Libertarios y anarquistas según Albert Libertad

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ñángara
Gran camarada
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Libertarios y anarquistas según Albert Libertad

Mensaje por ñángara el Mar Abr 26, 2011 10:12 pm

Muchos piensan que se trata de una simple disputa sobre las palabras lo que hace que algunos se declaran libertarios y otros anarquistas. Tengo una opinión completamente diferente.

Yo soy un anarquista y tengo a la etiqueta no por adorno vano de palabras, sino porque significa una filosofía, un método diferente que el de los libertarios.

El libertario, como la palabra lo indica, es un adorador de la libertad. Para él, es el principio y fin de todas las cosas. Convertir en un culto a la libertad, escribir su nombre en todas las paredes, erigir estatuas que iluminan el mundo, para hablar de ello a tiempo y a destiempo, para declararse libre del determinismo hereditario cuando sus movimientos atávicos y abarcantes te hace un esclavo. .. este es el logro de los libertarios.

El anarquista, refiriéndose simplemente a la etimología, está contra la autoridad. Eso es exacto. Él no tiene la libertad como causalidad, sino más bien el carácter definitivo de la evolución de sí. No dice, aun cuando se trate del más mínimo de sus actos: "Yo soy libre" sino "quiero ser libre". Para él, la libertad no es una entidad, una calidad, algo que uno tiene o no tiene, sino un resultado que se obtiene en la medida en que se obtiene poder.

Él no tiene la libertad como un derecho que existía antes de él, antes que los seres humanos, sino una ciencia que se adquiere, que los humanos adquieren, día tras día, para liberarse de la ignorancia, la supresión de los grilletes de la tiranía y la propiedad.

El hombre no es libre de actuar o no actuar, por su sola voluntad. Aprende a hacer o no hacer cuando ha ejercido su juicio, iluminada su ignorancia, o destruido los obstáculos que se interponen en su camino. Así que si tomamos la posición de un libertario, sin conocimientos musicales al frente de su piano,¿es libre para jugar? ¡NO! No tendrán esta libertad hasta que haya aprendido la música y a tocar el instrumento. Esto es lo que dicen los anarquistas. También la lucha contra la autoridad que le impide desarrollar sus aptitudes musicales - cuando las tiene - o el que retiene los pianos. Para tener la libertad de tocar el piano, tiene que tener el poder de saber y el poder tener un piano a su disposición. La libertad es una fuerza que hay que saber como desarrollar en el individuo, nadie puede otorgarlo.

Cuando la República toma su famoso eslogan: "Liberté, Egalité, Fraternité", ¿nos hace libres, iguales o hermanos? Ella nos dice: "Usted es libre" pero son palabras vanas ya que no tenemos el poder para ser libre. ¿Y por qué no tenemos ese poder? Principalmente porque no sabemos cómo adquirir los conocimientos adecuados. Tomamos el espejismo en vez de la realidad.

Siempre esperamos la libertad de un Estado, de un Redentor, de una Revolución, nunca trabajamos para desarrollarla dentro de cada individuo. ¿Cuál es la varita mágica que transforma la actual generación nacida de siglos de servidumbre y renuncia en una generación de seres humanos que merecen la libertad, porque son lo suficientemente fuertes como para conquistarla?

Esta transformación vendrá de la conciencia de que los hombres tendrán o no libertad de conciencia, que la libertad no está en ellos, que no tienen derecho a ser libres, que no todos nacemos libres e iguales ... y que es sin embargo imposible tener la felicidad sin libertad. El día que tengan esta conciencia no se detendrán ante nada para obtener la libertad. Esta es la razón por la lucha de los anarquistas con tanta fuerza contra la corriente libertaria que hace que uno tome la sombra en vez de la sustancia.

Para obtener esta energía, es necesario que la lucha en contra de dos corrientes que amenazan a la conquista de nuestra libertad: es necesario defenderse contra otros y contra sí mismo, contra las fuerzas externas e internas.

Para ir hacia la libertad, se hace necesario el desarrollo de nuestra individualidad. Cuando digo: ir hacia la libertad, me refiero a que cada uno de nosotros vaya hacia el desarrollo más completo de nuestro Yo. No somos por lo tanto libres de tomar cualquier camino, es necesario esforzarnos por tomar el camino correcto. No somos libres para ceder a los deseos excesivos y fuera de la ley, estamos obligados a satisfacerlas. No somos libres de ponernos en estado de ebriedad para que nuestra personalidad pierda el uso de su voluntad, lo cual nos coloca a merced de cualquier cosa, digamos más bien que soportamos la tiranía de una pasión que la miseria del lujo nos ha dado. La verdadera libertad consistiría en un acto de autoridad sobre este hábito, para liberarse de su tiranía y sus corolarios.

Yo digo, un acto de autoridad, porque no tengo la pasión de la libertad considerada a priori. Yo no soy un libertario. Si deseo adquirir la libertad, yo no la adoro. No me divierto rechazando el acto de la autoridad que me hará superar al adversario que me ataca, ni me niego el acto de autoridad que me hará atacar al adversario. Sé que todo acto de fuerza es un acto de autoridad. Me gustaría no tener que usar la fuerza, la autoridad contra otros hombres, pero yo vivo en el siglo 20 y no estoy libre de la dirección de mis movimientos para adquirir la libertad.

Por lo tanto, considero la Revolución como un acto de autoridad de unos contra otros, rebelión individual como un acto de autoridad de unos contra otros. Y por lo tanto me parecen lógicos estos medios, pero quiero determinar con exactitud la intención. Me parecen lógicos y estoy dispuesto a cooperar, si estos actos de la autoridad temporal tienen la remoción de una autoridad estable y dar más libertad como meta, me parecen ilógicas y me frustro si su objetivo no es la eliminación de una autoridad. Por estos hechos, la autoridad gana poder: ella no ha hecho otra cosa que cambiar de nombre, aun el que uno ha elegido con ocasión de su modificación.

Los libertarios hacen un dogma de la libertad; los anarquistas la hacen un fin. Los libertarios creen que el hombre nace libre y que la sociedad lo convierte en un esclavo. Los anarquistas se dan cuenta que el hombre nace en la más completa de las subordinaciones, la más grande de las servidumbres y que la civilización lo lleva al camino de la libertad.

Lo que reprochan los anarquistas es la asociación de los hombres y la sociedad -que está obstruyendo el camino después de haber guiado nuestros primeros pasos. La Sociedad ofrece hambre, la fiebre maligna, bestias feroces - evidentemente no en todos los casos, pero en general - pero ella hace presa a la humanidad de miseria, exceso de trabajo, y los gobiernos. Pone a la humanidad entre la espada y la pared. Ella hace que el niño se olvide de la autoridad de la naturaleza para ponerlo bajo la autoridad de los hombres.

El anarquista interviene. Él no pide la libertad como un bien que se ha tomado de él, sino como un bien que se le impide su adquisición. Observa la sociedad actual y declara que es un mal instrumento, una mala manera de llamar a las personas a su completo desarrollo.

El anarquista ve a la sociedad envolver a los hombres con un entramado de leyes, una red de normas, y una atmósfera de moralidad y prejuicios sin hacer nada para sacarlos de la noche de la ignorancia. Él no tiene la religión del liberal, un liberal podría decir, cada vez más que quiere la libertad para sí mismo como él quiere aire puro para sus pulmones. Decide entonces trabajar por todos los medios para destrozar los hilos de la red, los nudos de la red y se esfuerza por abrir el libre pensamiento.

El deseo del anarquista es ser capaz de ejercer sus facultades con la mayor intensidad posible. cuanto más se mejora, más experiencia él tiene, cuanto más se destruyen obstáculos, tanto intelectuales y morales como materiales, más toma un campo abierto, más se permite que su individualidad se amplíe, más se vuelve libre de evolucionar y tanto más procede a la realización de su deseo.

Pero no voy a permitir que me deje llevar y voy a volver más precisamente al tema.

El libertario que no tiene el poder para llevar a cabo una explicación, una crítica que reconoce como bien fundamentada o que no quiere discutir, dice " Yo soy libre de actuar así". El anarquista dice: "Creo que tengo razón para actuar así, pero vamos." Y si la crítica se trata de una pasión que no tiene la fuerza para liberarse de ella, añadirá: "Estoy bajo la esclavitud de este atavismo y el hábito de esto". Esta simple declaración no será gratis. Se llevará a su propia fuerza, tal vez para el individuo atacado, pero seguro que para el individuo que la hizo, y para aquellos que son menos atacados por la pasión en cuestión.

El anarquista no actúa así debido a la modestia, o el espíritu de contradicción, sino porque tiene una concepción que es completamente diferente de la de los libertarios. Él no cree en la libertad innata, sino en la libertad que se adquiere. Y porque sabe que no posee todas las libertades, tiene una mayor voluntad de adquirir el poder de la libertad.

Las palabras no tienen un poder en sí mismas. Tienen un sentido que uno debe saber bien, indicar con precisión a fin de dejarse tomar por la magia. La gran Revolución nos ha puesto en ridículo a nosotros con su lema: "Liberté, Egalité, Fraternité", los liberales nos han cantado, sobre todo, la melodía de su "laissez-faire" con el estribillo de la libertad de trabajo, los libertarios se engañan a sí mismos con la creencia en una libertad pre-establecida y hacen críticas en su honor ... Los anarquistas no quieren la palabra, sino la cosa. Ellos están en contra de la autoridad, el gobierno, el poder económico, religioso y moral, a sabiendas que mientras más se reduce la autoridad, la libertad más se incrementa.

Es una relación entre la potencia del grupo y el poder del individuo. Cuanto más el primer término de esta relación es menor, la autoridad es más reducida, la libertad es más mayor.

¿Qué quieren los anarquistas? Para llegar a un estado en el que estos dos poderes están en equilibrio, donde el individuo tiene la libertad real de movimiento sin obstaculizar la libertad de circulación de otro. El anarquista no quiere invertir la relación para que su libertad provenga de la esclavitud de los demás, porque sabe que la autoridad es mala en sí misma, tanto para el que se somete a ella como para quien la ejerza.

Para realmente conocer la libertad, hay que desarrollar al ser humano hasta que uno se asegura de que ninguna autoridad tiene la posibilidad de existir.

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