento inevitable. De este análisis surgió la bien conocida tesis de Lenin de que, en las condiciones del imperialismo, la victoria del socialismo es posible en uno u otro país capitalista.
En segundo lugar, la cuestión de la dictadura del proletariado.
La idea básica de la dictadura del proletariado, como dominación política del proletariado y como método para derrocar el Poder del capital por la violencia, se debe a Marx y Engels.
Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema fue que:
descubrió el Poder de los Soviets como la mejor forma estatal de la dictadura del proletariado, utilizando a este propósito la experiencia de la Comuna de París y de la revolución rusa;
desarrolló la fórmula de la dictadura del proletariado desde el punto de vista del problema de los aliados de éste, definiendo la dictadura del proletariado como forma específica de la alianza de clase del proletariado, que es el dirigente, con las
masas explotadas de las clases no proletarias (campesinado, etc.), que son las dirigidas;
c) recalcó con fuerza particular el hecho de que, en la sociedad de clases, la dictadura del proletariado es el tipo superior de democracia, la forma de la democraciaproletaria, que expresa los intereses de la mayoría (de los explotados), en oposición a la democracia capitalista, que expresa los intereses de la minoría" (de los explotadores).
En tercer lugar, la cuestión de las formas y los procedimientos de la feliz edificación del socialismo en el período de la dictadura del proletariado, en el período de transición del capitalismo al socialismo, en un país cercado por Estados capitalistas.
Marx y Engels concebían el período de la dictadura del proletariado como un período más o menos largo, lleno de contiendas revolucionarias y de guerras civiles, como un período durante el cual el proletariado, desde el Poder, toma las medidas de orden económico, político, cultural y de organización necesarias para crear, en sustitución de la vieja sociedad capitalista, una sociedad nueva, socialista, una sociedad sin clases, una sociedad sin Estado. Lenin se mantenía plena y enteramente en el terreno de estas tesis básicas de Marx y Engels.
Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema fue que:
fundamentó la posibilidad de edificar una sociedad socialista completa en el país de la dictadura del proletariado, cercado por Estados imperialistas, a condición de que este país no fuese estrangulado por una intervención militar de los Estados capitalistas que lo rodean;
señaló las vías concretas de una política económica (la "nueva política económica"), por las que el proletariado, teniendo en sus manos las posiciones dominantes de la economía (la industria, la tierra, el transporte, los Bancos, etc.), liga la industria socializada con la agricultura ("ligazón de la industria con la economía campesina") y conduce, de este modo, toda la economía nacional al socialismo;
c) trazó las vías concretas para llevar y atraer gradualmente a las masas fundamentales del campesinado al cauce de la edificación socialista mediante la cooperación, que constituye, en manos de la dictadura proletaria, el medio más eficaz de transformar la economía rural basada en pequeñas haciendas campesinas y de reeducar a las masas fundamentales del campesinado en el espíritu del socialismo.
En cuarto lugar, la cuestión de la hegemonía del proletariado en la revolución, en toda revolución popular, lo mismo en la revolución contra el zarismo que en la revolución contra el capitalismo.
Marx y Engels bosquejaron a grandes rasgos la idea de la hegemonía del proletariado. Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema es que desarrolló y
amplió el bosquejo hecho por Marx y Engels, creando una teoría armónica de la hegemonía del proletariado, una teoría armónica de la dirección de las masas trabajadoras de la ciudad y del campo por el proletariado, no sólo para derrocar el zarismo y el capitalismo, sino también para edificar el socialismo bajo la dictadura del proletariado.
Sabido es que, gracias a Lenin y a su Partido, la idea de la hegemonía del proletariado fue aplicada magistralmente en Rusia. A ello, entre otras cosas, se debe que la revolución llevara en Rusia al Poder del proletariado.
Antes, las cosas solían ocurrir así: los obreros combatían en las barricadas durante la revolución, vertían su sangre, derrumbaban el antiguo orden de cosas, pero el Poder iba a parar a manos de los burgueses, quienes, después, oprimían y explotaban a los obreros. Así sucedió en Inglaterra y en Francia. Así sucedió en Alemania. En nuestro país, las cosas tomaron otro giro. En Rusia, los obreros no eran solamente la fuerza de choque de la revolución. Al mismo tiempo que era la fuerza de choque de la revolución, el proletariado ruso se esforzaba por ejercer la hegemonía, la dirección política de todas las masas explotadas de la ciudad y del campo, agrupándolas a su alrededor, apartándolas de la burguesía, aislando a ésta políticamente. Al ejercer la hegemonía entre las masas explotadas, el proletariado ruso combatía para adueñarse del Poder y utilizarlo en su propio interés, contra la burguesía, contra el capitalismo. A ello, precisamente, se debe que cada acción vigorosa de la revolución en Rusia, tanto en octubre de 1905 como en febrero de 1917, sacara a escena a los Soviets de Diputados Obreros, germen del nuevo aparato de Poder llamado a aplastar a la burguesía, en oposición al parlamento burgués, viejo aparato de Poder llamado a aplastar al proletariado.
La burguesía de nuestro país intentó restaurar el parlamento burgués y acabar con los Soviets en dos ocasiones -en septiembre de 1917, en los días del Anteparlamento, antes de la toma del Poder por los bolcheviques, y en enero de 1918, cuando se convocó la Asamblea Constituyente, después de la toma del Poder por el proletariado-, pero fue derrotada en ambas ocasiones. ¿Por qué? Porque la burguesía estaba ya políticamente aislada, las grandes masas trabajadoras consideraban al proletariado jefe único de la revolución y sabían ya, por haberlos comprobado prácticamente, que los Soviets eran su propio Poder obrero y que para el proletariado sería un suicidio cambiar este Poder por el parlamento burgués. No es extraño, pues, que el parlamentarismo burgués no echara raíces en nuestro país. Por eso la revolución llevó en Rusia al Poder del proletariado.
Tales son los resultados que se obtuvieron aplicando la teoría de Lenin de la hegemonía del proletariado en la revolución.

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